En 1980, ante la crisis creada por el ingreso de 10.800 cubanos a la Embajada de Perú en La Habana y el éxodo de 125 mil cubanos a través del puerto de Mariel, Fidel Castro dijo textualmente en un discurso: “los que no tengan un corazón para adaptarse a una revolución, que se vayan, no los queremos, no los necesitamos”.

ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES — José Martí lo definió magistralmente con una frase:

”Cuando un pueblo emigra, sus gobernantes sobran”.

Y sí que sobran. Entre otras tantas cosas con la emigración masiva un país pierde su capital más valioso, el humano.

O sea, además de terremotos, tsunamis, huracanes, incendios, sequías, inundaciones, deslaves, guerras, o epidemias letales, hay otra desgracia mayúscula que puede golpear a una nación y que no tiene que ver con la naturaleza ni con la geología: la emigración masiva por razones políticas.

Es lo que ocurre en Cuba desde que Fidel y Raúl Castro asaltaron el poder. Por eso al comenzar a correr ya el año 62 de la dictadura surge la pregunta: ¿cuántos cubanos emigrarán en 2020?

Es un crimen, que yo creo ya en el siglo XXI debiera ser considerado de lesa humanidad, que un país sufra un éxodo perenne de sus ciudadanos hacia cualquier rincón del mundo porque en su tierra natal les cierran las puertas para progresar, les niegan el derecho a una vida mejor y digna.

De no haber comunismo en Cuba no habrían emigrado más de dos millones de cubanos, incluyendo muchos de los más educados y preparados: ingenieros, arquitectos, profesores, médicos, científicos, economistas, expertos de todo tipo, artistas, periodistas, intelectuales, altos ejecutivos y miles de hombres de negocios con un valiosísimo “know how” multifacético.

Datos oficiales cubanos indican que desde la llamada “Crisis de los Balseros” en 1994, hasta 2015, emigramos (me incluyo yo, mi esposa y mis tres hijos entre ellos) unos 660,000 cubanos. Y los expertos aseguran que la cifra llega al millón de personas. En total, la Oficina del Censo calcula que dos millones de cubanos viven en Estados Unidos.

O sea, se ha marchado de Cuba nada menos que el 18% de su población total. Y si bien la Administración Trump ha tornado más difícil emigrar a EE.UU, lo cierto es que continúa la salida masiva de cubanos para otros países, cualquiera que los acoja, e incluso también para EE.UU.

¿Se van por razones económicas?

Hoy fundamentalmente quienes se van de Cuba son personas en edad laboral, en su inmensa mayoría jóvenes que conforman la población económicamente activa (PEA), que es la palanca que mueve al mundo.

Sin “revolución socialista” Cuba tendría hoy unos 17 ó 18 millones de habitantes. Chile tenía en 1958 aproximadamente la misma población que Cuba y hoy tiene 19 millones de habitantes. Sin los Castro la PEA de Cuba contaría con tres o cuatro millones más de personas, produciendo y consumiendo. El Producto Interno Bruto sería 7 u 8 veces superior y el nivel de desarrollo económico de Cuba estaría en la escala más alta de Latinoamérica, como en 1958.

Encima la propaganda de la dictadura ha logrado que la mayoría de quienes han emigrado en los últimos 40 años afirmen, y lo crean, que se han ido de Cuba por razones económicas. El régimen arguye que la emigración cubana es igual a la de cualquier país del Tercer Mundo.

Falso por completo. Cuba es hoy muy pobre, pero ¿de quién es la culpa de que sea pobre, de que la economía se haya hundido en una crisis permanente que compulsa a emigrar?

Balseros cubanos...

Las razones para emigrar serían económicas si Cuba fuese un país normal con economía de mercado, como en el resto del Tercer Mundo, desde donde millones emigran por falta de oportunidades. No, en la isla no hay siquiera oportunidad alguna, pues no hay libre empresa. El Estado es el dueño de todo y, por tanto, es el responsable directo del desastre económico y la falta de oportunidades, no lo es un “capitalismo explotador” que simplemente no existe en el país.

Y pongo un ejemplo. Si de la India hubiese emigrado el 18% de su población total (1,376 millones de habitantes al comenzar 2020) habría dispersos por el planeta 247 millones de indios.

Esa diáspora india sería algo así como el quinto país más poblado del mundo, luego de China, la propia India, EE.UU. e Indonesia. Esa colosal cifra de emigrados de un solo país no existe, pero podría ser realidad si hubiese una dictadura comunista en la India. Esa es la diferencia con Cuba, eminentemente política.

Cuba era un imán de inmigrantes

La mejor prueba de que las causas son políticas es que la misma Cuba, próspera antes del comunismo, era un imán para atraer inmigrantes de todo el mundo. Al proclamarse la independencia en 1902 la población era de 1.6 millones de habitantes, y hasta 1930 llegaron a la isla 1.3 millones de inmigrantes, según el antiguo Ministerio de Hacienda.

En solo seis años, entre 1924 y 1930, llegaron 261,587 inmigrantes. Ya en 1919 la isla tenía ya 2.8 millones de habitantes, según el censo de ese año. Casi duplicó su población en 17 años.

En 28 años llegaron a Cuba, para quedarse, 774,123 españoles, 190,046 haitianos y 120,046 jamaicanos (estos dos últimos grupos mayormente para trabajar en las plantaciones de caña, pues Cuba ya era la azucarera del planeta).

También arribaron a la isla como inmigrantes 34,462 estadounidenses, 19,769 ingleses, 13,930 puertorriqueños, 12,926 chinos, 10,428 italianos, 10,305 sirios, 8,895 polacos, 6,632 turcos, 6,222 franceses, 4,850 rusos, 3,726 alemanes y 3,569 griegos. Todos llegaron para sumarse al auge económico de la isla como inversionistas, empresarios, profesionales, o empleados.

La población cubana crecía vertiginosamente y en 1931 era de 3.9 millones de habitantes, 1.1 millones más en sólo 12 años. Entre 1940 y 1950 Cuba exportaba el 50% de todo el azúcar que se comercializaba en el mundo entero.

Al auge azucarero se sumó el desarrollo paulatino de toda la economía nacional. Y siguieron llegando a Cuba más inmigrantes de las nacionalidades mencionadas y  también libaneses, palestinos, judíos, rumanos, húngaros, filipinos y mexicanos (sobre todo de Yucatán). Y en 1958 había en la embajada de Cuba en Roma 12,000 solicitudes de italianos deseosos de emigrar a la isla.

Prosperidad; La Habana deslumbrante

De Cuba no había por qué emigrar. Fluían las inversiones de capitales extranjeros y nacionales. Había un evidente avance socioeconómico. La Habana era una de las ciudades más bellas y más atractivas del mundo. Las más exclusivas casas de modas tenían sedes en la capital cubana, como Christian Dior, que tenía dentro de El Encanto su única filial fuera de París y New York. A La Habana iban a vestirse desde Ava Gardner, Sarita Montiel y María Félix, hasta Marlon Brando, Errol Flynn, Frank Sinatra, Tongolele, Nat King Cole y el mismísimo Tarzán, Johny Weismuller.

Recuerdo que un periodista argentino con quien fui junto con varios otros colegas al Palacio de Convenciones de La Habana, donde cubríamos un evento internacional, mientras recorríamos la Quinta Avenida de Miramar me dijo visiblemente asombrado que Buenos Aires no tenía, ni de lejos, una avenida como aquella con tantas mansiones soberbias a ambos lados por tantos kilómetros.

Pero llegaron Fidel y Raúl Castro e impusieron el comunismo. Hoy la nación suelta lastimosamente los pedazos, en ruinas.

Antes se iban tristes, hoy se van felices

Recordemos que Fidel Castro vociferaba: “que se vayan, no los necesitamos…” a los “gusanos”. A esos mismos “apátridas” a los que turbas enviadas por el régimen les lanzaban huevos podridos, y que hoy son irónicamente los que sostienen la postrada economía cubana con sus remesas, paquetes y viajes a la isla, por valor de unos 7,000 millones de dólares (en 2018), cifra superior a las divisas que les confisca a los médicos que explota en el extranjero como si fueran propiedad estatal, y que triplica los ingresos brutos por el turismo.

Hay un detalle que expresa nítidamente este drama. Durante las primeras oleadas de emigrantes en los años 60 los cubanos se iban tristes. Llevaban consigo entrañables recuerdos y la nostalgia de haber vivido en un país que avanzaba, con sus virtudes y defectos, con libertad económica incluso bajo una dictadura militar como la de Batista.

En cambio, por lo general quienes han emigrado en las últimas tres décadas, sobre todo los jóvenes, se van felices, esperanzados. Sólo llevan encima malos recuerdos de un empobrecido y muy reprimido país que lejos de añorar quieren olvidar. Eso es triste.

¿Cuántos cubanos emigrarán en 2020? Nadie lo sabe. Pero sí se sabe que el éxodo de cubanos va a continuar si no se le pone más presión a la gerontocracia militar dictatorial. O se le echa del poder y se liberan al fin las fuerzas constreñidas de la nación.

(Alvarez Quiñones es periodista y escritor radicado en el sur de California. Durante más tres décadas ha publicado artículos sobre el curso de la economía mundial. Es un experto en temas internacionales, con énfasis en asuntos cubanos).

Origen: contactomagazine.com