“El suicidio de Alan García no lo libra del juicio de la historia”.

“Más allá de las emociones propiciadas con la muerte de García, el país entiende que por encima de una persona está el interés colectivo”. (Foto: César Campos / GEC).

Un país solo se suicida si abandona su búsqueda de la equidad y la justicia, y todo indica que el Perú de hoy está muy lejos de eso. El suicidio de Alan García lo libra de seguir compareciendo ante la justicia por el Caso Lava Jato, pero no del juicio de la historia, que evaluará en su momento sus actos de gobierno y su legado. Personaje cargado de claroscuros que explican las pasiones y odios que suscitó (así como los aplausos y lealtades que hoy acompañan sus exequias), García llegó dos veces a la presidencia de la República marcando su impronta en 40 años de vida política peruana. Más allá del dramatismo intempestivo de su partida, toca preguntarnos cuánto cambiará la política en los próximos meses a partir de este hecho.

La narrativa que hoy construyen sus seguidores alrededor del “sacrificio” de García unirá a un sector político contra el Gobierno, a quien responsabilizan por alentar –cuando no promover– la dureza con la que actúa el equipo especial de fiscales. Si apristas y fujimoristas ya eran compañeros de ruta acusando al Ejecutivo de atacarlos para ganar puntos en las encuestas, ahora se reforzarán los reclamos. Martín Vizcarra y sus voceros deben evitar caer en este juego. La vacancia presidencial no está en la mira, pero sí continuar minando su respaldo popular, clave para un mandatario que carece de suficiente apoyo en el Congreso.

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Origen:  elcomercio.pe