La exhumación de los restos mortales de Franco es el mayor de los fuegos artificiales con los que Pedro Sánchez está celebrando su llegada al poder.

Por

José Carlos Rodríguez

El Gobierno ha aprobado el decreto ley que le habilitará para llevar a cabo la exhumación de los restos mortales de Francisco Franco. Es el mayor de los fuegos artificiales con los que Pedro Sánchez está celebrando su llegada al poder. Es una decisión de carácter simbólico, se dice. Hay un terreno intermedio entre el cómputo de parados de Mariano Rajoy y la simbología necrófila de Pedro Sánchez que se llama política. Al primero no le interesó nunca. Y el segundo también parece sentirse cómodo con el consejo de Franco de no meterse en política.

Quizá sean las limitaciones que le impone al presidente el cómputo, éste estrictamente político, de sus apoyos parlamentarios. La política, en una democracia embridada por el Estado de derecho, tiene sus procedimientos. Éstos limitan la bestia del poder, y le otorgan un carácter predecible y estable. Y hacen más difícil que las decisiones sean impopulares. Y así es como tiene que gobernar Sánchez la nave socialista: por un cauce constreñido por las instituciones, y con un poder sobre el timón, el que le dan sus 84 diputados, muy limitado.

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Origen: Hacia la concentración del poder – Disidentia