La verdadera grieta que atraviesa el país es la que se da entre la Argentina real y la casta que la parasita y oprimeal servicio de los lobbys internacionales.

Perón murió hace 46 años.

Su movimiento, el peronismo, bajo sus diversas metástasis (menemismo, duhaldismo, kirchnerismo -hoy dueño de la marca-) sigue existiendo aunque no mantenga ninguna continuidad con sus ideas iniciales.

Como bien lo viene señalando, desde hace ya tiempo, Claudia Peiró en Infobae, es muy marcada la contradicción entre la visión natalista plasmada en el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional presentado por Perón en diciembre de 1973 y el virulento abortismo del que se hacen abanderados los herederos de su estructura.

Nada queda del slogan peronista de que en la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños.

Esto era así por la misma identidad del peronismo, enraizada en la doctrina social de la Iglesia, pero también porque la importancia geopolítica de poblar el país desvelaba a Perón, que veía tras el neomalthusianismo a la disolvente agenda de Estados que, por su parte, gozaban del vigor de grandes poblaciones.

Perón intentó erradicar el criminal aborto, se opuso al incipiente feminismo y llevó adelante una política de protección de la familia y de la mujer, en parte por sus raíces cristianas, pero sobre todo por la necesidad práctica del desarrollo poblacional.

También fue esta visión la que llevó a los enviados argentinos a la Conferencia Mundial sobre la Población de Bucarest a sostener una oposición férrea al Plan Provisional presentado por Rockefeller y compañía, que estaba llamado a convertirse en el Plan Mundial de Acción en Población de la ONU, si no se les hubiese aguado la fiesta.

Mientras el pueblo se angustia por la economía y reclama seguridad, la casta política se ocupa en proponer la garantía para toda mujer del derecho a que un equipo médico mate a su hijo

En el opuesto extremo, el peronismo de hoy impulsa una agenda perfectamente alineada con los objetivos del globalismo progresista, apenas camuflados por un discurso provisto de alguna sonoridad nacional.

La Argentina, con sus casi 2,8 millones de kilómetros cuadrados (sin incluir el territorio antártico), es el octavo país del mundo en superficie. Sin embargo, su densidad de 16,26 habitantes por kilómetro cuadrado la ubica en el puesto 214º en lo que hace a población.

Para tener un mercado interno pujante, se estima que, además de solucionar sus graves carencias de infraestructura, el país necesitaría una población mejor distribuida y que duplicara la actual. El gobierno, aunque afirme orientar toda la política económica a la protección del mercado interno, vuelve a instalar en la agenda un proyecto de legalización irrestricta del aborto rechazado por el Senado hace apenas dos años.

La economía argentina está en vías de extinción y su sistema jubilatorio está quebrado, pero la receta que propone el kirchnerismo es reducir la población económicamente activa… En esto coincide con el gobierno anterior.

Desde hace muchos años, los analistas políticos argentinos dedican la mayor parte de sus reflexiones a la “grieta” que, suponen, atraviesa toda la sociedad. Toda pugna parece darse entre los peronistas, con su lógica de amigo-enemigo, y los antiperonistas, que la repudian pero son enemigos de los primeros.

Cuando los problemas que sufre el pueblo son muy acuciantes, es difícil ocultarlos con relato

La grieta entre peronistas y antiperonistas no existe. La agenda es la misma y la comparten: panem et circenses, al igual que en la Roma decadente. Presión tributaria sideral para mantener un sistema clientelar asistencialista: pan. Lucha sin cuartel entre el gobierno y la oposición: circo.

Peronismo y antiperonismo son categorías vetustas. El peronismo ocioso de hoy no podría tolerar la visión productiva y nacional ni el conservadurismo visceral de Perón… y muchos de los antiperonistas de hoy se verían mejor representados por él que por la actual oposición.

La verdadera grieta que atraviesa el país es la que se da entre la Argentina real y la casta que la parasita y oprime. Todos los sondeos de opinión coinciden en que, pasado el primer terror por la pandemia, las dos grandes preocupaciones del pueblo argentino han vuelto a ser las de siempre: seguridad y economía.

Pero las preocupaciones del pueblo, son sólo del pueblo. A la casta dirigente sólo le preocupa que no corran riesgo sus prebendas… porque los privilegiados del paraíso peronialista actual no son los niños, sino ellos: los habladores que se dicen políticos, los rentistas que se hacen llamar dirigentes sindicales y los grandes industriales que nada emprenden sin la protección del Estado.

Ya no existe en la Argentina una visión nacional y en vez de dedicarse a los temas que preocupan a los argentinos la dirigencia corrupta elige satisfacer a instituciones y lobbys internacionales de los cuales espera asistencia monetaria a modo de trueque con el aborto, para seguir distribuyendo pan mientras mantienen su circo.

Mujeres sostienen pañuelos verdes que dicen “Aborto legal, seguro y gratuito” para pedir el aborto legal y la separación de iglesia y estado frente a la Catedral durante el Día Internacional de la Mujer, en Buenos Aires, Argentina. 8 de marzo de 2020. REUTERS/Mariana Greif

El espectáculo de la pelea entre oficialismo y oposición por centenares de temas irrelevantes, mientras el grueso de la agenda avanza implacablemente sin importar el signo del gobierno fue, hasta ahora, un buen sistema de control; pero el relato político ya no puede tapar la grieta real: mientras el pueblo se angustia por la economía y reclama seguridad frente a la espiral ascendente del crimen, la casta política se ocupa en proponer la garantía para toda mujer del derecho a que un equipo médico mate a su hijo, sin pagar los gastos y dentro de los cinco días de haberlo solicitado, so pena de cárcel para el que se lo niegue.

Los sondeos de opinión de los últimos meses han empezado a señalar un hartazgo creciente de la población por todo el arco político, y esto sí es preocupante para la casta privilegiada. Cuando los problemas que sufre el pueblo son muy acuciantes, es difícil ocultarlos con relato.

Las multitudes que salieron a protestar a lo largo y ancho del país el sábado pasado contra la legalización del aborto son otra mala noticia para la casta, que no hace más que fomentar el hartazgo.

No sólo son malos, también son torpes.

 

Origen: La Gaceta de la Iberosfera