Google es el monopolio de la sociedad de la información. Decide lo que debe leer la gente y aquello que la gente ni tan siquiera debe conocer. Basta con que no lo resalte. Por ejemplo, este artículo.

Eulogio López

El Departamento de Justicia norteamericano ha iniciado una demanda por monopolio contra Google, el gigante informático de California, por monopolio entre los buscadores de Internet… que constituyen el alfabeto de Internet. No debe ser casualidad que la empresa propietaria de Google se llama, precisamente, Alphabet.

Y esto, 13 días antes de las elecciones presidenciales en las que el jefe del departamento demandante, un tal Donald Trump, se juega su segundo mandato, con toda las encuestas dando ganador a su rival, el somnoliento Joe.

Para un estadounidense, la lucha contra el monopolio es mucho más que una batalla económica: es igualdad de oportunidades

Con ello, Donald Trump ha vuelto a demostrar que cree en los principios norteamericanos. Y más cuando el Gobierno de Washington llevaba casi dos décadas sin lanzar un ataque contra una gran empresa norteamericana en defensa de la libre concurrencia. En concreto, contra la compañía que controla el 80% de las búsquedas en ordenador y el 90% en móviles, conocida entre los internautas -que sufrimos síndrome de Estocolmo respecto al gigante californiano- como ‘san google’, cuando lo cierto es que menos santo que demonio.

Google ha resultado letal para la prensa, que suspira ahora por la clemencia del mismo buscador… el mismo buscador que le roba su trabajo

Tres casos en pro de la libre concurrencia se citan en los anales norteamericanos. El de la Standard Oil Trust, de John Rockefeller, monopolio del petróleo, el de la ATT, monopolio de telefonía (ambas fueron segregadas), y el de la industria de la TV y el entretenimiento, donde el Gobierno, hasta que se consolidaron los gigantes del sector, impuso dos normas que favorecieron el pluralismo: el productor no podía ser emisor (informador) y al que se le concediera una licencia nacional no podría tener una licencia local… y viceversa.

Y es que, para un estadounidense, la lucha contra el monopolio es mucho más que una batalla económica: es igualdad de oportunidades entre todos los ciudadanos, la clave misma de la libertad y la democracia.

Y sí: Google forma parte del Nuevo Orden Mundial… cristófobo. Por de pronto, se ha convertido en otro censor global de todo lo que huela a cristiano y de todo lo huela a rebelde

Por lo demás, y esperemos que repercuta sobre ello la actual demanda, Google ha resultado letal para la prensa, que suspira ahora por la clemencia del buscador… el mismo buscador que le roba su trabajo cotidiano.

Y sí, es bueno que Trump le plante cara al bucador porque Google forma parte del Nuevo Orden Mundial… cristófobo. Por de pronto, se ha convertido en otro censor global de todo lo que huela a cristiano y de todo lo que huela a rebelde, así como el enterrador de la libre concurrencia en la sociedad de la información. ¿Es Google un monopolio? Por supuesto que sí pero es peor aún: es el monopolio de la sociedad de la información. Decide lo que debe leer la gente y aquello que la gente ni tan siquiera puede conocer. Basta con que no lo resalte. Por ejemplo, este artículo

Origen: Hispanidad