Cristina Kirchner encabeza las encuestas porque promete volver al esquema de consumo estimulado artificialmente y baja productividad en lugar de pedir esfuerzos para racionalizar la economía.

Sergio Crivelli

Cristina Kirchner va adelante en las encuestas y hasta podría ganar en primera vuelta. La clave de esa posibilidad está en el segundo y tercer cordón del conurbano, donde se concentra alrededor del 15% del padrón nacional. Una población entre la que predominan la clase baja y media baja a las que golpeó fuerte la devaluación del año pasado y que ha sido tradicionalmente clienta política del peronismo.

Las encuestas cualitativas recogen testimonios coincidentes sobre la actitud de estos sectores. Las mutaciones ideológicas y políticas del PJ los han privado de una identificación partidaria y hoy se inclinan por el populismo más a mano que es el kirchnerista. Ya no los convencen con la marchita y creen que quien mejor representa sus intereses es la ex presidenta, porque durante su mandato, alegan, «tenían la heladera llena». Más allá de la pérdida de ingresos por la inflación de los últimos meses, durante el gobierno anterior pagaban tarifas irrisorias por los servicios públicos lo que les permitía dirigir esos recursos a otros consumos. El fútbol gratis es otro ejemplo de la causa de una frase que aparece como un mantra en los «focus groups»«Cristina daba más».

Tienen también otras demandas como la de mayor seguridad, pero las resignan con una actitud que tiene algo de fatalista. Aprueban la lucha contra el narcotráfico y la corrupción policial durante la gestión de María Eugenia Vidal, pero la demanda prioritaria está en el consumo.
Otro tanto ocurre con la infraestructura. Aprecian el asfalto, la mejora en transporte público y las conexiones de cloacas y gas, que el peronismo gobernante durante 32 años no hizo, pero a la hora del voto parecen considerarlas cuestiones no prioritarias. Ven la diferencia abismal existente entre la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano pero la disocian de la gestión pública. Es en ese sentido que son fatalistas.

Los mensajes de las campañas no siempre sintonizan con estas actitudes del votante medio, pero hace 48 horas Alberto Fernández apuntó nítidamente en esa dirección al prometer medicamentos gratis para los jubilados y además mejorarles los ingresos. El hecho de que los jubilados ya reciban medicamentos gratis y que hace un año y medio el PAMI denunció miles de estafas con esos subsidios es redundante. También que los aumentos para jubilados están regulados por una ley y no librados al arbitrio del gobierno de turno. Lo importante es que el mensaje tenga un sentido claro: con nosotros vienen los viejos buenos tiempo en que el estado se encargaba de todo.

Desde esa perspectiva la insólita intervención de Cristina Kirchner sobre el consumo de primeras marcas resulta tan pintoresca como irrelevante. También los arrestos nacionalistas de Máximo Kirchner que repudió a los «gringos» del FMI y al gobierno norteamericano. Ya no se ganan elecciones con fórmulas como «Braden o Perón», sino con promesas en efectivo, aunque involucren beneficios de los que los votante ya disfrutan. En sentido contrario el gobierno ofrece perseverar en el esfuerzo y racionalizar la economía. Por eso va atrás en las encuestas.

Origen: LaPrensa