Ante la valentía de los disidentes, no debemos quedarnos callados. El silencio no es sólo una extensión de la cobardía. Es también un crimen.

Luego de que en 1985 Armando Valladares publicara sus memorias del presidio político en Cuba, ya nadie, o al menos nadie con sensatez y vergüenza, ha podido negar la existencia de presos políticos en CubaContra toda esperanza, un best seller traducido a diversas lenguas en todo el mundo, dio a conocer los horrores del castrismo y sus métodos para imponer, a golpe de represión y adoctrinamiento, un sistema totalitario. Su impactante testimonio fue asentado como prueba ello en Naciones Unidas, donde el ex prisionero de conciencia ofició como embajador de Estados Unidos.

Un país con presos políticos no es una democracia. Pero la insensatez y la desvergüenza nunca han dejado de hacer su sucio trabajo en las instituciones internacionales, ya sea evadiendo, haciendo silencio o incluso intentando negar que en Cuba impera la más larga dictadura de la región. Un sistema donde los opositores son condenados antes de ser llevados a juicios -sin garantías y muchas veces sumarios- por cargos fabricados para enmascarar el verdadero objetivo: castigar severamente a los disidentes y mantener el miedo como política de Estado.

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Origen: El silencio es también un crimen – Disidentia