Esteban Fernandez – El paquete de “la gesta heroica de la Sierra Maestra”…

Llegó aupado por cientos y cientos de descarados disfrazados de verde olivo.

Por Esteban Fernández

Quizás algunos jóvenes se tragan el paquete de “la gesta heroica de La Sierra Maestra”. Todo lo que yo escriba aquí al respecto se pudiera simplificar en “Un gigantesco bluff donde Fidel Castro tiró tremendo majá”.

Comencemos por decir que desde el principio fue un fracaso. El lugar de desembarco (o sería mejor decir “naufragio”) fue un desastre, donde se bajaron un montón de hombres mareados, vomitando y tratando de huir en desbandada.

Estaban en Playa Colorada, pero yo creo que no sabían ni donde diablos estaban. Enseguida las fuerzas gubernamentales les fueron encima y cayeron muertos, heridos y prisioneros la mayoría de los invasores. Como siempre, a través de toda la historia reciente cubana, Fidel Castro corrió más que un guineo.

Dicen los corifeos de la tiranía que salieron ilesos 12, pero se trataba de una farsa tratando de equipararlos con los 12 discípulos de Cristo. Fueron más, por mí cuenta fueron más de 20 los que lograron escabullirse. Solamente de mi pueblo estaban Raúl Díaz Torres, Arsenio García Dávila y Jesús Gómez Calzadilla. Y el güinero Frank Chicola cayó preso.

Todo estaba perdido, hasta que un guajiro bandido y traficante de marihuana llamado Crescencio Pérez, sus hijos y el arriero de mulas Guillermo García Frías, les tiraron un cabo y escondieron a los sobrevivientes. Ocho Springfields, una ametralladora Thompson de la cual se adueñó Camilo, y mil balas, eso era todo lo que tenían estos mequetrefes.

La labor principal y eterna de Fidel Castro fue auto protegerse, crear un guardia pretoriana, formar una tropa de choque que le sirviera de guardaespaldas y al frente de los cuales puso a su perro de presa Ramiro Valdés. Desde el primer instante acercarse a Castro era correr un tremendo peligro. Cuidar la vida del que tantas vidas le costó a nuestra nación siempre fue el principal objetivo de toda la gestión emprendida.

El verdadero éxito de Fidel Castro jamás fue militar sino fue tirar una balandronada que le hiciera creer a los cubanos -y de paso, al mundo- que se estaban llevando a cabo tremendas batallas campales, que habían muchas “columnas” combatientes, que el Ejército Rebelde era una fuerza descomunal, cuando en realidad solo fueron unas escaramuzas de muerde y huye contra unos militares que en su mayoría nunca habían peleado. Sólo en Yaguajay tuvieron que batirse a sangre y fuego gracias a un chino extremadamente guapo.

Cierto que hubo varios valientes dentro de los “comandantes’ y dentro del Ejército Constitucional, pero después de estudiar casi toda mi vida este proceso puedo asegurar categóricamente que ni Fidel ni Raúl estuvieron dentro de los valientes ni dentro de los “guerreros”. Yo mentiría si les dijera que Efigenio o Jorge Sotús, o Sánchez Mosquera, o el chino Alfredo Abón Lee y varios más fueron unos cobardes. Pero los medio hermanos Castro si lo fueron.

¿Dónde están los libros oficialistas que reflejen la combatividad de Raúl Castro en la Sierra Cristal? Por mucho que se han esforzado no han encontrado un instante donde este imberbe personaje con su cola de caballo, y prototipo del mariconzón, disparó ni un tiro al aire. Lo que sí hizo fue fusilar a guajiros inertes. Si quieren pregúntenle al respecto al comandante “Nino” Díaz si se lo encuentran en Miami.

Fidel Castro después del susto y el sofocón inicial, después de haber sido protegido por la familia Pérez, trató durante un montón de meses que duró este proceso de vivir lo mejor posible. La mayor cantidad del tiempo se la pasó echado en una hamaca, leyendo libros y fumando tabacos.

Estaba de “picnic” comiendo lechón en púa. El único dolor que tuvo fue de muela, y un dentista profesional le resolvió el problema. Ni un solo arañazo. Hasta se dio el lujo de instalar un sillón de dentista en La Plata. No, no puedo decir que tenía a su disposición un jeberío ni unas coristas del Tropicana, pero como dicen que en “tiempos de guerra cualquier hoyo en una trinchera” le metía mano a Celia y a Vilma. Esta última se la pasó – y mas tarde los obligó a casarse- a su medio hermano para cubrir las apariencias y quitarle la fama de lo que ustedes saben y no tengo que repetir.

Su mayor victoria fue “venderle toda esta sarta de exageraciones” a un tonto útil -más H.P. que comefana- escritor del New York Times llamado Herbert Matthews como si tuviera un tremendo ejército y él fuera un general de mil batallas. Lo que hicieron fue tomarle el pelo y burlarse del “afamado periodista”.

En realidad, y quedó demostrado, este viejo era un zopenco izquierdista escritor del mierdero y dañino diario newyorkino (que todavía lo sigue siendo) quien publicó sus fotos con su rifle de mira telescópica como si fuera un general Patton latinoamericano.

Ni corto ni perezoso el incauto Miguel Ángel Quevedo (quizás después de ser atrabancado y acariciado por Rolando Cubela) se hizo eco en Bohemia del paquete mal envuelvo de la gran guerra que se desarrollaba en las montañas cubanas.

Tal parecía como que se trataba de la batalla de las Termópilas moderna. Cuba entera (con honrosas excepciones) se tragó el cuento. Un gangstercito de quinta categoría, cobarde e hijo de perra se hizo líder de la lucha contra Fulgencio Batista, el cual cuando la caña se le puso a tres trozos puso pies en polvorosa.

Todavía -tras la huida de Batista- Fidel Castro estaba acobardado y convencido de que no tenía suficientes barbudos -ni armas- para tomar el poder en Cuba si le hacían resistencia, y no salió disparado para La Habana sino que hizo un recorrido -una caravana- de varios días logrando que miles de oportunistas se le unieran y llegó aupado por cientos y cientos de descarados disfrazados de verde olivo. Consumado el fraude. Y aquí quiero hacer patente que yo no me lo tragué, gracias a mi padre.

Todo había sido una fanfarronada, un engaño, un alarde barato, un paripé.Y ahí comenzó a encarcelar en cantidades industriales, a matar indiscriminadamente y a implantar una de las más sangrienta tiranía que haya padecido este continente.

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