Saluden a la cámara.

Julián Etienne

Fotografía: EPA/SRDJAN SUK

Abundan las diatribas contra el turismo de masas. Para cada anuncio exultando un pueblo mágico, una playa prístina o un hito de la arquitectura, existe otro lamento sobre la pérdida de autenticidad, el daño ecológico o el deterioro del patrimonio cultural del destino en cuestión. Las justas deportivas de magnitud global intervienen en ese fenómeno de una manera ambivalente: ante los beneficios de las inversiones en infraestructura y el consumo de los visitantes, se ocasionan otros tantos perjuicios. Quizá algunos aficionados trotamundos simpaticen por remordimiento con su contraparte nacional y sedentaria. Durante la Copa Mundial de Fútbol en Brasil, por ejemplo, la gran mayoría de la población quedó excluida de los partidos por sus altos precios y ahora debe cargar con el alza en los boletos de temporada regular de los torneos locales debido al costo de modernizar los estadios. Existen, además, otros efectos más difíciles de ponderar. Nadie razonablemente pondrá en duda la necesidad de proteger la seguridad de los cientos de miles de asistentes al Mundial de Rusia 2018. Sin embargo, la vigilancia distribuida mediante tecnologías de la información, una de las señas que distingue al Mundial en curso, genera suspicacias sobre sus usos perniciosos. Los fans sirven de coartada y campo de entrenamiento para la vigilancia de Putin.

Fotografía: Kremlin.ru via Wikimedia Commons
El Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad del FBI recomendó a los estadounidenses que viajan a Rusia, o bien no llevar sus dispositivos electrónicos, o bien utilizar dispositivos descartables a los que puedan removerles la batería cuando no los usen.
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Origen: Así los está vigilando Putin, amigxs.