Barack Obama creó un auténtico panopticón, un aparato de espionaje que alcanzaba de forma masiva a la población estadounidense.

Por

José Carlos Rodríguez

Está el mundo pendiente se los flecos del informe del Investigador Robert Mueller para dar con el motivo para acabar con la impensable carrera política de Donald Trump. Sobre todo quienes, como pronto veremos, tienen en su mano la posibilidad de iniciar un procedimiento de recusación (impeachment) contra el sucesor de Obama. Eso lo tiene que hacer la Cámara de Representantes, que tras las últimas elecciones (las de mitad de mandato de noviembre de 2018), tiene una mayoría demócrata. Es improbable que el procedimiento vaya más allá, porque tendría que superar la votación de dos tercios del Senado.

Esa mayoría cualificada para declarar a Donald Trump inapropiado para seguir con la primera magistratura del país no se va a dar. Y no porque haya una exigua mayoría republicana, sino porque el propio informe no le acusa de ningún delito, y lo más que se le podría achacar es obstrucción a la justicia.

De modo que nos entretenemos con la recusación, alimento de analistas, esperanza de incautos, escaparate de políticos, y gloria del sistema político estadounidense. Pero Donald Trump es sólo el número 45 de una lista de presidentes que incluye, lo hemos dicho ya, a San Barack Obama. Pues, ¿no es el Nobel de la Paz un título de santidad laica? Como el comité del Nobel no lleva dos milenios en el negocio, podemos entender que en ocasiones se equivoque gravemente. Y no lo digo por Obama, sino por concederle esta gracia a personas humanas terroristas.

Quien tenga al demócrata en un altar quizá tenga dificultades para aceptar que su santidad esté en entredicho. Falta, por incomparecencia, la labor del defensor del diablo. Su falta la están cubriendo el normal funcionamiento de las instituciones, las públicas y las privadas como es el caso de (parte de) la prensa.

El Fiscal General del Estado, Bill Barr, está investigando el motivo por el que el Departamento de Justicia, un organismo a medio camino entre nuestro Ministerio y la Fiscalía, dedicó dos años de trabajo e ingentes recursos a investigar la posible (pero, digámoslo, harto improbable) conspiración rusotrumpiana para retorcer el sentido del voto de los estadounidenses.

Sigue….

Origen:  Disidentia