Hugo J. Byrne-La mejor defensa del juez Kavanaugh

“Hay que poner de moda la virtud”

                                         José Martí

Por supuesto, no solamente la mejor defensa: también la única. En toda situación ilegal, política y sin precedentes, como la que ha permitido el Comité Jurídico del Senado en el supuesto “caso” contra el Juez Brett Kavanaugh, la obvia defensa es aplicar la ley. De acuerdo a la ley, no solamente Kavanaugh está siendo acusado falsamente, sino que sus acusadores y sus pretensos jueces (de ambos partidos), están cometiendo el delito de prevaricación. En esto la responsabilidad criminal incluye tanto al Presidente del Comité, Senador Charles Grassley, como al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Quizás no por acción, pero indiscutiblemente por omisión.

Permitiendo semejante violación del más fundamental de todos nuestros derechos, que es la presunción de inocencia, tanto el Comité del Senado como el Presidente, violan la ley. Para que esta extensión del proceso de confirmación fuera legal, la Doctora Ford tendría que haber acusado formalmente a Kavanaugh ante una Corte de la ley. Hasta la hora presente y por su propia admisión, a pesar de que el supuesto intento de violación ocurriera hace más de tres décadas, nunca lo ha hecho.

La secuencia de eventos negando al Juez Kavanaugh nuestro más elemental derecho civil es así: hace más de dos meses la Senadora Feinstein de California recibe de Ford una carta en la que esta acusa a Kavanaugh de atacarla sexualmente, cuando ambos asistían al mismo High School. En esa época Kavanaugh tenía diez y siete años de edad y Ford quince. Feinstein se mantuvo en posesión secreta de la susodicha carta hasta que el Comité Jurídico Senatorial terminara su interrogatorio. Justamente la semana anterior al voto de confirmación, Feinstein entrega la carta al Comité senatorial, con bombos y platillos.

California ha sufrido por décadas a Diane Feinstein. Ha sido reelecta como senadora repetidas veces y ella parece ser el vivo ejemplo del adagio que reza “cada sociedad tiene el gobierno que merece”. Es cuestión evidente de ausencia de carácter. Aquí va un ejemplo de lo que afirmo.

Durante los años ochenta se trató de desarmar a la ciudadanía obediente de la ley en California, en violación flagrante de la Segunda Enmienda. En esa ocasión le envié a la Senadora Feinstein, partidaria de ese estatuto ilegal, una carta muy cortés en la que le preguntaba si ella usaba o no la protección de guarda espaldas armados. Le agregaba que mi anciana madre (QEPD), entonces residiendo solita en Los Ángeles, no podía sufragar semejante protección y su única defensa era una pistola que yo le había dado y que aprendió a utilizar con sorprendente eficiencia. Feinstein me envió en respuesta una “circular” repleta de banalidades, sin relación alguna a mi pregunta. Por supuesto ella usaba y usa protección profesional armada. Lo sabía, pero deseaba tener evidencia de su falta carácter.

Un denominador común entre estos llamados “liberales” es la más refinada hipocresía. Otro es su habilidad de enriquecerse en el poder. Feinstein está muy lejos de ser excepción de esa regla. La gran mayoría de los congresistas y senadores de ambos partidos son personas muy acaudaladas y algunos de ellos, como el congresista republicano en vías de retiro Darrell Isa, hicieron su fortuna antes de dedicarse a la política.

Sin embargo la absoluta mayoría de los ricachones “liberales” del Congreso y el Senado de los Estados Unidos de ambos partidos, se enriquecieron a través de sus respectivas “carreras” políticas. Feinstein amasó su inmenso capital durante su vitalicio paso por el poder. La corrupción que eso entraña es el mejor de los argumentos en favor de los límites de servicio para todos los legisladores.

Diane Feinstein ha vivido del erario público desde muy joven y es obvio que no se adquieren $70 millones (“net worth”) ahorrando del salario recibido como funcionario federal, estatal o local. Ella ha ocupado las tres posiciones. Para quienes entienden lo obvio no es necesario apropiarse directamente de fondos públicos para enriquecerse a costa de los intereses de la sociedad. Basta con las influencias del poder, la hipocresía y la calumnia.

Por la presente demando la inmediata confirmación del Juez Brett Kavanaugh a la Corte Suprema. Lo demando en nombre de la decencia y de la dignidad de esta nación. Decencia y dignidad que he defendido toda mi vida.

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