El 2 de diciembre de 1964 el ex presidente Perón intentó regresar a la Argentina pero fue detenido en Brasil

¿Cuál fue su verdadera intención con este regreso frustrado? Es evidente que lo que estaba en juego era la continuidad de su liderazgo, el giro a la izquierda del peronismo y la posibilidad de un peronismo sin Perón.

Hace 55 años, un 2 de diciembre de 1964, el general Juan Perón, quien se encontraba exiliado en España, cruzó el Atlántico con la intención de regresar a la Argentina después de casi una década del Golpe de Estado que lo había derrocado en 1955. Su estrategia fracasó y pasó a la historia como la “Operación Retorno”. El acontecimiento, que fue seguido ampliamente tanto por medios locales como internacionales, tuvo ribetes cinematográficos y mantuvo en vilo al país y a la región.

Todo había comenzado casi un año atrás… un 31 de diciembre de 1963. “No soy “El Cachafaz”, pero me defiendo”, bromeó Perón luego de bailar “La Cumparsita” con Isabel en el departamento madrileño que habitaban en la calle Doctor Arce 11. En un ambiente festivo -según narró su biógrafo oficial Enrique Pavón Pereyra, quien estuvo presente- luego recitó algunas estrofas del Martín Fierro, y a las 12 de la noche, levantó la copa y ante el asombro de todos estableció: “Este es el último advenimiento de un Año Nuevo que celebro fuera de mi Patria”.

A partir de ese momento se puso en movimiento el “Operativo Retorno”, otorgándole un nuevo impulso al mito del “avión negro”, en el que se decía vendría el ex presidente, en todas sus diferentes y creativas versiones, como aquella que aterrizaría en el norte del país para encabezar una marcha hasta la capital.

La estrategia de concretar el regreso a la Argentina se dio en el marco de un Movimiento Justicialista desbordado de rivalidades, fisuras y divisiones internas, debido a la ausencia de su líder por casi una década, y con la posibilidad real de crear un peronismo sin Perón, como creían posible algunos dirigentes gremiales como Augusto Timoteo Vandor.

En una carta a Pedro E. Michelini, del 5 de julio de 1964, el mismo Perón lo resumió de esta manera: “Mi misión, que es algo como la de Padre Eterno, se fundamenta en la necesidad de mantener unidos a todos los peronistas en beneficio del Movimiento, pues como proceso político es básicamente cuantitativo. Sin embargo, como las disidencias están sólo en el horizonte directivo, será indispensable no olvidar a los remisos”.

En la misma línea, en otra misiva dirigida a John W. Cooke, sostuvo el creador del Justicialismo: “Todo esto es consecuencia de los desmesurados apetitos de los que anhelan vender la liebre antes de cazarla. Episodios sin grandeza promovidos y protagonizados por hombres pequeños (…) las roscas y las trenzas, no son sino la demostración de lo poco que vale esa gente. Los gorriones vuelan en bandadas en tanto que las águilas van solas. Todo es juego de gorriones”.

En tanto, la situación política del país tampoco ofrecía demasiada tranquilidad. En 1964, hacía dos años que Frondizi había sido derrocado, y desde octubre de 1963 gobernaba Illia, quien había ganado las elecciones tan sólo con el 25,14% de los votos, seguido por el voto en blanco que alcanzó el 21,20%. Los conflictos políticos estaban en aumento por la proscripción del peronismo y por una CGT que había vuelto a ser dirigida por gremialistas peronistas, luego de las diferentes intervenciones, y que reclamaban por la vuelta de Perón y la recuperación de sus derechos.

Y si bien, por vía diplomática, el canciller de Illia, Miguel Angel Zavala Ortiz (quien fue diputado entre 1948-1952, acusado por el intento de golpe de 1951 y desafectado de la Cámara, preso y también un activo participante del golpe de 1955) gestionó la extradición de Perón, librada por uno de los jueces que entendían en los procesos iniciados en 1955, Illia había asegurado que el regreso de Perón sólo dependía de ex mandatario.

SE PONE EN MARCHA EL OPERATIVO

Era, sin lugar a dudas, un momento muy adecuado para poner en marcha el “Operativo Retorno”. Para tal objetivo, en agosto de 1964, viajó a Madrid una comitiva integrada por Vandor (UOM), Julio Guillán (Telefónico) y Delia Parodi (ex diputada y estrecha colaboradora de Evita), entre otros, para planear el regreso de Perón a la Argentina. Luego de casi un mes de reuniones, el 21 de agosto, entregaron a las agencias internacionales -la policía de Franco había impedido una conferencia de prensa- un comunicado en el cual se oficializó que “el general Perón ha ratificado su decisión irrevocable de regresar a la patria en el corriente año, como factor determinante de la unidad y pacificación de todos los argentinos”.
Al otro día de llegada la noticia a la Argentina, las paredes de todo el país amanecieron pintadas con la “V” y la “P” adentro (“Perón Vuelve”), y la CGT, que a había lelgado a las 11.000 fábricas tomadas, endureció su plan de lucha.

Incluyó también el “Operativo Retorno”, a modo de ensayo, la movilización de masas. El primer objetivo fue en el marco de la visita oficial, en octubre, de De Gaulle a la Argentina “De Gaulle, Perón, un solo corazón”, fue el canto con el que fue recibido en los actos públicos. El otro objetivo, también cumplido, fue la celebración del 17 de octubre: más de 60.000 personas conmemoraron el Día de la Lealtad en Plaza Once, el acto más multitudinario desde 1955.

Finalmente, la comisión encargada de ir a buscar a Perón a Madrid quedó integrada por Vandor, Parodi, Andrés Framini (textiles), Carlos Lascano (abogado), Alberto Iturbe (ingeniero y ex gobernador de Jujuy) y el financista Jorge Antonio.

LA FECHA ELEGIDA

En medio de rumores, incertidumbre y negociaciones de último momento, el 1 de diciembre de 1964 fue la fecha elegida para concretar la “Operación Retorno”. Aquella noche, con un plan cinematográfico, Jorge Antonio arribó a la residencia madrileña de Puerta de Hierro -Perón y su esposa ya se habían mudado hacía pocos meses- para buscar a Isabel y llevarla, según el plan, a una recepción. Ambos engañaron a los guardias que custodiaban la residencia asegurando que Perón no concurriría por estar enfermo. Cuando Jorge Antonio intenta arrancar su auto finge no poder hacerlo, por lo cual Isabel le pide que utilicen el Mercedes de Perón.

A los pocos minutos salen ambos, Antonio e Isabel, saludando a los guardias… quienes nunca se percataron que Perón estaba escondido en el baúl entre mantas y almohadas. A las pocas cuadras los tres cambiaron de vehículo y se dirigieron a un restaurante para cenar antes de emprender el tan ansiado regreso a la Argentina.

En la madrugada del 2 de diciembre embarcaron desde el aeropuerto de Barajas con pasaportes falsos y algunos de la comitiva portaban armas. Era el vuelo de Iberia 991, con destino a Buenos Aires. Enterada la prensa de las reservas misteriosas en la línea aérea, todo el mundo supo que el ex presidente estaba viajando rumbo a América Latina. En el avión había pasajeros comunes que vivieron también la odisea. A las 9.45 hizo escala en Río de Janeiro y el gobierno militar de Brasil (de Humberto Castelo Branco) -por pedido del gobierno argentino, como horas más tardes confirmaría la misma cancillería brasileña mediante un comunicado- rodeó al avión con 37 militares armados y le impidieron a Perón y su comitiva seguir rumbo a Buenos Aires. Fueron demorados e incomunicados durante doce tensas horas (tanto arriba del avión como luego en una repartición militar) y luego obligados a regresar a España en el mismo avión. “El ex presidente de la Argentina, general Juan Domingo Perón, abatido, espera con ansiedad la decisión del gobierno español acerca de su permanencia en España, desde una suite de lujo del Hotel Riviera, en Torremolinos, Málaga”, titulaba el ABC de Madrid, tras el regreso de Perón a España.

COMENTARIOS DE EPOCA

¿Cuál fue la verdadera intención-estrategia de Perón con este regreso frustrado? Mucho se ha dicho al respecto…desde que fue una estrategia planeada para reafirmar su autoridad como jefe del Movimiento Peronista, que se trató de un plan netamente subversivo (como denunció el entonces canciller Zavala Ortíz), o una farsa maquiavélica.

Veamos algunos comentarios de la época para esclarecer la cuestión.

La revista “Time” (12-12-1964) sostuvo: “…en vista de la lamentable humillación, hasta los peronistas dudan en que él vaya a intentar en alguna otra oportunidad regresar a la Argentina, la mayoría está de acuerdo en que Perón ha hecho explotar el mito de Perón de una vez para siempre”. The New York Time le dedicó (el 3 12-1964) un editorial que titula “La aventura de Juan Perón” y comentó que “siempre hubo un toque de charlatán en Juan Perón, y su última aventura de intentar o aparentar intentar llegar a la América del Sur tiene un aspecto sospechoso. Brasil y Uruguay, donde debía detenerse su avión habían anunciado, hace algún tiempo, que no permitirían su ingreso. Hasta Asunción declaró que no podía aterrizar allí. Si llegaba a Buenos Aires, por las buenas o por las malas, hubiera sido detenido por una vieja acusación de estupro, y lo menos que podría haber esperado es la expulsión. Por lo tanto, sólo podía hacer una jugada de efecto, encaminada a crear perturbaciones en la Argentina, y dejar la impresión de que si no regresaba para fin de año, como prometió, no era por culpa suya”.

Por su parte, el Times de Londres analizó: “El frustrado viaje del señor Perón a través del Atlántico no parece convincente como una seria tentativa para tomar el poder. Si hubiese llegado a la Argentina podría haber causado alguna agitación y con toda seguridad habría sido detenido (…) Por lo tanto, o el ha sido increíblemente inepto o sólo hizo el viaje con fines efectistas. La segunda explicación parece la más probable, aunque la ineptitud y el exceso de confianza no pueden descartarse.Aún no puede juzgarse si la travesura fortalecerá la demanda popular a favor de su regreso, pero el peronismo continúa siendo una fuerza, aun sin él”.

En la misma sintonía, el comentarista de asuntos latinoamericanos del “Herald Tribune”, Bernard L. Collier calificó el viaje de “gran bluff”, que Perón resultó el “hombre pero recibido en América del Sur” y que “él sabía al salir de Madrid que no podría ir más allá de Río de Janeiro”.

En un fuerte editorial del diario El País del Uruguay aseguró que: “En esta tentativa de viaje a su patria de Perón, no hay, en efecto, precedente de nada más grotesco en su género, de fracaso más ostensiblemente buscado, de engaño y estafa a los infelices que aún vocean su nombre, que la payasada perpetrada a toda luz, con el resultado fácilmente previsible, constituye el último gesto del ex tirano”.

Y finalmente, en el editorial de La Prensa publicado el 5 de diciembre bajo el título “Final de una parodia de heroísmo”, entre otros conceptos sostuvo: “El ex dictador no ha pretendido en momento alguno regresar al país, afrontar responsabilidades o permanecer en acecho fronterizo. Ha jugado desesperadamente su última carta de propaganda, todavía esperanzado en una reacción popular impresionante, susceptible de producir un vuelco interno que más tarde le permitiera volver sin ningún riesgo. Pero la reacción popular ha sido de absoluta indiferencia, de simple curiosidad, de frecuente mofa y de satisfacción al comprobar que todo se había reducido a una desdichada parodia. (…) Por la universalidad de su rigor, ésta ha sido su caída más profunda”.

Y en la otra cara de la historia se puede leer la carta escrita por el mismo Perón aquel 2 de diciembre de 1964 en el aeropuerto internacional de Río de Janeiro El Galeao. En la misma, culpa al “gobierno cipayo” de Brasil por haber frustrado su regreso al país, y a “una conspiración internacional dirigida y orquestada por los imperialismo dominantes”. En cuanto al futuro sostiene que “se acabaron las contemplaciones. Ahora hay que comenzar la guerra integral por todos los medios, en todo lugar y en todo momento”.

Horas después en una entrevista brindada a la agencia de noticias española Pyresa reiteró las acusaciones y apuntó directamente contra Estados Unidos e Inglaterra. La presencia estadounidense quedó confirmada por esos días por el canciller de Brasil, Vasco Leitao da Cunh y el secretario de Estado de Estados Unidos, Dean Rusk, cuando destacaron en una conferencia de prensa desde Naciones Unidas, “el gran servicio rendido a todo el continente americano por las autoridades de Brasil”.

Es evidente que lo que estaba en juego era la continuidad del liderazgo de Perón, el posible giro a la izquierda del peronismo y la posibilidad de un peronismo sin Perón. Los resultados se hecieron realidad algunos años más tarde cuando se produjo el retorno definitivo de Perón a la Argentina, se convirtiera por tercera vez en presidente de la Nación, y para que la historia diera su veredicto final.

Origen: LaPrensa