En esta era pos moderna, la llegada de un Presidente como Trump a la primera democracia del mundo,- desde mi modesta opinión-, viene a poner en valor algo que ya se viene pre-diciendo: el populismo enterrará a la democracia, – no pretendo hacer crítica del personaje solo valorar la circunstancia -, así que me gustaría traeros un par de asuntos.

Democracia; más que una palabra es un concepto, y más que eso, una manera de entender las relaciones humanas en un contexto social. Abusada, profanada, violada, y degradada por quienes catalogados desde siempre como lobos con piel de oveja, que se han pasado la historia intentando medrar, confundir, prevalecer, y molestarla; esta hija de Griegos clásicos intenta hoy sobrevivir a todo, y a todos.

Desde mi condición de vagamundo, pudiera definirla en su concepto más práctico: es el gobierno de la mayoría desde el respeto a las minorías. Esta norma básica de convivencia, tiene en sí, el elemento mollar de su per-vivencia; no existe en la esfera socio-política hoy, otra forma mejor de organizarse para convivir. No hay más que mirar a Oriente y ver lo que el fanatismo, y la autocracia están haciendo doquiera que miremos. De ahí que la democracia sea revestida de formas para conservar el fondo, donde lo que subyace es la libertad individual como base de las relaciones humanas.

Pero llegó el siglo de la pos modernidad, con la mentira como bandera, la futilidad y la banalidad de los conceptos, y a menos que hagamos algo con las generaciones que nos precederán, la democracia en el futuro será vista en cines 5D. Hoy, esa pos modernidad nos ha traído a políticos que prometen sin cumplir, ideologías de chicle que se estiran hasta donde den los votos, a Parlamentos de teta afuera, y a diputados anti sistema minoritarios, decidiendo por mayorías… sin corbata y en chancletas.

Porque la democracia tiene un talón de Aquiles, como todo lo humano: la equivocación de las mayorías. Nos equivocamos con Mussolini en el 22, con Hitler en el 33, con Castro en el 59, con Allende en el 70, con Chávez en el 98…

La banalización, la falta de apego a las normas, a las formas y a los valores democráticos son la causa del auge de los populismos hoy, ayer, y siempre. El remedio de todo ello: la acción cívica.

Porque hoy hay un peligro aún mayor, un nuevo concepto nacido y entendido por la indiferencia del capital acerca de ideologías o partidos políticos-sistemas gobernantes; al encontrarnos viviendo la globalización de la desvergüenza, le ha brotado a la hidra una nueva cabeza fruto de la pos modernidad: la tiranía democrática.

Ahí están Maduro en Venezuela, Evo en Bolivia, o Daniel en Nicaragua. Tiranuelos del tres al cuarto disfrazados de demócratas ejerciendo el poder con desparpajo porque a los poderes financieros les tiene sin cuidado el sufrimiento de esos pueblos; al fin y al cabo, si fuesen liberados, seguirian haciendo negocios, y cobrando sus intereses de deuda.

Entender que la acción cívica individual es el motor de una sociedad, que la responsabilidad de sus ciudadanos y la participación en la vida democrática es fundamental, que sus acciones aparentemente silenciosas son trascendentes, es algo que debemos repetir hasta el cansancio. Porque si no, la fila que espera es larga. Pablo, Lepen, Timochenko, Diaz Canel…

Educar, educar, educar. Ojo!

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