La ceguera del totalitario consiste en su incapacidad para reconocer que no todas las desigualdades son injustas.

Por

J.L. González Quirós

En las sociedades que se sienten, y están, razonablemente organizadas, lo que se conoce como sociedades abiertas, los individuos suelen aceptar de buen grado la situación relativa en que se encuentran. Saben que, aunque su situación no se deba por entero a sus méritos y esfuerzo, pueden optar por adaptarse a lo que hay y tratar de ser felices, pero también intentar algo, mejorar, cambiar, tratar de ser distintos.

En la medida en que hemos evolucionado hacia sociedades muy competitivas, es evidente que siempre encontraremos un número más alto del deseable de personas inadaptadas y descontentas con su destino, y que esa situación no siempre se habrá debido a factores que esas personas hubieran podido sortear. Para esos casos, sin duda, hay que prever soluciones que racionalicen la solidaridad y que garanticen un nivel suficiente de recursos de subsistencia y decoro.

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Origen: La ceguera del totalitario – Disidentia