Por

Carlos Barrio

Con la abdicación de Juan Carlos I se abrió un periodo de abierto cuestionamiento de la monárquía en España que sigue sin resolverse.

“La realeza es un crimen contra el que todo hombre tiene el derecho a alzarse y armarse. Todo rey es un rebelde y un usurpador…. Nadie puede reinar inocentemente”. Esta frase, pronunciada por el jacobino Louis de Saint Just el 14 de noviembre de 1792 durante el proceso contra el rey francés Luis XVI, sintetiza una corriente de opinión prevalente entre buena parte de la izquierda clásica y que enfatiza el carácter antagónico de la institución monárquica y la democracia.

Frente a Hegel que defendía la institución monárquica alegando que esta suponía una especie de personificación hipostasiada de la comunidad nacional, Marx, por el contrario, enfatizaba en su Crítica a la filosofía del derecho de Hegel que la monarquía no dejaba de ser una forma de dominación política que obtiene su legitimidad de algo totalmente irracional como es el mero hecho biológico de la pertenencia a una estirpe. En concreto decía Marx lo siguiente: “El nacimiento es un título despreciable que pertenece al orden zoológico, en este coincide el rey con el caballo; ambos son lo que son por su nacimiento y sangre”.

En la historia del pensamiento político se han intentado multitud de definiciones relativas a la esencia de la institución monárquica. En general todas ellas yerran porque no tienen en cuenta que la institución monárquica ha experimentado una evolución histórica desde una posición institucional, donde el monarca acaparaba todo el poder político, hasta las monarquías parlamentarias actuales, donde el monarca asume un papel residual, como mero órgano constitucional que realiza funciones arbitrales y moderadoras del funcionamiento de las instituciones políticas, sin peso político real.

Sigue…

Origen:  Disidentia