El 8 de marzo no voy a la huelga. Porque no quiero que hablen en mi nombre, porque ellas, las que se creen poseedoras de la verdad, no me representan.

María Isabel Moreno

Una feminista participa en una protesta callejera. /EFE

La profesora nos preguntó en clase si íbamos a ir a la huelga del 8 de marzo, no se conformó con una respuesta general, quería escuchar la de cada una. Cuando llegó mi turno dije tranquilamente “¡Uy, no!” sonreí, sin darle más importancia saqué mi libro, los deberes, el lápiz y mi botella de agua. Mientras lo hacía, las demás me miraban en un silencio incómodo esperando a que diera explicaciones. No lo hice. Una de ellas rompió el silencio, hablando de su experiencia el año pasado, el Me too, etc.

Posiblemente ellas esperaban que justificaran mi falta a la gran huelga por del Día de la Mujer que combate sin tregua ni piedad al clero, el heteropatriarcado, el capitalismo, el racismo, el orden colonizador, al depredador del medio ambiente, la no corresponsabilidad ni de los hombres ni del Estado en los trabajos de cuidados, que se declaran antimilitaristascontrarias a la ley de de extranjería, que defienden la soberanía alimentaria y la laicidad y que además, defienden el aborto como un supuesto derecho. Y encima, éstas que se autoproclaman poseedoras de la verdad, aseguran tener una propuesta de nuevo sentido común.

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