Aunque la mona se vista de seda, ¡en simple mona se queda!” (Esopo, Grecia, S. VII A.C).

La fábula griega nos advierte que cualquiera puede mudar lo exterior pero la esencia sigue siendo la misma. No importa cuántas veces modifiques tu apariencia, siempre conservarás tu interior y mantendrás tu misma esencia. Hay cosas que, por mucho que intentemos esconder o disfrazar, siempre seguirán siendo como son.

Durante milenios, siglos y décadas la vida parecía más simple. Las relaciones entre hombres y mujeres aseguraban la prole y la conservación de la especie. Hoy día, esta atávica costumbre parece estar cambiando y bajo el auspicio de una política importada sobre control demográfico, corremos el riesgo de que algunas naciones queden despobladas, desoladas o indefensas para la protección de sus recursos naturales y otras riquezas espirituales, materiales y culturales.

Organizaciones y organismos financieros internacionales no sólo promueven el aborto, sino también las políticas de género que se implementan en varios países, incluso el nuestro. Además de financiar a más de 66.000 clínicas abortistas en el mundo, como lo hace la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), presionan a gobiernos para instaurar políticas de educación sexual integral para niños, niñas y jóvenes en las escuelas, obligando a las instituciones a enseñar lo que no concuerda con sus idearios e imponiendo contenidos sin base científica que responden a una construcción ideológica de género, sin contar con la participación de los padres en su elaboración.

Además, cuentan con la anuencia cómplice de varios e importantes medios de comunicación y fuertes campañas publicitarias.

NUEVA CULTURA

Esta nueva cultura, que prodiga el aborto y la ideología de género, se basa en la promoción y justificación de nuevos paradigmas que atentan contra el orden natural. Las construcciones subjetivas (Constructo Cultural, para Simone de Beauvoir) o las autopercepciones de cada individuo para elegir su género conllevan, a los que no compartimos estas consideraciones y hábitos progres, a calificarnos de intolerantes y retrógrados. Hasta podemos caer fuera de la ley si pensamos distinto.

Poco tiempo atrás, varón o mujer eran las opciones sexuales naturales y racionales. Hoy existen otras, según parece, que tienen que ver con el género y que se confunden con la identidad sexual de la persona. La Comisión de Derechos Humanos de New York reconoce 31 tipos de género y otras organizaciones y miembros del colectivo LGBTIPQ, con mayor amplitud mental e imaginación, afirman que son 112.

Es decir que, tratamiento hormonal mediante o no, el que nació hombre puede transformarse teóricamente en mujer, y viceversa. Claro, eso en apariencia, ya que el ADN, masculino o femenino, sigue siendo el mismo que se tuvo desde antes de nacer y seguirá igual en la osamenta dentro de la tumba, más allá de mutilaciones o implantes practicados… Eso no cambia, igual que la naturaleza de las cosas.
El sexo no lo puede cambiar una ley o el documento de identidad. Por más que la ley diga que el burro puede volar, no por eso le van crecer las alas. Si Pedro quiere ser Petra, cosa de él, pero esa opción personal no va a evitar que desde los 40 años de edad le convenga controlarse la próstata. Y si Hugolina quiere autopercibirse como Hugo, allá ella, pero a partir de los 21 años hasta los 65 de edad es aconsejable que se realice un papanicolaou cada uno, tres o cinco años.

Creo que cada uno puede percibirse como quiera y en el ámbito de su intimidad hacer lo que mejor le plazca, en tanto y en cuanto no sea obligatorio, ley mediante, compartir ciertos gustos u orientaciones sexuales, o con mis impuestos solventar semejantes berrinches ajenos, aprovechando las bondades de la Salud Pública.

Esta corriente contracultural pretende confundir con definiciones insólitas eufemísticas o rebuscadas interpretaciones sobre conceptos que son inequívocos. Por ejemplo, la acepción matrimonio no tradicional entre personas del mismo sexo, cuando por definición ese tipo de coyunda no lo es. Como decía un legislador salteño hace unos años: “Un loro no es un conejo no tradicional, bípedo y con plumas. Un loro es un loro y un conejo es un conejo”.

El matrimonio, unión de un hombre con una mujer, deriva de la expresión matris munium (madre, cuidado o defensa), implicando la obligación del hombre hacia la madre de sus hijos. Por otra parte matris, desde la anatomía, significa útero, órgano de la gestación exclusivamente femenino. Así pues, resulta difícil homologar a una unión civil o convivencial entre personas del mismo sexo con el matrimonio.
Así también llama la atención que muchos de los que proclaman que el matrimonio es una institución pasada de moda, que ya no se usa, que las relaciones en una pareja hoy día son fugaces o inestables, son los mismos que auspician el casamiento entre personas del mismo sexo y que los curas abandonen el celibato. Paradojas, diría G. K. Chesterton, “el príncipe de ellas”…

ANTICIENTIFICO

La ideología de género es un sistema anticientífico que sostiene que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas y biológicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas “construcciones culturales y convencionales”, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad le asigna a los sexos.

¿Por qué decíamos que importamos una política externa relacionada con el control demográfico?
Desde los años “60, se intenta dar rango científico a esta invención del género con el apoyo de la Conferencia Mundial de Naciones Unidas. Esta invención con evidentes rasgos totalitarios está presente en todas las agencias de las Naciones Unidas desde los años “90: en el Fondo para la Población, Unicef, Unesco y OMS que han elaborado muchos documentos impregnados con los conceptos de esa visión anticientífica. Desde las Naciones Unidas pasó a la Unión Europea, donde se difundió por los medios de comunicación y en colegios, a través de actividades lúdicas: fiestas, celebraciones, etc., de las que se busca que todos participen, adhieran y no cuestionen.

En 1974 se elabora en Estados Unidos el NSSM 200, conocido como Informe Kissinger, titulado “Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses ultramarinos”. Recomendaba a las agencias del Gobierno no usar el término “control de la natalidad”, sino otras expresiones menos contundentes como “planificación familiar” o “paternidad responsable”. Lo que se pretendía lograr con ello era garantizar el acceso de EE.UU. a las materias primas de esos países, minimizando el consumo interno en ellos.

Según Aciprensa (9/6/2018), International Planned Parenthood Federation (IPPF), la multinacional del aborto más grande del mundo, invirtió en los últimos diez años más de cinco millones de dólares para promover la despenalización del aborto en Argentina. Entre los principales beneficiados con ese financiamiento están la Fundación para la Salud del Adolescente (FUSA), Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) y la Asociación Civil Pro Amnistía.
Otras organizaciones que han recibido financiamiento de IPPF son Fundación Huésped, el Fondo de Mujeres del Sur, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Fundación Universidad de Palermo.

Queda claro pues que estamos ante un nuevo tipo de colonialismo cultural. Conocer los actores estratégicos de esta maniobra es importante, pero más lo es impedir que ellos cumplan sus objetivos. Rescatar nuestra esencia trascendente y nacional, sus valores, nuestra historia verdadera y no el relato (como decíamos en otro artículo) será el único antídoto para evitar que nuestra Argentina deje de ser el sueño que pergeñaron nuestros próceres y que su realidad se convierta en una grotesca y patética pesadilla.

Tiempos Viejos, popular tango escrito en 1926 por Manuel Romero y con música de Francisco Canaro, nos invita a añorar épocas pasadas que solemos recordar con nostalgia. Su primera estrofa nos conmueve:

“¡Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos!; Eran otros hombres, más hombres los nuestros; No se conocían coca, ni morfina; Los muchachos de antes no usaban gomina”.

“Parece que ahora algunos muchachos tampoco usan gomina”, pero prefieren ruleros, hormonas femeninas, tacos altos, y otras yerbas.

* Licenciado en Estrategia y Organización – Ex Mayor del E.A.

Origen: LaPrensa