El papa Francisco opina que el dinero es el `estiércol del diablo’ y organiza en el Vaticano reuniones con burócratas internacionales y economistas para combatir el neoliberalismo y la globalización. Se trata de una tradicional y conocida posición de un sector de la Iglesia contra los banqueros y la usura.­

Pero esta firme postura ideológica y su preocupación por fundar un nuevo orden planetario no evita que la Iglesia de su patria tenga problemas de financiamiento y que para resolverlos olvide por un momento las posiciones doctrinarias rígidas y acuda a remedios mundanos.­

Esto ocurrió cuando el episcopado local optó por encargar a una consultora de plaza una extensa encuesta cuantitativa y cualitativa para determinar las características del vínculo entre la Iglesia y la sociedad y la `sensibilidad’ de los feligreses para donar, esto es, hacerse cargo de su mantenimiento. Nada distinto hubiera hecho un político en campaña o una multinacional que planease poner en el mercado un nuevo modelo de auto o línea de detergente.­

Más allá, sin embargo, de los problemas de financiamiento la Iglesia tiene otros, políticos, como la competencia de los, las demandas de actualización o más específicamente la despenalización del aborto impulsada por un gobierno `amigo’ o que se lo creía tal. ¿Qué datos arroja la encuesta para analizarlos a la luz de la realidad social?­

En primer término, el 67% de los encuestados se reconoció católico, aunque esa no es una ventaja automática, porque la imagen de la Iglesia es positiva en un 48% y negativa en un 44, Se la `percibe como más preocupada por su imagen que por sus fieles y que su contribución beneficia más a ella misma que a la sociedad’. El 50% cree que los principales beneficiarios de su acción son obispos, curas y monjas.­

A la Iglesia como institución se la ve lejana a los fieles y rígida a la hora de actualizarse. Los desafíos inmediatos que enfrenta son el de acercarse a la gente y recuperar la credibilidad.­

La cuestión financiera no se presenta menos compleja. En términos generales los encuestados creen que el sostén principal de la Iglesia es el Estado (44%), seguidos por los fieles (27%) y el Vaticano (12%) y creen que debe ser exactamente al revés: el Vaticano debería ser el principal sostén (59%), seguido por los fieles (42%) y por último el Estado (17%).­

En este contexto de opinión pública en el que se destacan su alienación, baja credibilidad y rechazo a su presunta forma de financiarse, el episcopado debe enfrentar la batalla por el aborto. Con un agravante: su principal adversario es el peronismo, partido con el que se identifica el papa Bergoglio y la mayor parte de la jerarquía nativa.­

¿Por qué se generó este conflicto? Porque el peronismo cambió y la Iglesia, no. El peronismo resulto del mestizaje en los años 40 del integrismo católico, el nacionalismo populista y el militarismo. En los 90 se deshizo de los militares y va en camino de hacer otro tanto con la Iglesia a medida en que prevalece el kirchnerismo. En ese giro no puede seguirlo el episcopado que en su mayor parte sigue viviendo ideológicamente en los 40.­

Origen: LaPrensa