La aristocracia del saqueo en la región busca reforzar una narrativa fracasada para ocultar la expoliación a quienes en sus hombros cargan a la sociedad

Por Anderson Riverol

Con la llegada del COVID-19, la tentación de darles a los gobiernos la posibilidad de intervenir aun más  la vida de las personas significa una amenaza importante para la libertad individual, sobre todo con respecto a aquellos que, gracias a su talento y el trabajo honesto de una o más generaciones, han logrado conseguir acumular una gran cantidad de riqueza y poseen empresas, industrias o su participación significativa en el sector productivo. La realidad hoy es que la aristocracia del saqueo en la región busca reforzar una narrativa fracasada para ocultar la expoliación a quienes en sus hombros cargan a la sociedad gracias a la producción y al éxito de los emprendimientos e iniciativas que mantienen.

Es preocupante ver que los políticos planean llevar adelante malabares constitucionales para usar la fuerza del Estado, proponiendo así impuestos aun más altos a empresarios (a quienes, con un verbo resentido, denominan “los ricos”) y, sin embargo, los resultados, lejos de ser buenos para la sociedad, terminaran afectándola negativamente. Este tipo de decisiones no solamente hacen que los empresarios busquen otros horizontes para sus empresas, sino que limita las posibilidades de inversiones favorables para el país que, como tantos, odia a los ricos, odia el éxito y, por consiguiente, está condenado al fracaso.

Actualmente, en los países a los que han retornado los representantes del socialismo del siglo XXI (como Bolivia y Argentina) esto se está viendo con mayor frecuencia. Luis Arce, presidente de Bolivia, lleva adelante la propuesta que afectará a todos aquellos que posean un patrimonio superior a 30 millones de bolivianos, pero usa como excusa que esta medida solo afectará a aproximadamente al 0,01% de la población. Por su parte, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, propone, con incluso mayor descaro, una “ley de solidaridad” que tiene como fin el saqueo a los exitosos y a los que producen. No obstante, tal medida no es exclusiva de estos países, sino también en Chile se está llevando adelante una iniciativa parlamentaria que plantea una reforma constitucional para lograr la confiscación de dichos recursos a los ricos.

Todo esto tiene una razón ideológica que se basa en la creencia de la redistribución de los recursos, y para la cual la riqueza no es creada por sus dueños, sino que es “de alguna manera” es puesta en las cuentas bancarias. Esto es los políticos están impulsando irresponsablemente, pero no se puede redistribuir los recursos de otros sin que se use la fuerza, a menos que sea una iniciativa del propietario por voluntad propia, tampoco se puede hablar de solidaridad, cuando cuando la otra opción que se le da al propietario es el cañón de una pistola. Nadie debe ser visto como un animal de sacrificio usado para los momentos de crisis, así lo demande el “Pueblo” y esa sea la interpretación de los políticos, todos deben ser respetados, su integridad, dignidad y propiedad que inicia en el propio cuerpo y se extiende a todo lo creado.

Valdría la pena recordar a Ayn Rand en su obra cumbre La rebelión de Atlas, cuando bajo el personaje de Dagny Taggart expresa: “Si el resto de ellos pueden sobrevivir solo destruyéndonos a nosotros, entonces, ¿por qué deberíamos querer que ellos sobrevivieran? Nada puede hacer que la autoinmolación se justifique. Nada puede hacer que sea moral destruir a los mejores. Uno no puede ser castigado por ser bueno. Uno no puede ser penalizado por su capacidad. Si eso es lo bueno, entonces, ¡más nos vale empezar a masacrarnos los unos a los otros, porque no hay ninguna bondad en absoluto en el mundo!”.

En nuestros días vemos con preocupación cómo los políticos, para ganar popularidad y estar acordes a la opinión pública, sin importar las consecuencias a futuro, llevan adelante iniciativas que violan los derechos fundamentales, como el de propiedad, que más temprano que tarde terminará afectando a todos los miembros de la sociedad y crea un precedente terrible, porque si se acepta que un solo individuo sea saqueado por la razón que sea, en el futuro nada impedirá que por cualquier razón o capricho que sea visto como una necesidad o crisis los expoliados, confiscados y saqueados sea cualquiera sin importar su riqueza.

La aristocracia latinoamericana del saqueo son todos aquellos políticos que tratan de usar el poder para actuar falsamente como Robín Hood, pero que en realidad están condenando a los países donde llevan a cabo estas iniciativas. La respuesta ante esta situación no es el robo legalizado, sino los incentivos para el emprendimiento y la disminución del intervencionismo de los Estados. Al final de las circunstancias que vivimos con respecto al COVID-19, nos daremos cuenta de que en donde más controló y creció la fuerza del Estado, fue en donde mayores resultaron los estragos. Vale la pena recordar los Estados no pueden enriquecer a nadie, pero sí pueden empobrecerlo, como lo decía el profesor Ludwig von Mises.


Anderson Riverol es autor de “Cinco reflexiones sobre el libre comercio” y “Nueva derecha”.

Origen: La aristocracia latinoamericana del saqueo