PROPIEDADES ROBADAS POR LOS HERMANOS CASTRO

Fachada de un antiguo negocio privado confiscado

La Manzana de Gómez -el primer centro comercial cubano, perteneciente a la familia Gómez Mena hasta que el régimen castrista lo confiscó- abrirá en el 2016 como un lujoso hotel administrado por una cadena suiza.

La neolengua de los hermanos Castro

usa  los  vocablos  ‘confiscar’ ‘expropiar’  y  ‘nacionalizar’,

que significan  robar

 

Los herederos de los que fueron

robados en la década del sesenta

continúan esperando

el pago de sus propiedades

La mayoría de las

55.636 micro y pequeñas empresas confiscadas

pertenecía a una o dos personas

En este subdominio no se pretende realizar un inventario de los despojos de la propiedad privada realizados por los hermanos Castro. Por ejemplo, no se analizan las mansiones robadas a la alta burguesía cubana, las cuales están ocupadas por la cúpula castrista y sus amigos extranjeros, en barriadas donde los cubanos de a pie no pueden entrar.

Eso es típico de los países donde se establece un régimen comunista, lo cual fue denunciado por el izquierdista George Orwell en su libro Rebelión en la granja, que se muestra en esta versión cinematográfica de 1954

A continuación sólo se muestran los más grandes saqueosrealizados por los hermanos Castro:

El 13 de octubre de 1960, Fidel Castro dictó la Ley 890, mediante la cual: “Se dispone la nacionalización mediante la expropiaciónforzosa de todas las empresas industriales y comerciales, asícomo las fábricas, almacenes, depósitos y demás bienes y  derechos integrantes de las mismas”.

El 6 de junio de 1961 Fidel Castro dictó la Ley de Nacionalización de la Enseñanza que suprimió la educación privada. Todos los centros educativos cubanos con sus activos pasaron a sus manos: primaria, secundaria y universitaria. Varias escuelas religiosas pasaron a ser sede de la tenebrosa policía política.

El 3 de octubre de 1961 Fidel Castro firma la segunda Ley de reforma agraria.

En la primera mitad de la década del sesenta todos los medios de comunicación con sus activos pasaron a manos de los hermanos Castro.

La ‘ofensiva revolucionaria’ fue decretada por Fidel Castro el 13 de marzo de 1968. Mediantela ‘ofensiva revolucionaria’ los hermanos Castro se robaron 55.636 micro y pequeñas empresas, incluyendo sus equipos, herramientas, materiales, materias primas y dinero. Entre las 55.636 micro y pequeñas empresas expropiadas por los hermanos Castro están:

11.878 comercios de víveres (bodegas)

8.101 establecimientos de comida (restaurantes, friterías, cafeterías, etc.).

3.130 carnicerías.

3.198 bares.

6.653 lavanderías.

3.643 barberías.

1.188 reparadoras de calzado.

4.544 talleres de mecánica automotriz.

1.598 artesanías.

3.345 carpinterías.

La ‘ofensiva revolucionaria’ de 1968

La ofensiva revolucionaria de 1968, 44 años después

Oscar Espinosa Chepe*

27 de marzo de 2012

Cuando en Cuba se llegó a pensar en eliminar el dinero

La confiscación masiva de pequeños establecimientos, en el marco de la denominada “Ofensiva Revolucionaria”, fue anunciada por el entonces primer ministro Fidel Castro en un discurso pronunciado el 13 de marzo de 1968. Se realizó bajo la consigna de lucha contra el capitalismo y la creación de un “hombre nuevo”. Como resultado inmediato ocurrió un enorme deterioro económico y la disminución extraordinaria en la disponibilidad de alimentos y servicios.

De acuerdo con datos publicados por el periódico Granma en marzo de aquel año, se confiscaron 55.636 pequeños negocios, muchos operados por una o dos personas. Entre ellos 11.878 comercios de víveres (bodegas), 3.130 carnicerías, 3.198 bares, 8.101 establecimientos de comida (restaurantes, friterías, cafeterías, etc.), 6.653 lavanderías, 3.643 barberías, 1.188 reparadoras de calzado, 4.544 talleres de mecánica automotriz, 1.598 artesanías y 3.345 carpinterías.

Esa apropiación masiva de propiedades de pequeños comerciantes y productores estuvo incluso en contradicción con las tesis de que la construcción del socialismo se basaba en la nacionalización de los medios fundamentales de producción, por lo cual hasta muchos especialistas y profesores del Este de Europa presentes en Cuba no comprendían cómo quitar las tijeras a un barbero o la chaveta a un zapatero, podría ayudar a la pretendida construcción del socialismo.

La Ofensiva Revolucionaria de 1968 fue la culminación de un proceso de excesos económicos, irracionalidad y aventurerismo político, empezado mucho antes. Puede afirmarse que en el período 1959-1963 se realizaron las grandes confiscaciones y fueron establecidas las bases de la planificación centralizada al estilo soviético. Pronto surgieron dificultades económicas por la rigidez del sistema, lo que en 1962 llevó a tomar medidas severas como la implantación de un férreo sistema de racionamiento de alimentos y todos los demás productos básicos. Además eso ocasionó que entre 1964-1966 se generaran debates en el seno del Gobierno sobre la necesidad de ajustes en la economía y el grado de decisión que debían tener las empresas, aunque todos los criterios coincidían en preservar el supuesto socialismo, la propiedad estatal sobre los medios de producción y la planificación centralizada.

Surgieron fundamentalmente dos concepciones: una en favor de la autogestión socialista al estilo soviético, auspiciada por el Dr. Carlos Rafael Rodríguez, un intelectual de prestigio, antiguo dirigente del Partido Socialista Popular, con ideas ligeramente influidas por las corrientes renovadoras que por entonces, con timidez, comenzaban a aflorar en el este de Europa, especialmente en Polonia, Checoslovaquia y Hungría, y en menor medida en la URSS. Este modelo se caracterizaba por cierta descentralización en el marco del plan, concedía a la ganancia un papel importante en la gestión de las empresas, con facultades para que estas crearan fondos propios para el financiamiento de la reposición de medios productivos, otorgamientos de premios por sobrecumplimientos y otros, siempre después de haber cumplido los compromisos con el Estado. Paralelamente, en teoría, se enfatizaba en la utilización de herramientas económicas e instrumentos financieros, como el crédito bancario, políticas fiscales, y elementos adicionales tomados de la economía de mercado, todos con un funcionamiento limitado en la práctica, debido a la camisa de fuerza de la planificación, la falta de aseguramiento de recursos para producir, y una inmensa carga directiva que hacían imposible la toma de decisiones ágiles a nivel de empresa. El modelo de autogestión mantenía la utilización de mecanismos políticos y llamados de tipo moral para incentivar a los trabajadores, pero sin desestimar la motivación material para promover la eficiencia y la productividad laboral.

La otra concepción se denominaba sistema presupuestario, aunque también algunas personas la llamaban propuesta “guevarista”, pues su creador y apasionado defensor era el comandante Ernesto “Che” Guevara, ministro de Industrias entonces. Su modelo concebía una mayor centralización económica, con la aspiración de convertir el Estado en una gigantesca empresa, controladora en un alto grado de minuciosidad de la gestión económica nacional a todos los niveles. Para ello, sin soslayar métodos de dirección modernos, copiados de empresas transnacionales capitalistas, privilegiaba los resortes políticos con el propósito de crear el ciudadano comunista, el hombre nuevo, un ser pletórico de virtudes, siempre dispuesto a sacrificios, en aras de la construcción del socialismo y posteriormente del comunismo.

Para “fortalecer” la conciencia de los trabajadores, la utopía “guevarista” —actualmente olvidada en Cuba— a la vez que negaba la existencia de categorías económicas objetivas, como el mercado, priorizaba superlativamente los estímulos morales en detrimento de los materiales: pago por sobrecumplimiento de normas, premios y otros. No obstante, debe subrayarse que los excesos económicos cometidos posteriormente a la salida del comandante Guevara hacia su actividad guerrillera en África y Bolivia, donde murió en 1967, aunque pudieron tener determinadas influencias, resulta improbable que el Che las hubiera aprobado por el absurdo radicalismo a que llegaron.

A partir de 1966 se comenzó a priorizar de forma extrema los objetivos políticos por encima de las realidades económicas. Hubo un proceso de lucha contra las influencias capitalistas en toda la sociedad cubana, desde la economía hasta la cultura. Esto abarcó críticas a los países socialistas europeos por “dejarse permear por el capitalismo”. Ocurrió un cambio radical en la gestión económica, llegándose a eliminar las relaciones mercantiles entre las empresas, y mediante la campana de “lucha contra el burocratismo” se desmantelaron los controles económicos, destruyéndose sin sentido alguno las ricas tradiciones en técnicas contables y de gestión administrativa, acumuladas por generaciones antes de 1959. Se cerraron muchas unidades bancarias y se eliminó el pago de los intereses hasta de las cuentas de ahorro, calificados como “reminiscencias del pasado”. El trabajo voluntario se priorizó de manera que masivamente la población fue obligada a marchar a los campos a realizar labores agrícolas, en planes como “El Cordón de La Habana” para sembrar café, mientras en las fábricas que quedaron funcionando se implantaron los “horarios de conciencia” de más de 8 horas y las “jornadas guerrilleras” de varios días consecutivos, en la mayoría de los casos desorganizadas e improductivas. Quienes dentro del Gobierno señalaron sus preocupaciones sobre la falta de sensatez de las medidas tomadas fueron acusados de desviación ideológica, y en algunos casos, como el autor de este artículo, enviados a realizar trabajo forzado en cuevas y en la agricultura.

Asimismo, entre 1966-1970 el plan de la economía se sustituyó por planes sectoriales, modificados constantemente. En el “fragor revolucionario” se suprimieron las fiestas de Navidad, aduciéndose que constituían un obstáculo a las labores de la zafra azucarera, y se transfirieron al 26 de julio para conmemorar el ataque por Fidel Castro al Cuartel Mondada en 1953. Hasta se pensó en eliminar el dinero y sustituirlo por un mecanismo de distribución igualitaria, lo cual afortunadamente no se ejecutó. Este proceso tuvo su momento cumbre en la Ofensiva Revolucionaria de 1968, como señalamos anteriormente, que convirtió el Estado prácticamente en el único propietario en Cuba, con la exclusión de pequeñas cantidades de tierra en manos privadas, aunque bajo un fuerte control gubernamental. En gran parte la proyección de la desastrosa zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar tuvo como génesis esas irracionales concepciones voluntaristas, y con su total fracaso terminó esa superdestructiva etapa de nuestra historia, que Fidel Castro reconoció públicamente como los errores “idealistas” cometidos, y se regresó a los cánones de gestión económica de los países de Europa Oriental, fundamentalmente la URSS.

Aquellos colosales horrores todavía afectan la economía y la sociedad cubana en su conjunto. La llamada actualización del modelo económico no es más que una tímida reversión de la arbitraria apropiación estatal de todo el tejido productivo y de servicios nacional. Un fenómeno propulsado por insaciables deseos de poder absoluto y concepciones aventureras que han llevado el país al desastre. Lamentablemente la nueva etapa rectificadora, encabezada por el general Raúl Castro, está todavía lastrada por muchos de los dogmas y fantasmas del pasado, y por consecuencia las verdaderas soluciones urgentemente necesarias continúan sin vislumbrarse, mientras los grandes retos siguen incrementándose.

  • El autor es un economista marxista cubano prisionero del Grupo de los 75, fallecido el 23 de septiembre de 2013

Origen: Propiedades robadas