Por Joshua Philipp

Análisis

George Orwell escribió que al alterar del pasado y describir cualquier recuerdo de la historia como algo malo, los regímenes socialistas pueden hacer que textos clásicos como la Declaración de Independencia de Estados Unidos sean incomprensibles en su contexto original. La gente sería incapaz de entender las intenciones originales detrás de los textos.

Y como para demostrar lo cerca que está la sociedad actual de lo que Orwell advirtió, la Declaración de Independencia acaba de ser incriminada de esta manera. Bajo las nuevas ideas de “discurso de odio”, los censores de Facebook catalogaron a la Declaración de Independencia como contenido con lenguaje ofensivo.

Para demostrar la magnitud de la ironía, veamos lo que Orwell predijo en su novela “1984”:

“En la práctica, esto significaba que ningún libro escrito antes de aproximadamente 1960 podía ser traducido en su totalidad. La literatura prerrevolucionaria solo podía ser sometida a una traducción ideológica, es decir, a la alteración del sentido además del lenguaje. Tomemos por ejemplo el conocido fragmento de la Declaración de Independencia”.

Orwell luego cita el pasaje: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

“Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados”.

Con esa declaración, los Padres Fundadores de Estados Unidos describieron las verdades que ellos creían eran evidentes: que los derechos de los hombres –y la igualdad de oportunidades en el mundo– son otorgados a los hombres por su Creador divino. Y que entre estos derechos naturales se encuentran el derecho a vivir, el derecho a la libertad y el derecho a buscar la felicidad.

Los Padres Fundadores afirman que los hombres instituyen el gobierno para asegurar estos derechos naturales, y que el gobierno deriva su poder del consentimiento de aquellos a quienes gobierna. Este concepto, en sí mismo, va en contra de la trinidad totalitaria del socialismo, fascismo y comunismo que se apoderó del mundo en el siglo XX.

Sigue…

Origen: LaGranEpoca