HA HECHO MUCHO DAÑO EN LA ARGENTINA LA DEFORMACION DE LA PALABRA “CAPITALISMO”

En las sociedades modernas existe una opinión pública institucionalizada a la que varios partidos ofrecen programas alternativos en libre competencia. En Argentina, el sistema de partidos es débil comparado con la fuerza que tienen los sindicatos, los cuales desde hace tiempo intentan ocupar su lugar. Es por ello que bastaría un mínimo conflicto para que el Estado, aprovechando el monopolio de la violencia, diluyera los controles que ofrece el sistema democrático. En este caso, la opinión pública dejaría de poder expresarse para pedir explicaciones al poder. Uno de los más importantes medios para controlarlo, perdería la voz, hasta convertirse en objeto pasivo y deformado de la propaganda del Gobierno.

Los instrumentos legítimos del sistema de partidos, en nuestro país, como la negociación, el acuerdo o el disenso, definido mediante la consulta electoral, se han tornado difusos, reemplazados por una violencia creciente.

La vigencia de lo normativo ha disminuido desde hace varios años. La cuarentena no ha permitido que esto se haga notorio, pero no tardará en aumentar el tono de las disputas entre diferentes sectores sociales por obtener el favor del poder.

BAJA LA CORRUPCION

La Justicia está resignando ser un medio de control, no se respeta la Constitución,  el Gobierno decide quienes son los beneficiados y quienes los excluidos, lo que incita a la corrupción de los ciudadanos. Ésta comienza desde arriba, donde existe el máximo poder, se violan las reglas que la impiden o controlan y se crean otras que la provocan. Por medio de nacionalizaciones o dadivas,  el Estado pretenderá  ser dueño de las empresas y de la voluntad de los que trabajan en ella. La ineficiencia comerá la productividad y se coinvertirán en solo contenedoras de votos y apoyo al gobierno

Lo que está quedado en pie, hasta ahora, es parte de la opinión pública, la cual se manifiesta reiteradamente en las calles mostrando su descontento ante el avance del Gobierno sobre la Justicia, por la falta de seguridad, el largo encierro, y la situación económica que se está tornando cada vez más difícil. Es probable que esto desemboque en conflictos de diferente intensidad y carácter.

La sociedad teme que el Gobierno,  a través de su política cada vez más intervencionista y estatista, continúe avasallando las diferentes actividades sociales monopolizando los medios de comunicación y la educación, como lo está haciendo con la Justicia. Le asusta que una crisis económica insostenible lleve a un escenario donde el Estado se convierta en autoritario y reemplace o debilite, aún más, al mercado, como instrumento de los libres intercambios. La sociedad argentina, en su gran mayoría, cree que si bien el Estado es un mal necesario no debe extralimitarse en sus funciones. La inseguridad muestra que no está protegiendo los derechos individuales de todos. No se resguarda, debidamente, el derecho a la vida de todas las personas ni se las resguarda de la fuerza y violencia por parte de los otros.

La democracia permite una genuina competencia entre dos o más partidos, separación de poderes y la protección judicial de los derechos individuales. En Argentina no se está viendo eso.

ERRORES REPETIDOS

Importantes sectores sociales se han dado cuenta que los dirigentes,  faltos de imaginación y convicciones profundas, repiten  errores pretendiendo comprar con subsidios los sentimientos de los segmentos más necesitados de la población. Mala copia de las promesas y realizaciones del peronismo, porque en la actualidad no se cuenta con arcas llenas para efectuar el reparto. Los trabajadores no se dejan convencer por teorías sino por ventajas concretas y,  el actual gobierno  solo puede distribuir pobreza. Su prestigio se deteriora constantemente, no existe confianza en Alberto Fernández, quien se ha convertido en la voz de la vicepresidente, Cristina Kirchner.

La pobreza es atacable mediante decisiones políticas que estimulen relaciones sociales que creen riqueza y la deriven, espontáneamente,  a los sectores más pobres, no desde el Estado. El Gobierno pretende disminuirla con mera distribución, restándoles a unos para beneficiar a otros. Pretende que se puede calcular qué le corresponde a cada persona para hacer posible la igualdad que pregona. Un mito.

Si bien la opinión pública se ha equivocado muchas veces, más cuando el poder comunicacional del Estado ha influido negativamente sobre ella, hoy se manifiesta ante el avance del Estado, correctamente. El Gobierno no debería dejar de tenerla en cuenta, la historia nos muestra que ha removido a gobiernos autoritarios. Desde 1983, ha habido un progreso ético, se han dejado atrás las dictaduras y la consiguiente reducción institucional. Con los gobiernos kirchneristas se retrocedió en la calidad ética del marco normativo común, también en su aplicación.

Si se pierden las libertades, la gente saldrá a dar batalla, los ciudadanos estarán dispuestos a sostener sus derechos frente a quienes pretendan someterlos a disciplinas autoritarias mientras prolongan la decadencia del país.

SISTEMA DE LIBERTAD

La corrupción  que denuncia la gente en las plazas puede combatirse mejor en un sistema de libertad que nos permite avizorarla y combatirla. Este gobierno, usa los resortes del poder, para actuar, inescrupulosamente, presionando sobre políticos y jueces con la intención de lograr impunidad para la vicepresidente y su séquito.

Como decía el Dean Funes: “En los derechos que corresponden a cada individuo, su persona, sus facultades y sus bienes, puede haber abusos, que no caen bajo la inspección de la ley hasta que llegan a ser delitos”. En la Argentina los ricos kirchneristas lo son porque han robado a otros. Si el Gobierno coarta  con cualquier pretexto, el ejercicio de la Justicia para llegar a buen puerto con los casos de corrupción, será repudiado por  la opinión pública. Mucha gente seguirá expresándose en las calles mientras la oposición no tome un papel preponderante y la Corte no se alimente de coraje para hacer respetar la Constitución. No es apática, por suerte. Está decidida a no permitir que se avasallen las instituciones. Aspira a que éstas se  revitalicen, como también, la economía.

Solo la unidad de la ciudadanía podrá evitar la omnipotencia del gobierno y mantener las libertades individuales, que  nos han permitido crecer como personas, y como país, en el pasado.

MEJORES SALARIOS

El presidente enseña a ver la ganancia como una amenaza para el bienestar en vez de incentivarla mostrando que una empresa más productiva y eficiente puede pagar mejores salarios, que la riqueza es algo que debe crearse con el esfuerzo y el trabajo. La escasez fue siempre el estado natural, la riqueza si analizamos la historia fue  lo excepcional. Por eso la crítica del presidente al merito de lograrla, es peligroso.

La deformación de la palabra capitalismo ha hecho mucho daño. Habituó a la gente a olvidar que este sistema de producción masiva permitió el confort y el mejoramiento del nivel de vida a todos los sectores de la sociedad, por primera vez en la historia. El sistema capitalista nos ha mostrado en países donde se pudo desarrollar que la pobreza deja de ser una constante. Disminuyó y se modificó: los pobres de hoy, en los países desarrollados, en comparación con el pasado son casi ricos. El capitalismo real que vive de la innovación y el cambio constante  es infinitamente superior al socialismo real porque éste vive de la regimentación y el estancamiento.

Estamos en una situación de crisis monetaria y financiera asociada a un incontrolable proceso recesivo inflacionario, que puede provocar una grave situación porque el gobierno seguirá, por necesidad, emitiendo contra déficit cada vez mayor. No tenemos indicios de cómo se solucionará esta situación. Se nota una importante dosis de improvisación. Creen en la infalibilidad de las decisiones de los funcionarios pero no en el mercado. No se realizarán las reformas fundamentales que el país está esperando. Mientras, en Uruguay y Brasil, no aceptan nuestra moneda, dejó de ser reserva de valor y medio de pago.

El progreso según la experiencia histórica depende de un mercado lo más libre posible. Aunque no podemos conocer el futuro estemos seguros de que si los gobiernos crean condiciones que permitan más libertad para los intercambios y más posibilidades de elección, las posibilidades de vida serán mejores y se podrá progresar aunque no se pueda asegurar  que sea para siempre. Dependerá, como ahora, de lo que piense la gente. No creo que la sociedad argentina siga tolerando trabas al libre intercambio de bienes, servicios, y afectos.

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía  de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de `El Crepúsculo Argentino’ (Ed. Lumiere, 2006).

Origen: laprensa.com.ar