Por Jorge Riopedre 

Sexta noche de disturbios raciales en Estados Unidos - YouTube

Mi anécdota favorita en relación con el título de esta cuartilla es la obnubilación de un distinguido líder cívico, catedrático de la Universidad de La Habana, abogado y Primer Ministro de Cuba por escasamente seis semanas en 1959: José Miró Cardona. Advertido de las inclinaciones comunistas de Fidel Castro por José Ignacio Rasco, amigo y condiscípulo de éste en el Colegio de Belén, Miró se limitó a responder: “Pepe, no te preocupes, a Fidel Castro lo manejo con la punta del dedo”. De pie en el andén, Miró Cardona ignoró el silbido de la historia que anunciaba su paso por el paradero nacional por siempre y para siempre, como la soledad de Macondo; era un hombre intachable, pero no podía ver lo que se aproximaba porque seguía viviendo en el pasado.

Me pregunto cuánto puede haber de este ejemplo en la política de Estados Unidos. ¿Pensarán acaso políticos, periodistas, militares, policías, deportistas y público en general que la solución al problema de Estados Unidos se reduce a una victoria de Donald Trump o Joe Biden? ¿Permanecerán parados en el andén esperando una respuesta cuando el silbido de la historia ya remonta el paisaje? ¿Qué tal si uno soltara al desgaire la posibilidad de que esto no tiene arreglo salga quien salga?

El abominable pasado esclavista y racista de Estados Unidos impide olvidar lo sucedido. De nada vale argumentar que buena parte de la población negra norteamericana goza de un buen nivel económico, académico y político superior al de cualquier país africano o comunidad negra en todo el mundo. Hay millonarios negros por decenas, alcaldes, gobernadores e incluso una candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos.

Sin embargo, no hay atenuantes en esta lucha étnica por el poder (sí, étnica, no se engañe nadie), por más que una mayoría blanca ignorante de la clave de lo que acontece, el cambio demográfico, contribuyera a elegir un presidente negro, Barack Obama. Ajústense los cinturones porque viene un ajuste de cuentas anunciado por Ernesto Che Guevara.

“Llevar la guerra a la casa del enemigo, a sus lugares de diversión, impedir que tengan un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego, hacerlos sentir una fiera acosada”

El odio se hereda. Hay pocas dudas de que el odio es un elemento aglutinante, un sentimiento a la espera paciente de la oportunidad de pasar la cuenta al deudor tan pronto el balance demográfico se muestre favorable. Proceso sutil que recuerda el activismo juvenil de Barack Obama promoviendo la lucha por el poder en los barrios de Chicago; en la lucha por el poder los seres humanos hacen uso de cuanto este a su alcance por lograr lo que quieren, a cualquier precio, como siempre ha sido.