El ejemplo debe ser José Martí, no el Che

Vidal Mario

“El Che Guevara se ha convertido en un ícono y ejemplo para millones de personas”, dijo en Resistencia el embajador cubano en Argentina, Orestes Pérez y Pérez. Lo hizo en un acto realizado en la capital chaqueña, donde el intendente Capitanich restituyó un monolito que recuerda al sanguinario aventurero argentino. A dicho monolito se le incorporó una plaqueta del Poder Legislativo provincial con esta inscripción: “En el marco del 90° natalicio del guerrillero heroico comandante Ernesto “Che” Guevara. Lidia Elida Cuesta, Presidenta”.

Durante el acto inaugural otro que aseguró que el Che es todo un ejemplo fue el intendente, quien además recordó que Perón lo consideraba un soldado peronista. ¿Qué lleva a algunos a idealizar a un barbudo guerrillero argentino que como médico no curó a nadie en su patria y, por el contrario,  mató a muchos en Cuba?

Había grandes necesidades y muchas enfermedades que curar en su país natal. El Che prefirió dedicar su vida a repartir plomo por Guatemala, México, Cuba, el Congo, Angola y Bolivia, donde fue abatido el 8 de octubre de 1967.

Frente a esas afirmaciones del embajador cubano y de Capitanich uno se pregunta: ¿Ejemplo de qué es el Che Guevara, “El carnicero de La Cabaña”?

Una máquina de matar

En carta que el 15 de julio de 1956 mandó desde México a su madre, el Che confesó: “Soy lo contrario de Cristo. Por las cosas en que creo lucho con todas las armas a mi alcance y trato de dejar tendido al otro en vez de dejarme clavar en una cruz”.

El 14 de diciembre de 1964, reivindicó la importancia del odio al servicio de la guerra: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Así tienen que ser nuestros soldados. Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo”.

Está también el testimonio de Javier Arzuaga, ex capellán del complejo militar de La Cabaña. Contra los paredones de esta antigua fortaleza colonial, el Che fusiló a centenares de personas: “El Che nunca ocultó su crueldad, por el contrario, entre más se le pedía compasión más cruel se mostraba. La revolución le exigía que hubiera muertos y él mataba. Ella le pedía que mintiera y él mentía. Cuando las familias iban a visitar a sus parientes, en el colmo de su sadismo él llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca”, testimonió el sacerdote.

“Seguiremos fusilando”

Desde el 3 de enero de 1959 hasta el 26 de noviembre de ese mismo año en La Cabaña se fusiló gente de lunes a viernes, siempre en horas de la madrugada. Por estas ejecuciones el argentino se ganó el apodo de “El carnicero de la Cabaña”.

Un día enseñó a uno de sus colaboradores, llamado Duke Estrada, la manera de obtener resultados más satisfactorios a la hora de interrogar prisioneros: “Hay que trabajar de noche porque de noche el hombre ofrece menos resistencia que de día. En la calma nocturna la resistencia moral se debilita. Haz los interrogatorios de noche. No hace falta hacer muchas averiguaciones para fusilar a uno. Lo que hay que saber es si es necesario fusilarlo, y nada más”. Estas escalofriantes palabras figuran en el libro Yo soy el Che, de Luis Ortega.

El argentino, al que el poeta disidente cubano Cástulo Gregorisch bautizó “el aborto de las pampas”, estaba convencido que esos fusilamientos valían la pena. “Sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario, porque nuestra lucha es a muerte”, dijo.

Por el Canal 26 de Televisión, en febrero de 1959 admitió públicamente que en La Cabaña todos los fusilamientos se hacían por expresas órdenes suyas. Un miembro del Movimiento 26 de Julio y colaborador suyo en La Cabaña, llamado Napoleón Bilaboa, relató de qué manera el Che mató al ex director del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC) del régimen de Batista. Contó que él condujo al prisionero a una de sus oficinas. “Mientras daba vueltas alrededor de su mesa y de la silla donde estaba el militar, el Che sacó su pistola 45 y lo mató allí mismo de dos balazos en la cabeza”, reveló.

En su libro Compañero: Vida y muerte del Che Guevara, el escritor Jorge Castañeda admitió que todos los fusilamientos “se llevaban a cabo sin el respeto del buen hacer de la justicia”.

La crisis de los misiles

En octubre de 1962, el Che apoyó la instalación de misiles nucleares en Cuba, emplazamientos ordenados por quien a cambio de dinero era el nuevo amo de la isla: Nikita Kruschev. Fueron dos tensas semanas que pasaron a la historia con el nombre de “crisis de los misiles” y que pusieron a la humanidad al borde de una guerra nuclear.

Durante esos días que aterrorizaron al mundo, el Che proclamó lo siguiente: “El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable. Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre y debe continuar la ruta de la liberación, aunque ello sea a costa de millones de víctimas atómicas”.

Después se enojó con el líder soviético por ceder ante el ultimátum de Kennedy y retirar los misiles. Pero elogió la decisión que había tomado Castro de permitir el emplazamiento de unas cuarenta ojivas nucleares en la isla. “Lo suyo fue el ejemplo escalofriante de un pueblo dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas”, escribió.

“Yo solo quiero ser niño”

Cinco años después, el Che desembarcó en Bolivia con la misión de crear “dos, tres Vietnam” en América. Tenía la esperanza de que “otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra”, según lo dijo en abril de 1967.

Pero siete meses después fue capturado y fusilado a balazos, como él había fusilado a muchos. Quienes rechazan el odio y la violencia también repudian la clase de homenajes como el que la Municipalidad de Resistencia le tributó hace unos días.

Y se acuerdan de lo que dijo en un poema el exiliado poeta cubano Cástulo Gregorisch: “No quiero ser como el Che ni que me asocien con ese vil asesino, mal ejemplo de argentino. No quiero ser como el Che sino como Martí, ejemplo de patriotismo”.

El autor es historiador. Autor de dos libros sobre la Guerra de la Triple Alianza.

Origen: El ejemplo debe ser José Martí, no el Che

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3 comentarios en “El ejemplo debe ser José Martí, no el Che

  1. Lástima que la imagen de muchos argentinos se vean mancilladas por ese ser tan deleznable como lo fue el Che. La gente tiende a generalizar y estoy seguro que la mayoría de los argentinos no tolerarían esa comparación.

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  2. Miserable personaje que muchos idiotas idolatran y hasta llevan en la camisa su inmunda cara. Fue otro personaje que homenajeo el titiretero fascista JDPeron

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