Los medios de comunicación se identifican a sí mismos con la democracia, y la utilizan para protegerse de las redes sociales.

Por

José Carlos Rodríguez

El incidente entre un nativo americano y un grupo de jóvenes que está a punto de volver a su casa en autobús es un ejemplo, uno más, de cómo los medios de comunicación de referencia (CNN, The Washington Post, The New York Times…) son capaces de transmitir una idea deformada de la realidad si coincide con su visión del mundo. Un evento que encaja con los mensajes que quieren transmitir les nubla su probidad profesional, les hace dimitir de su trabajo, que es comprobar si esa historia es cierta o no, y se convierten en plataformas que multiplican una mentira. Frente a ellos, las redes sociales, con su miríada de aportaciones de todo tipo, con su carácter abigarrado e igualitario, tardan pocas horas en mostrar que ese relato periodístico (la palabra “relato” viene muy a cuento), es falso.

Si los medios de comunicación no hacen su trabajo, las redes lo hacen por ellos. Este debería ser el lema de toda empresa de comunicación, aunque en primera persona. En lugar de tomar nota de que con las redes sociales las mentiras tardan horas o minutos en quedar al descubierto, en vez de asumirlo como un acicate para redoblar los esfuerzos por contar lo que ocurre, la reacción de no pocos medios ha sido la de señalar a las redes sociales. Ellas no son una amenaza a la mentira periodística; son, dicen, una amenaza para la propia democracia.

No es un mensaje ni dos, sino varios. Uno de ellos se publicó en The Week a cuento precisamente de cómo las redes dejaron en evidencia a los grandes medios sobre los jóvenes que llevaban gorras con el acrónimo MAGA (Make America Great Again), de apoyo a Donald Trump. The Prospect, OpenDemocracy, Business Insider, Vox… la acusación se repite de medio en medio, y con mayor o menor complejidad llega a las mismas conclusiones.

Sigue…

Origen: Disidentia