“Tanto PSOE como Podemos se equivocaron severamente”

Baltasar Garzón, que acaba de registrar como partido la plataforma que lidera junto a Gaspar Llamazares, repasa su regreso a la primera línea mediática.

Baltasar Garzón

Baltasar Garzón hace sombra a la actualidad. La plataforma que lidera junto a Gaspar Llamazares, Actúa, acaba de registrarse como partido político con la intención primera de propiciar una moción de censura contra Mariano Rajoy. En esta entrevista, publicada por Vanity Fair el pasado mes de febrero, ya avanzaba esas inquietudes, conocidas desde hace tiempo

Durante 22 años, Garzón encarnó la imagen de la noticia, subiendo y bajando las escaleras de la Audiencia Nacional como juez de instrucción. Tras cinco años de su inhabilitación, es todavía el antagonista de lujo en los grandes dramas judiciales y políticos en español.

En el juicio de la trama Gürtel, la red de corrupciónligada al Partido Popular que él fue el primero en investigar y por el que fue el primer condenado en el Tribunal Supremo (por interceptar las conversaciones entre presos y abogados); en el caso de Manos Limpias, cuyo líder está procesado por utilizar presuntamente el altavoz de las querellas judiciales para chantajear a banqueros y grandes personalidades, y que fue la organización que lo acusó ante el Supremo por investigar los crímenes del franquismo; en el final de ETA, de cuyas derivadas de baja intensidad él fue el forense más reconocible; o incluso entre los bastidores del proceso de paz en Colombia, donde se movió por encargo del presidente Juan Manuel Santos. En todos esos escenarios se proyecta su sombra.

Tras siete años sin ejercer como juez —fue suspendido 24 meses antes de la condena por prevaricación— y 1.000 páginas de memorias (En el punto de mira, Ed. Planeta), Garzón, el abogado, llega con una de sus habituales camisas rosas. El lugar de la entrevista es un palacete en Madrid de un blanco tan deslumbrante como los flashes, que soporta mal. Hasta hace un año, Garzón (Jaén, 1955) ha estado trabajando y residiendo fuera de España: de asesor del fiscal en el Tribunal de La Haya, a presidente del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos de la UNESCO, en Argentina.

“No creo que Cristina Kirchner tenga nada que ver con el asesinato del fiscal Nisman. En todo caso, es bueno que se llegue al fondo del asunto”, dice sobre la investigación abierta a la expresidenta argentina. “Siempre he agradecido a los presidentes Néstor y Cristina Kirchner el apoyo que me dieron durante el juicio por los crímenes franquistas”. Ahora, de vuelta en Madrid, sigue denunciando que en nuestro país persiste una “dulcificación del franquismo”: “Si cruzas la calle, verás que hay un callejón del General Mola”.

¿Cree que el tema del franquismo fue el detonante de los tres procesos que se abrieron contra usted?
Bueno, fueron varias circunstancias. Evidentemente, tocar el franquismo todavía hoy en España levanta ampollas. Este es el segundo país del mundo en desaparecidos, después de Camboya, pero ellos, al menos, están enjuiciando. Aquí se intentó una vez. Lo hice yo. Y salió como salió.

Su anterior libro, El Fango (Ed. Debate), trata sobre 40 años de corrupción en España. ¿Qué pensó cuando vio a la infanta Cristina sentada en el banquillo?
Me entristeció, como me apena ver a alguien en el banquillo. Eso significa que sobre una persona recae la duda de un delito y eso no es plato de gusto para nadie. Pero la ley debe ser igual para todos.

Baltasar Garzón.

Horas antes de la entrevista se conoció un informe del Consejo de Estado que responsabiliza al Ministerio de Defensa de la negligente contratación de aviones como el Yak-42, que se estrelló en Turquía y mató a 62 militares españoles que regresaban de Afganistán en 2003. Garzón, sentado en un sillón de barbero para las fotos, empieza a escribir en su móvil un artículo sobre el entonces ministro: “Federico Trillo se ha movido siempre entre las sombras, donde el desmedro se hace virtud y la traición, hábito”, leo al día siguiente en El País. Garzón tiene a Trillo por el “muñidor de todas las actividades extraprocesales del caso Gürtel” y de la “cacería” en su contra, según cuenta en sus memorias.

El 9 de febrero de 2012 el Tribunal Supremo condenó a Garzón, quien había ordenado interceptar las comunicaciones entre los presos y los abogados de la trama Gürtel, por prevaricación —dictar una resolución injusta a sabiendas—. “Fui condenado por siete jueces, pero ningún tribunal ha podido decir si esa sentencia fue justa o no, o si se basó en pruebas aceptables”, dice señalando la falta de una segunda instancia. El juicio de Gürtel se reanuda estos días, con la declaración del extesorero del PP, Luis Bárcenas. Garzón, convencido de que el caso llegará a buen término, lo está siguiendo con la “satisfacción del deber cumplido”.

¿Cree que la sentencia irá en el sentido de confirmar esa satisfacción?
Sí, bueno, nunca se puede decir cómo va a acabar un juicio penal. Yo conozco la parte que instruí. Estoy seguro de que el tribunal dictará una sentencia justa. Y el que no esté de acuerdo, pues la recurrirá.

¿Y el Supremo ratificará las condenas en caso de producirse?
Desde luego tendrán que abstenerse todos aquellos que participaron en la causa contra mí. Porque conocieron los contenidos y, por tanto, están contaminados. Espero que no se les ocurra formar parte del tribunal que vea en su día el recurso de casación. Sería sumamente escandaloso.

¿Cree usted que el PP ha asumido su responsabilidad?
No. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no ha asumido ni una sola responsabilidad; ni el PP tampoco.

El líder de Manos Limpias, Miguel Bernard, el mismo que presentó una querella contra usted por investigar los crímenes del franquismo, está hoy implicado en una trama de chantaje y extorsión junto con Luis Pineda, de Ausbanc.
Yo no admití una sola personación  de Manos Limpias ni de Ausbanc en mi juzgado. En el caso de Ausbanc me negué incluso a recibir la revista que mandaban. Jamás fui a ningún acto suyo. Creo que produjeron un gravísimo daño a la justicia. Y que la responsabilidad es compartida por quienes le dieron credibilidad en el ejercicio de la acción popular.

Garzón las escaleras de la Audiencia Nacional lo catapultaron al estrellato judicial. Los focos sirvieron para filmar desde el abordaje del narcotráfico gallego en alta mar hasta el zulo en el que Ortega Lara estuvo 532 días secuestrado por ETA, y cuya liberación dirigió personalmente una madrugada de guardia; o, en octubre de 1998, la detención en Londres del exdictador chileno Augusto Pinochet. Los telediarios descubrieron la justicia universal. “Juez estrella es una de tantas muletillas en la que te encasillan en España”, se queja. Muchos colegas, y no solo los que él llama “jueces de salón”, recelaron de esa aura que se creó a su alrededor. “Mis colegas demostrarían poco juicio si estuvieran molestos conmigo y no con quienes hacen propaganda para salir en los medios”, asegura. Luego saltó a la política con el PSOE. Tardó nueve meses en dimitir: “No guardo mal sabor de boca, ni siquiera recuerdo que tuviera sabor”, dice hoy.

¿La política es un campo minado?
No tiene por qué serlo. Se trata de un servicio público prestado desde diferentes sensibilidades e ideologías; pero no debería ser lugar de aprovechamiento ni de suciedad. Para mí la transparencia es fundamental y el desminado de la política, una obligación para todos. Yo trabajé con ahínco y en la carta de dimisión que envié a Felipe González lo dejo muy claro. No sé odiar ni guardar rencor. Quienes me conocen me recriminan mi benevolencia.

“El jarrón a su izquierda, por favor”, pide el fotógrafo. “Sí, sí, siempre a la izquierda”, responde él.

¿Y de qué izquierda se siente más cercano ahora?
Presido Convocatoria Cívica, donde tienen cabida todas las entidades progresistas. Buscamos una posición común. Si se hubiera seguido ese planteamiento, no estaría gobernando el PP. Tanto PSOE como Unidos Podemos se equivocaron severamente. Solo se buscan consensos interesados y, en el caso del PSOE, su abstención para que gobernara Mariano Rajoy es difícilmente justificable.

Los focos se apagaron sobre la espalda de Garzón el día que fue suspendido. “El 14 de mayo de 2010”, repite un par de veces. Muchos de sus colegas salieron a despedirlo, entre abrazos y aplausos, a la escalera que tantas veces había subido. Desde entonces no ha vuelto a pisarla. “No, no lo echo de menos”, dice.

Tras la inhabilitación, ¿tuvo amigos que dejaron de llamarlo?
Yo no he sufrido la crisis del silencio telefónico que a tantos aterra. Mi círculo íntimo sigue prácticamente intacto, si bien se ha hecho más fuerte.

¿Ha logrado pasar página?
No tengo tiempo para pensar en esto. Quienes tienen que reflexionar son ellos. Hay una cosa que no disculpo y es el dolor que le han producido a mi madre. Yo no sé odiar, pero no se me olvidan las cosas y procuro no ser idiota.

¿No los ha perdonado?
No, por el dolor a mi madre. Yo no tengo que perdonar, el perdón es algo íntimo.

Le pregunto por su intimidad.
No me merece el tiempo de reflexionar sobre el perdón a quienes tomaron esa decisión. Mi vida sigue. Las caídas solo sirven para levantarse y seguir luchando.

¿Qué lugar debe haber ahora para el perdón en el País Vasco tras el fin de ETA y qué exigencias deben cumplir los terroristas?
Un terrorista que pide perdón frente a las víctimas merece una credibilidad.

Garzón mira el reloj por primera vez. Como abogado, también ha sido vetado. En agosto de 2012 tuvo que dejar la misión de apoyo al proceso de paz en Colombia, porque Estados Unidos exigió su cese cuando anunció que defendería al fundador de Wikileaks, Julian Assange, por la filtración de 250.000 cables diplomáticos. “Estados Unidos representa el 60% del presupuesto de la OEA”, explica. Y añade: “Se trata de un caso de persecución política. Vivir en un espacio cerrado, sin salida al exterior, sin poder usar los espacios comunes, es peor que una prisión”.

El día que lo condenaron a 11 años de inhabilitación Garzón salió del Tribunal Supremo por la misma puerta que había entrado para examinarse como juez en 1980. “Me iba con el orgullo de haber cumplido y de haber dejado huella”, afirma en sus memorias.

En 2021 cumplirá la pena de inhabilitación. ¿Volverá a ser juez?
Yo sigo siendo juez. No de la Audiencia Nacional. Pero la categoría no la he perdido. Estoy inhabilitado para ejercer. Cuando cumpla mi condena pediré el reingreso y espero volver a ser juez.

Origen: “Tanto PSOE como Podemos se equivocaron severamente” | Vanity Fair

Sobre las opiniones vertidas por Baltazar Garzón en la entrevista estoy en desacuerdo ,sobretodo las que se refiere a Cristina Kirchner ,tampoco su asesoramiento fue gratuito.

Adri Bosch

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