Vivimos en los estertores del régimen… No son aún los estertores de la muerte, pero tampoco son ya los estertores secos de estos años, sino los estertores húmedos… qué agonía nos espera hasta que llegue la luz, si es que llega.

Por

Cristóbal Cobo

Cuán deprisa se tornan las suertes, cómo mutan los tiempos de repente y se nos escapan de las manos nuestros actos y se nos vienen encima las consecuencias…

Quien era por la mañana un presidente de Gobierno, por la tarde, cuando supo que la moción estaba perdida, se dedicó a atizarse güisquis caros en el sótano de una taberna, a hispanísima manera. Al día siguiente, sus señorías peperas recibían en pie al resacoso, con ovación unánime. Sólo faltaron los gritos de ¡to-re-ro, to-re-ro!

Mariano Rajoy, prisionero de la abulia, del miedo y la soberbia, ni dimitió ni se despidió ni se explicó ni se movió. Como una vela en un rincón a la que pudiera apagar el más leve soplo de viento, aceptó su destino en un discurso de dos minutos, votó y se largó. Sonaba a lo lejos una música de gaitas desafinadas (o tal vez eran maullidos) y, tras los cristales, llovía.

El contrincante, el señor Pedro Sánchez, carente de virtud y hasta de escaño, pero teniendo como mérito propio la audacia, y como aliados el oportunismo, la ambición, el cálculo, la traición y la imprudencia, era entronado presidente de todas las españolas, los españoles y las gentes de las demás naciones del lugar, fueran éstas las que fueran, que eso ya se decidirá más adelante.

La jefa de banqueros del Reino, renacida feminista en lo que ya se conoce como “el milagro del 8 de marzo”, celebraba esa misma tarde la gran madurez de nuestra democracia, y el Rey estampaba su firma en el constitucional nombramiento. Nihil obstat.

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Origen: Un sainete esperpéntico en los estertores del Régimen – Disidentia