En una votación en la OEA, por orden de Alberto Fernández, la Cancillería argentina decidió no apoyar una declaración que exige elecciones libres e independientes en Venezuela. Con esta abstención, el Gobierno kirchnerista deja en claro su apoyo a la permanencia de Maduro.

Argentina vuelve a ser la vergüenza de la región en las votaciones de la OEA. Mientras los demás países sudamericanos, sean con gobiernos de izquierda o de derecha, están unificados en su condena a las dictaduras de Venezuela, Nicaragua y Cuba, la Cancillería kirchnerista hoy decidió defender a estos regímenes comunistas.

Esta tarde, se votó una declaración de la Organización de Estados Americanos (OEA) que reclama elecciones libres e independientes en Venezuela, una reforma electoral inmediata en Nicaragua y una revisión de los derechos humanos en Cuba.

La declaración fue aprobada sin el importante voto argentino, por 21 votos a favor, 4 en contra y 9 abstenciones. Argentina se abstuvo junto a Barbados, Belice, Granada, Guyana, México, San Cristóbal, Surinam y Trinidad Tobago, mientras que Nicaragua y las islas Dominica, San Vicente y Antigua y Barbuda votaron en contra. Por su parte, la iniciativa fue promovida principalmente por Uruguay, Ecuador, Perú, Costa Rica, Canadá, Bolivia, Chile, Brasil, Estados Unidos, Guatemala, Paraguay y Venezuela, representada por Guaidó.

La declaración además clarifica que Maduro está “usurpando” los poderes del Estado venezolano y avala oficialmente la presidencia interina de Juan Guaidó. Alberto Fernández dijo en el pasado que si bien considera que Maduro “es autoritario”, no reconoce a Guaidó como el presidente legítimo de Venezuela, alegando que es un alfil regional de la Casa Blanca.

A pesar de que el nuevo Canciller de Lacalle Pou, Francisco Bustillo, está buscando un acercamiento estratégico a Argentina, el Embajador uruguayo en la OEA, Washington Abdala, quien responde directamente a Bustillo, declaró fuertemente contra Alberto Fernández y se diferenció categóricamente de la decisión del Gobierno kirchnerista.

Ahora tenemos el sentido de tranquilidad de que Uruguay recupera una postura principista en la lectura de los acontecimientos en Venezuela”, disparó Abdala luego de la votación. “Cuando las opciones son de naturaleza binaria o se está de un lado o se está del otro. Y aquí no hay mucho margen. Ni siquiera hay margen para el matiz. O se está del lado de la defensa de los derechos humanos y la recuperación de la democracia en Venezuela o se está del lado de la oscuridad y la tiranía. No hay punto intermedio”.

Posteriormente, en un debate con el Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, y otras autoridades de la región, añadió: “Si tenemos que pensar en términos de legitimidad, lo legítimo es la democracia y lo ilegítimo es Maduro. Si tenemos que pensar en términos de legalidad, lo legal es el camino hacia la democracia de verdad y lo ilegal es Maduro”.

 

Washington Abdala, junto a Luis Almagro, en su ingreso a la OEA.

 

La decisión Argentina: tibieza para denunciar, convicción para defender.

La postura de Argentina respecto a la dictadura comunista de Nicolás Maduro en Venezuela desde el cambio de gobierno ha sido muy poco clara. En un principio, las designaciones de Alberto Fernández en las comitivas diplomáticas parecían indicar que el Gobierno kirchnerista no volvería a ser socio directo del chavismo.

Felipe Solá, el canciller de Fernández, se abstiene de decirle dictador a Maduro, pero tampoco le dice presidente, refiriéndose a él como “Señor Maduro”, se opone al embargo de Estados Unidos, pero pide que el Ejército venezolano salga de los asuntos gubernamentales y que libere a los presos políticos, y así con todas las temáticas.

Esta “posición del centro”, tan criticada ahora por Uruguay, no deja contento a nadie en Argentina. Los kirchneristas más acérrimos piden una postura de alianza con Maduro, que se enfrente directamente con Almagro en la OEA. Mientras tanto, la oposición exige que el Gobierno aclare su postura respecto a las reiteradas violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad que ocurren en Venezuela, por culpa del régimen chavista.

Durante una breve intervención que hizo ayer en la 50° Asamblea General de la OEA, el Canciller argentino reafirmó que el gobierno de Alberto Fernández apoyó el informe de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas que denunció graves violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Maduro, lo cual desembocó en la salida del Gobierno de varios funcionarios kirchneristas en protesta.

Solá además reclamó que se instale una oficina en Caracas de la ONU para seguir avanzando en las investigaciones en Venezuela. Fernández, a sabiendas que sin una intervención militar la ONU no se va a meter en un país foráneo, ahora adoptó una postura ridícula que pide que la ONU abra una “misión de paz” en Caracas, que trabaje codo a codo con Maduro para “garantizar que las Fuerzas Armadas no violen los derechos humanos de los venezolanos“. Claramente, pedirle al dictador que sea un poquito más bueno, es una solución vacía.

Felipe Solá sobre Venezuela en 2019.

 

 

Por estas posturas, la OEA dejó de incluir a la Argentina en las negociaciones con Guaidó, lo cual Solá lamentó y dijo en la sesión de hoy que “la OEA debe ser garante de la paz y la contención. Nunca juez o gendarme político”.

Demostrando la incomodidad que siente el Canciller argentino hablando sobre Venezuela, aseguró que desde hace tiempo que “somos testigos de la división que se busca imponer en América Latina alrededor de los que cada país piensa sobre Venezuela. Y se dejan postergados temas de integración o desarrollo”. 

Esta postura absurda pretende ignorar la dictadura más brutal de la región, que gobierna al país hace 20 años y desde hace 5 sin legitimidad popular. Mientras tanto, habla de la “dictadura de Jeanine Añez en Bolivia“, donde no hubo denuncias de violaciones de derechos humanos y hubo elecciones libres donde de hecho ganó el socialismo autoritario que acusan que fue depuesto del Gobierno.

Todo esto se da, además, en un contexto local donde la vicepresidente Cristina Kirchner busca manejar la agenda del presidente Fernández. Hace poco trascendió el pedido de la ex presidente para que se haga una serie de recambios en el gabinete, que algunos aseguran que incluye al canciller Felipe Solá.

Una agenda manejada por el cristinismo implicaría que Argentina se convierta en el único país democrático de América en defender abiertamente la dictadura de Maduro. Lo cual, en caso de ganar Donald Trump la reelección el 3 de noviembre, complicaría severamente la situación del país en sus negociaciones con el FMI y el Tesoro de Estados Unidos para acceder a nueva financiación internacional.

 

El eje comunista que busca reestablecer Cristina Kirchner, junto a Maduro, que todavía permanece en el poder en Venezuela, y Evo Morales, cuyo partido recientemente volvió al poder en Bolivia.