Podrán gustarnos más o menos, pero las redes sociales no son la causa de la aparente enajenación que invade a Occidente.

Por

Javier Benegas

Hasta hace poco, las redes sociales eran consideradas como el símbolo de la expansión de la democracia a través de la tecnología. Su capacidad de propagar las ideas incluso en lugares donde imperaba una fuerte censura, ayudó a que fueran percibidas como los nuevos grandes campeones de la libertad.

Allí donde la opresión y las dictaduras habían mantenido un férreo control sobre la información, estas nuevas herramientas de “microblogging” burlaban todas las restricciones. Incluso, cuando los gobiernos totalitarios cerraban el acceso a la Red, los activistas cruzaban las fronteras con ellas, usando servidores y redes de comunicaciones de los países limítrofes que penetraban, invisibles, en territorio “enemigo”.

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Origen: Disidentia