El ex gobernador de Mendoza y presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, lanzó una advertencia que viene a coincidir con pensamientos utópicos que más de una vez se lanzaron en la Argentina, pero que instantáneamente quedaron confinados a no más que eso: una utopía fantasiosa.

No referimos, claro está, a la escisión de la Argentina, es decir, al desmembramiento jurisdiccional del país porque cierta área de él alcance un nivel de hartazgo tal con el resto que considere imposible su continuidad como parte de la Unión.

En este caso la propuesta coincide con los límites político-geográficos de lo que hasta hoy es una provincia específica de la Argentina, pero nada obsta a que la idea comprenda a más de una provincia o a un área más grande compuesta por varias.

Lo que gatilló semejante escalada en el conflicto fue la actitud adoptada por la provincia de La Pampa, aliada del gobierno nacional, en el Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco), por la que la continuidad de la obra “Portezuelo del Viento” -un gigantesco dique sobre el río, vital para Mendoza- en principio fue detenida (pese a que se mantiene en pie la licitación para este viernes). Esto más las señaladas inequidades cometidas por el gobierno de Fernández en el reparto de fondos entre provincias de distinto color político, llevó a las autoridades de Mendoza a tener una serie de consultas con diputados y senadores de la provincia para analizar la grave situación planteada frente al gobierno federal.

Suárez, el gobernador de Mendoza le pidió al ministro del interior Wado de Pedro que le proporcione un informe detallado sobre los fondos repartidos a cada provincia desde que comenzó el gobierno el 10 de diciembre último.

“Es hora de estar más juntos que nunca. Todos los mendocinos defendiendo Portezuelo Del Viento frente al atropello del Gobierno de Alberto Fernández. Con Rodolfo Suárez, a seguir defendiendo la Provincia más linda y más discriminada del país”, expresó el diputado nacional, referente del PRO, Omar De Marchi. “El Gobierno nacional enderezó a las tres provincias (Buenos Aires, Río Negro y Neuquén) para que votaran distinto de lo que votaron anteriormente en el Coirco. El Gobierno tiene el afán y el objetivo de perjudicar a Mendoza, no hay ninguna otra lectura”, indicó Cornejo, en declaraciones radiales.

Hasta aquí los hechos puntuales de un conflicto específico. Pero lo importante del caso no es el análisis de las cuestiones que tienen que ver con los fondos de coparticipación o la eventual postura frente a una obra. Lo importante es discernir que una parte de la Argentina ya no desea ser parte de ella.

No comparte cómo se hacen las cosas en el país; no comparte el espíritu de sus leyes (en este caso el método elegido para repartir los impuestos); tampoco quiere estar sujeta a las decisiones caudillescas de un capitoste que se cree el dueño de todo.

En este caso es Mendoza la que expresa la avanzada de un sentir muy importante de la sociedad –prácticamente la mitad del país- que tiene una visión axiológica (es decir de valores) muy diferente de la otra mitad. Se trata de valores contrapuestos, antitéticos, irreconciliables. Es lo que rápida y gráficamente se llama “la grieta”

Las grietas son fallas en un terreno, en un género, en cualquier material corpóreo que, sin embargo, mantienen con el resto de la materia una unión por la profundidad. El terreno, el género, la materia están rajados desde la superficie pero en algún punto de su contextura se mantienen unidos. Cuando la grieta atraviesa todas las capas de la materia de lo que, hasta ese momento, era un único trozo, éste se convierte en dos, porque la grieta se transformó en un corte final y definitivo de lo que hasta ahora estaba unido por alguno de sus puntos.

Un país se supone que es un proyecto de vida común de millones de personas que pisan un territorio sujeto a la autoridad de un mismo Estado. Los proyectos de vida se arman en base a valores compartidos, más allá de las discrepancias cotidianas y de forma.

Cuando esos valores compartidos se alejan, se abre una grieta en la sociedad. Y si la grieta se profundiza hasta un punto en que los valores de una parte son incompatibles con los valores de la otra, las partes se separan. Se separan porque no pueden seguir viviendo juntas bajo la autoridad de un mismo Estado. Ambas responden a concepciones de la vida completamente antagónicas, incompatibles para la convivencia.

Cuando los países alcanzan esos límites dramáticos, es posible que alguna de las partes (probablemente la que esté en ese momento en el ejercicio del poder “nacional”) intente doblegar por la fuerza a la otra parte. Y esos momentos representan la máxima tensión a la que pueda estar sometido un país.

La Argentina ha llevado la distancia entre sus convicciones a niveles nunca antes vistos. Si bien el país nunca terminó de alcanzar aquello que dice el Preámbulo de la Constitución, esto es, la “unión nacional”, hoy las divergencias entre dos porciones casi idénticas en número de la sociedad van haciendo intolerable la vida en común; es como si hubiera dos países dentro de uno solo.

Mendoza ha lanzado una advertencia sonora de algo que viene ocurriendo en la profundidad sorda de una Argentina cada vez más incompatible.

Lo que comenzó como una esperanza en Caseros, esto es, que finalmente lo que hasta ese momento habían sido posturas irreconciliables prácticamente nacidas con el mismo sol del 25 de mayo se fundieran en un caldero imaginario que iluminara el nacimiento de un proyecto común, terminó siendo finalmente un fiasco, un fracaso. El caldero nunca fundió definitivamente las profundas diferencias con las que el país había nacido. Otros vinieron luego para profundizarlas cuando en un par de oportunidades estuvieron a punto de cicatrizar. Y el resultado de todo es este fracaso colectivo, es este estado fallido en el que el país se ha convertido.

Nadie está preparado para que los países dejen de existir. Pero algunos dejan de existir, al menos tal como se los conoció. No sería extraño que ese fuera el futuro mediato de la Argentina.

Origen:  The Post Argentina