Casi nadie se acuerda. Las aberraciones que lo siguieron fueron tan monstruosas que taparon aquel recuerdo con hectolitros de sangre y toneladas de balas. Pero la decadencia final de este país empezó en 1966. Aquel año, la alianza entre los sindicalistas del Partido Populista y los dictadores del Partido Militar derrocó a Arturo Illia para poner en su lugar al general Juan Carlos Onganía. La foto de su asunción, con El Lobo Vandor y la CGT en primera fila y las declaraciones de apoyo de Perón desde Madrid («Simpatizo con el movimiento militar porque el nuevo gobierno puso coto a una situación catastrófica. Hubiera apoyado a todo hombre que pusiera fin a la corrupción del Gobierno de Illia») son testimonios imborrables de la responsabilidad de los dos aparatos políticos que desde 1930 conducían al país al abismo, y cuya disputa por el poder bañaría en sangre a la Argentina de allí en más.

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Origen: Los golpes que supimos conseguir