Alejandro Borensztein

IDENTIDAD CORRENTINA
La historia de los jueces que fallan contra la Vicepresidenta, en ejercicio virtual y remoto de la presidencia y un nuevo capítulo de la comedia del cine nacional.

Antes que nada, comunicamos a todos aquellos que extrañan las filminas quincenales de Tío Alberto que, probablemente, ya no las volvamos a ver.

Hace tres meses, el 7 de julio, el ministro Ginés González García declaró textualmente “creo que en dos o tres días comenzará a bajar la curva”. Alguna vez hemos advertido desde esta página que un verdadero hincha de fútbol jamas grita un gol antes de que la pelota entre. Se ve que ni el presidente ni el ministro son tan futboleros como la cuentan. No se si terminaremos siendo los campeones mundiales del Covid pero en el ranking del top 10 vamos a estar seguro. Gran lección para la dirigencia nacional: pensar más y hablar menos.

También cumplimos con el deber de informar al gorilaje indignado que el pedido de la Vicepresidenta de la Nación para ser eximida del pago del Impuesto a las Ganancias sobre sus pensiones vitalicias fue rechazado por el abogado de la ANSES, un tal González. Por suerte para él, en la Argentina hay muchos González por lo que suponemos que este heroico muchacho todavía tiene alguna chance de pasar desapercibido por las fronteras y huir del país.

El pedido realizado por la Vicepresidenta, en ejercicio virtual y remoto de la presidencia, ahora deberá ser resuelto por una jueza cuyo apellido no vamos a develar. De eso se va a ocupar el gobierno en cuanto sospechen que el fallo pueda salir en contra.

Sin embargo, seguramente la jueza terminará fallando en defensa propia, o sea a favor de la Vicepresidenta. Últimamente no está bien visto en el Senado que un juez ande por la vida dictando sentencias contra Cristina.

La mejor prueba de esto fue lo sucedido con Bruglia, Bertuzzi y Castelli, que no es la delantera del Milan sino los famosos tres jueces que el kirchnerismo pretende liquidar con la excusa de que fueron mal trasladados.

En realidad, si estos tres jueces hubieran sido Zaffaroni, el primo de Zaffaroni y la cuñada de Zaffaroni, nadie cuestionaría sus traslados. El fondo del asunto no es la forma en que fueron nombrados sino los fallos que emiten.

Por todo esto, vaya desde aquí un consejo gratarola para la jueza que tiene que resolver si Cristina debe pagar o no impuestos a las ganancias: dale la razón nomás y dormí tranquila. Haceme caso.

Más allá de este asunto, con el Banco Central vacío, con 400 muertos por día, con el apoyo oficial a Maduro frente a las denuncias de la ONU y con todo un país enfurecido por la crisis, las tomas, la pobreza, la inseguridad y las geniales declaraciones de Sabina Frederic, es cada vez más dificil entretenernos con la realidad.

Mejor pasemos a modo comedia del cine nacional donde todo es más simple y más divertido. Recuerde amigo lector que cada vez que aparece Alberto Fernández todos pensamos en Rolo Puente, ok?

El General Perón cierra un ojo y mide la distancia al bochín. Hay casi 10 metros. Don Ricardo Balbín espera su turno. Crece la tensión. Perón toma la bocha con firmeza y calcula. No vuela una mosca. De pronto aparece el Doctor Héctor J. Cámpora: “Disculpe General, pero allá abajo en la Argentina la cosa se está poniendo pesada… creo que ustedes deberían hacer algo”. Perón suelta la bocha fastidiado. “Carajo, mierda, con estos imberbes”. Balbín le pasa un brazo por el hombro: “Calma amigo, es tiempo de bajar a la Tierra y ver que pasa. Llegó la hora del pueblo, General”, dice Balbín y mirando a Cámpora le indica “querido Héctor, por favor reserve una mesa grande en el restaurante Nino de Vicente López y avise que vamos para allá”. Cámpora lo mira con una sonrisa: “Chino querido, Nino ya no existe más. Si quieren les reservo mesa en Kansas que está ahí nomás. Las ribs con barbacue sauce son un espectáculo”. Balbín lo mira extrañado: “¿las que?” Perón encara con firmeza: “no perdamos tiempo Chino, vamos directo al Instituto Patria”.

La cámara baja desde el Cielo hacia la Tierra, atraviesa las nubes, se acerca al Instituto Patria y se mete en el despacho principal.

Por corte vemos la escena. Contra la ventana, mirando hacia el exterior, está Perón vestido de Teniente General. A su lado está Balbín, de traje cruzado gris. Atrás vemos a la plana mayor del gobierno. Todos formados en fila, como soldados. Está Rolo Puente, Máximo (protagonizado por Coco Sily), Zannini (protagonizado por Mario Sánchez), Parrilli (protagonizado por Gianni Lunadei) y hoy se suma Santiago Cafiero (interpretado por Luciano Cáceres).

A Perón se lo ve muy enojado. “Cuando me fui en 1974 dejé 5% de pobres y ahora tienen 41%, ¿los caballeros serían tan amables de explicarme este desastre que hicieron, por favor?” Balbín se le acerca por lo bajo y le dice: “En 1974, además de dejarnos el 5% de pobres, también nos dejó a Isabelita, a López Rega, a la Triple A, a los Montoneros, a Firmenich… si vamos a hablar en serio digamos todo, General” De pronto interrumpe Julio Bárbaro interpretado por Julio Bárbaro. “Disculpen pero los veo juntos y me emociono. ¿Nos podemos sacar una selfie los tres abrazados? Es para la lápida”.

“¡Como te quiero General, sos diviiiiino!!” dice Moria que entra a escena vestida con su conchero y sus pezoneras doradas y una capa de leopardo. Cruza el salón, se tira sobre un chez lounge de terciopelo negro y se pone a acariciar un caniche blanco. Más diosa no hay.

Julio Bárbaro le habla por lo bajo a Perón: “No le haga caso, General. Esta señora siempre habló mal de usted. Si no me cree, cuando vuelvan al cielo pregúntele a Antonio Cafiero. Una vez la fue a ver para pedirle que firme un proyecto para hacer una estatua suya y ella le contestó textualmente que para ese viejo de mierda no firmaba nada. Lo sabe todo el peronismo, General”. Parrilli da un paso adelante: “Disculpe General, volviendo a su pregunta, todo lo malo que ocurre en el país es culpa del pelotudo de Macri”. Zannini murmura: “Pelotudo lo que se dice pelotudo, hasta donde yo sé, acá había uno solo”. Parrilli lo escuchó: “No te confundas Carlos, Macri es más pelotudo que yo. Volvimos”.

Perón sigue mirando hacia afuera. Se lo ve enojado: “¿Quien demonios manda acá?” Todo se miran. Máximo mira para el lado de Moria. “¿Mamu?” “El Presidente es Rolo”, dice Moria. Rolo Puente da un paso adelante y camina hacia el General. Le hace una sonrisa a Balbín para congraciarse y se para junto a Perón. El General gira y se le pone de frente: “Tiene un minuto para decirme algo que me convenza”.

El aire se corta con un cuchillo. Rolo mira para los costados. Se le acerca al General y le habla al oído: “Tengo un Kaiser Carabela modelo 1961 que es una joya, por 15.000 dólares es suyo, General”.

Perón lo mira asombrado. Piensa miles de cosas a la vez pero le dice una sola: “¿Y con los pobres que hacemos?”.

“Estamos recreando la confianza para que la gente ahorre en pesos, suelte los dólares y empiecen las inversiones… vamos muy bien, General”, dice Rolo mientras Santiago Cafiero (que es Luciano Cáceres) se apura en sacar los afiches de Chávez y Maduro que adornan el despacho de Moria.

Perón lo mira fijo y le entrega una hoja de papel en blanco: “Escríbame su plan quinquenal en esta hoja y mándemelo para que lo revise. Tiene tiempo hasta el 17 de octubre”. Rolo traga saliva. El único plan que conoce es el Plan Rombo de Renault pero no se anima a decirlo. Podría averiguar algo sobre Plan Ovalo de Ford o el Plan de Autoahorro Volkswagen pero sospecha que no es lo que Perón espera.

Moria mira para otro lado. El caniche blanco aprovecha para escapar de sus largas uñas negras. Ella lo deja. También deja que Rolo se vaya incendiando solo. Máximo, Zannini y Parrilli bajan la cabeza, posiblemente para disimular las risas.

¿Qué plan le escribirá Rolo Puente a Perón? (continuará…)

Origen:CLARIN