Cada vez más gobiernos y partidos políticos están cuestionando el dogma de la inevitabilidad y bondad de la inmigración masiva.

Por

Francisco José Contreras

Que la ONU haya impulsado un Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular no sorprenderá a muchos. La gran novedad es que un número creciente de países estén anunciando que no firmarán el acuerdo: rompió el fuego EE.UU., y han seguido Israel, Australia, Bulgaria, Austria… además del grupo de Visegrado en su totalidad (Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia).

Las ideas-fuerza del Pacto vienen a ser la inevitabilidad de las migraciones, su carácter benéfico y el reconocimiento implícito de un auténtico derecho a la migración. El recurso mismo a la expresión “migración” (sin especificar ya si es in- o e-) denota una voluntad de naturalizar el fenómeno, equiparándolo a las migraciones de las aves, y escamoteando su unidireccionalidad (del Tercer Mundo al Primero: no conozco a muchos suecos que luchen por establecerse en Pakistán): “La migración es un rasgo definitorio de nuestro mundo globalizado, conectando a las sociedades dentro de y entre las regiones, convirtiéndonos a todos en países de origen, de tránsito y de destino”. Levantar fronteras frente a las migraciones sería tan absurdo como intentar detener el vuelo de las cigüeñas.

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Origen: Disidentia