Quien desafía al pensamiento único con pensamiento libre está condenado a la humillación y el ostracismo, como los leprosos de la antigüedad.

La oscuridad de la historia siempre avanza entre antorchas de esperanza porque siempre ha habido defensores y mártires de la libertad.

Por

Juan Orellana

La libertad es una fantasma, como decía Buñuel. Un fantasma huidizo que siempre está jugando al escondite. Deja ver un brazo, una mano, pero nunca se muestra del todo, al menos en el tablero de la historia. Siempre ha estado secuestrada en nombre de algún valor supremo: la lucha de clases, la identidad nacional, un proyecto político o cultural…

Actualmente, el gran cancerbero de la libertad es el pensamiento único -que con tanta agudeza vislumbró Pier Paolo Pasolini-, la mentalidad dominante, una diosa insaciable que devora a sus hijos. Hay nuevos dogmas y nueva Inquisición. Los primeros servidores dóciles de esos dogmas son los políticos. Renuncian desahogadamente a sus convicciones si estas entran en conflicto con el nuevo dogma.

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Origen: Actuall.com