Se cumple un año del gobierno y sobran motivos para celebrar: pobreza, desempleo, muertos y la cuarentena más larga del mundo.

Por:Osvaldo Bazán

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Llamen a la Payasa Filomena o, si está ocupada, a Coso Visotti o a Mayra Coso Mendoza, la diferencia es menor. Llamen a Ignacio Copani para que musicalice, a los gobernadores para que aplaudan, a Coso5N para que grabe la fiestita. Llamen a Grabois para que se encargue del menú y a Coso Massa para que nos traiga panqueques de postre. Llamen a los jubilados a ver si ven un sándwich de cerca al menos. Llamen a Coso Lavagna que va a decir que no quiere ir pero al final va igual.

Llamen a todos, menos a los necios; ellos nunca entenderán nada.

Festejamos el primer año de esto.

El gobierno más coso de la historia argentina merece un festejo a toda pompa. Fúnebre.

Lo que empezó a fin del ‘19 con una fiesta en Plaza de Mayo donde le robaron el celular al hijo de Gustavo Ceratti, terminó a fin del ’20 con un velorio en Plaza de Mayo donde casi se roban el cajón del difunto. Por suerte, el Presidente Megáfono salió como maestra jardinera a pedirle a los chicos que se portaran bien. También robaron un montón de celulares y las sospechas sobre quién fue se dividen entre barras bravas y funcionarios, cuando se consigue diferenciarlos.

Un año de esto inimaginable que nos pasa.

Aquello que comenzó tan maravilloso clausurándole la oportunidad a millones de argentinos a, por ejemplo, viajar al exterior –ya sea por placer, necesidad, trabajo o estudio- al agregarle un 35% al dólar que dejó de ser dinero para ser “solidario”, como si “solidaridad” y “apriete” fueran sinónimos, llega a este primer añito como un bebé rozagante y nada excepcional. Como todos los bebes: ensucia pañales todo el tiempo, te babea, te vomita, no te deja dormir y no para de hacer y berrinches. Eso sí, hay que hacerle mimos a cada rato porque sino quién lo aguanta. Los mejores momentos son cuando está dormido. Como el gobierno del Presidente Coso.

Como a todo bebé, no le gustan las imposiciones. Por eso, mucho antes de saber que seríamos el único país del mundo que pasaría un año sin clases presenciales en sus escuelas, decidió que para recibir la “asignación por ayuda escolar” no hacía falta demostrar antes de marzo que el chico había ido a clases, condición que había puesto el gobierno anterior, el de los CEOs al que no le interesaba la educación. ¡Qué condición desalmada exigir que el chico vaya la escuela para darle una ayuda para ir a clases!¡Cómo se nota que eran ricachones sin corazón! Por suerte, el gobierno del Presidente Angustias vino a poner las cosas en su lugar.

Empezaba el año y el Gobernador Coso Manzur de Tucumán le decía a la ministra Coso Frederic: “Vos tenés que poner a alguien que los escuche, que los atienda y después nosotros hacemos lo que queremos” y se largaron a reír, porque para jodones, nada como los funcionarios del Presidente Coso.

Era verano y la ministra de Salud de Salta respondió con altura y conocimiento cuando le preguntaron por la decena de nenitos wichís muertos de hambre: “No es de ahora que los chicos mueren en esta época del año”. Un año espectacular.

Era febrero y el Gobierno del Dueño de Dylan que había prometido subir un 20% las jubilaciones el mismo día en que le dieran la banda presidencial, decidió por DNU –en la tapa de los personajes del año de Gente debería haber un DNU gigante, el gran jerarca de 2020- que basta de aquella ley de CEOs avaros que daba un 11.56% de aumento a todos. Los que cobraban la mínima, 16.500 $, recibieron 11,39% y de ahí en más las escalas bajaron hasta un 3,6%.

La idea, maravillosa, gracias a Dylan –porque se le debe haber ocurrido a él- es que había que achatar la pirámide. Pelear contra la desigualdad que siempre es más fácil que pelear contra la pobreza. Si el pobre gana 1 y el rico 8, hagamos que el pobre siga ganando 1 pero el rico 5. De los otros 3, dejá que el gobierno se encarga. Y ahí combatimos la pobreza. Algunos pocos solidarios dicen que no es grave que el que gana 8 pase a ganar 10, que lo importante es que el pobre pase de 1 a 4. Eso sería combatir la pobreza y no como ocurre acá por prejuicios románticos, que se combate la riqueza. Pero acá lo que te enseña cualquier cura de pueblo desde que nacés es que si uno es pobre es porque otro es rico. Y punto. El rico tiene la culpa y tiene que pagar. El rico es malo, incluso el un poquito rico, el un poquitito rico. Aspirar a más es malo porque la gracia está en que todos seamos poca cosa, tirando a mediocres. Agrandar la torta para que todos coman más es demasiado problema, hay que trabajar, no da. Sé pobre, que así entrarás al reino de los cielos y coso. (Atención: promoción no válida para dirigentes del Frente de Todos, sindicatos y empresarios amigos del poder).

En este año del gobierno de la presidenta vice megamechera intergaláctica y el presidente Coso fuimos todos más pobres y más iguales. ¿Cómo no festejar? Apretá el pomo, que todo el año es carnaval.

Fue el año de la peste, quizás la única desgracia de la que no es responsable el Gobierno. Le cayó al mundo que estaba lo más pancho hasta que a los chinos se les ocurrió que lo mejor que podían hacer con las declaraciones del médico que dijo que había una nueva peste era castigar al buchón y ocultar todo hasta que explotó y mató, hasta ahora, a un millón y medio de personas en todo el mundo.

La peste china fue de todos por igual. Cómo enfrentarla fue lo que hizo la diferencia.

Acá pasamos de “se arregla un tecito” y “no va a llegar porque está lejos”, a reírnos de Suecia, de Bolsonaro y de Trump por “privilegiar lo económico antes que la salud”. Pasamos por todos los estadios del delirio, el gobierno creyó que la cuarentena era una vacuna, todos adentro “y el que no, el que no, una prenda tendrá”, como cantábamos cuando éramos chicos y pensábamos que los grandes estaban para cuidarnos. No sé si los chicos ahora, con todo lo que “los grandes” le hicieron, encerrándolos y privándolos del derecho básico a la educación, seguirán pensando lo mismo

Haber privilegiado la salud tuvo sus costos, claro. Desde principio de años las caídas fueron: Calzado 30,7%; siderurgia 22,2%; textil 22%; construcción 21,5%; automotriz 21,2%; informática, tv y comunicaciones 16,7%; minería 15,1%; refinería de petróleo 12,5%; aparatos de uso doméstico 11% e industria global 7,6 por ciento según el informe de la consultora Abeceb para Infobae.

El primer añito de gobierno trajo 20 millones de pobres, 64% de pobreza infantil, 50% de pobreza estructural, 5 millones de nuevos desempleados, 4 millones de nuevos pobres, un déficit de 8%, los sueldos que pierden con la inflación, un país sin reservas y 16 impuestos nuevos y aumentados. La perilla de la economía que dijo la pareja de Fabiola que iba a encender se convirtió en un fuego arrasador. Quedamos quemados y felices porque salvamos lo sanitario.

Es hermoso ver a Alberto Coso felicitándose porque consiguió que “no haya argentinos con hambre o sin atención sanitaria”. De sólo imaginar cómo hace el 16% de niños, niñas y adolescentes que viven en la indigencia para no pasar hambre, temblamos de alegría. Tanto como figurarse al padre de Abigail, cargando a su nena de un lugar a otro porque ”nadie quedó sin atención sanitaria”.

Claro, en lo económico medio que patinamos, pero hay que recordar siempre que lo que se privilegió fue la salud. Que tengamos 878,3 muertos por millón de habitantes, más que el desastroso Brasil que tiene 833,13 porque no se le ocurrió impedir que sus habitantes pasen de un estado a otro; más que los irresponsables Estados Unidos que llegaron a 853,33 incluso sin perder un año de clases presenciales; y muchos más muertos por millón que la criticada Suecia, que tiene 675,08 pese a que las filminas argentinas auguraban otra cosa, que tuviéramos más muertos que ellos fue porque todo se hizo de manera espectacular. Hay que ser necio para no darse cuenta.

Sí, ni salud ni economía ¿cómo no festejar? Que esos datos indiquen claramente que la cuarentena fue una estrategia pésima no significa que el gobierno de científicos no la siga imponiendo, si hasta hay que sacar permiso para ir a la playa a usar barbijo. Que científicos, intelectuales y artissstas de toda laya sigan vivando la estrategia habla del amor inconmensurable de esa gente por un estilo de vida.

Son tantos los logros en un solo año que dan ganas de llorar.

A moco tendido.

Es tan difícil elegir al Ministro del Primer año. ¿Coso Solá, que con un solo tuit se peleó con 7 compañías aéreas internacionales, que inventó un diálogo que metió en problemas a la ya de por sí endeble relación con el Fondo Monetario Internacional? ¿La ministra de Justicia que se encontró con que habían liberado presos peligrosos y no supo qué hacer? ¿El ministro de Obras Públicas que se lo pasó denostando al gobierno de cuyas obras se apoderó? ¿La ministra Frederic presente en cada uno de los desaguisados violentos del país, siempre del lado equivocado? ¿El ministro de Educación al que ni le interesó preparar una salida de la cuarentena para que los chicos no perdieran un año entero de clases presenciales? ¿El ministro de Economía que no puede terminar de hacer pie en su ministerio porque la megamechera le tira de la alfombra todo el tiempo, y en una de esas es mejor que no haga pie? ¿La ministra ¿de la mujer? que coso? ¿El de Salud, que no embocó una? ¡Ay, son tantos y tan variados los desaciertos que es difícil elegir uno! Mejor premiar a todos y darle la bolsita con los caramelos y los recuerdos de un cumpleaños inolvidable.

Volvió a morir Vaca Muerta, los corralones no tienen ni arena para vender, encontrar un repuesto importado es más difícil que entender el desfile de modas que hace la primera coso Fabiola, capaz de sacarse una foto rodeada de nenitos descalzos o aplaudiendo la salida de un chorro de agua. Eso de aplaudir la salida de un chorro es bien Frente de Todos, tan enojados ahora porque en primera instancia, en segunda instancia, en todas las apelaciones y en la Corte Suprema quedó claro que Boudou era, como lo que aplaudía Fabiola, un chorro. Tal como el Presidente Coso viene diciendo desde siempre.

Festejemos el año en que por primera vez se come más pollo que vaca en el país que alguna vez fue ganadero y ahora es perdedero.

Un año inolvidable para Florencia Magalí Morales, Franco Maranguella, Luis Espinoza, Lucas Cabral, Valentino Carrera, Ariel Valerián, Ezequiel Corvalán, Ulises Rial, Tomás Fernández, Facundo Astullido Castro, Mauro Coronel, Franco Isorni, Alan Maidana, Lucas Verón, Miguel Laino, Walter Nadal. Para ser más exactos, un año inolvidable para los deudos de todos ellos, muertos de una u otra amanera por “desobedecer” la cuarentena. También inolvidable para los deudos de Osvaldo Oyarzún, Mario Javier Cortez, Daniel Rosa, Luciano Ferreyra, Osvaldo Mansilla, Nelson García, Lucía Ponti y otros al menos dos cuyos nombres no trascendieron que murieron gracias a la burocracia estatal que puso montículos de tierra para impedir el paso del virus.

Y claro, el año en que Solange Musse no pudo cumplir su último deseo de ver a su padre; el año en que Mauro Ledesma se ahogó tratando de cruzar el río para ver a su esposa y a su hijta; el año en que conocimos a Abigail.

Que la mayoría de estas historias sean desconocidas a nivel nacional habla mucho de las organizaciones de derechos humanos, aún interesadas en hablar de Santiago Maldonado y una doble vara tan cínica como cobarde.

Pidamos más globos, hay que festejar este primer añito de vida de un gobierno que frente a la usurpación de tierras y viviendas tuvo una postura clara: “Qué sé yo, estoy re loco”. Los usurpadores le dan una paliza a Diego Frutos, un señor que tuvo la mala suerte de tener una cabaña frente al Lago Mascardi justo donde a una impostora de 16 años se le ocurrió que sus dioses le decían que debía rendirle homenaje. El gobierno no tardó en poner las cosas en su lugar: salió corriendo a socorrer a los usurpadores. ¿Cómo no festejar?

Para terminar el primer añito, el delegado de la megamechera les hace firmar a los gobernadores un pacto que les permite aumentar impuestos, cosa que no podían por un acuerdo con el gobierno anterior, el de los ricos avaros.

“El saldo es muy positivo y hay que ser muy necio para no darse cuenta de eso”, prepotea absolutamente fuera de la realidad un presidente cada vez más solo.

Y si aún imaginando, con mucho esfuerzo, que lo del saldo positivo fuese cierto, la manera en que el Presidente Angustias tiene para comunicarlo habla de un desprecio absoluto por el pensamiento del otro. “Si no reconcés que soy un genio, sos un necio”.

Eso dice la ¿máxima autoridad del país? Y se enorgullece.

Paradojas de la vida, el festejo del primer año de gobierno que tiene el Presidente Megáfono es como el que tuvimos millones de argentinos: solo, sin amigos, sin nadie que cante el feliz cumpleaños.

Este primer año el gobierno puede festejar que sus tres objetivos se están cumpliendo: impunidad, venganza y choreo. Se cumple también con sus ejes gubernamentales: “vamos viendo” y “la culpa es del otro”. Todo a través de la modalidad “hablemos de otra cosa”.

El problema que tiene el gobierno es que ya sabemos de qué se trata.

No queremos cantar el feliz cumpleaños.

Somos necios.

Queremos agarrar un palo y jugar a la piñata.

Origen: elsol.com.ar