Foto: Nijwam Swargiary – Unsplash

El proceso es así: uno va al médico porque se siente mal. Lo examinan por aquí y por allá, le preguntan un par de cosas y, finalmente, le prescriben unos medicamentos a través de una receta. Con buena suerte uno se toma aquella medicina y mano de santo, problema arreglado.

Con el caso venezolano se ha querido tomar en la última hora una ruta similar a la que se emprende con una enfermedad leve que se trata mediante recetas de consultorio. Cuatro pastillas y listo.

La canallada protagonizada por Maduro el 6 de diciembre pasado (en la que el chavismo se ha asegurado al menos 253 de los 277 parlamentarios de la Asamblea Nacional) ha dado combustible a medios internacionales –sobre todo en los Estados Unidos– para prescribir de nuevo manuales de buenas costumbres y correctos procederes que tienen que acoger quienes hacen oposición al chavismo en Venezuela.

Los fuegos los abre el Washington Post, publicando un editorial el 7 de diciembre en el que retrata el fraude cometido por Maduro apenas un día antes. Pero de seguidas se va a asomar que la crisis venezolana también es producto de la política maximalista y eminentemente incendiaria desde lo retórico que implementó Trump durante los últimos 2 años, dejando entrever una crítica a las sanciones económicas que durante ese tiempo se han implementado contra la cúpula chavista.

El Post le arrima la esperanza a una fresquita administración Biden que debe comenzar, en principio, por darle protección legal a los migrantes venezolanos que han sido expulsados desde su país de origen hacia los Estados Unidos pero, sobre todo, llama al líder demócrata a “aspirar a victorias más pequeñas” en lo referente al caso Venezuela. Cabe la pregunta: ¿Qué es una victoria pequeña para el board editorial de este diario? ¿Será acaso buscar convertir a Maduro en un comunista potable, bueno y racional?

La receta médica continúa en el New York Times, en donde el profesor venezolano Ángel Álvarez también disecciona el fraude que ha cometido Maduro el domingo 6 de diciembre y llega a la conclusión de que la oposición está en un mal momento por haberse metido demasiado en la agenda subversiva. Que contra el chavismo lo mejor es organizarse para hacer política y ganar elecciones. Que el problema acá es que los políticos se dejan guiar demasiado por los estados de opinión en redes sociales como Twitter y Facebook, cuando lo procedente es atender a ejemplos de resistencia democrática como el protagonizado por Walesa y Solidaridad en la Polonia de los 80s.

Ignora el Profesor Álvarez que la principal influencia del régimen chavista es el comunismo castrista que azota a Cuba desde hace más de 60 años (sin solución favorable hasta ahora, por cierto) y no la vieja URSS que sirvió de eje rector a los satélites comunistas de la Europa del este, como aquella Polonia en la que le tocó hacer vida a Walesa. De igual modo se obvian en este análisis las complejidades adicionales que entraña el entramado criminal en el que ha devenido el chavismo hoy: alianzas con las FARC y el extremismo islámico de Hezbollah y los pactos de conveniencia con el gélido Putin en Rusia y el Partido Comunista chino, por ejemplo.

Para los teóricos de las transiciones democráticas es fácil, igual que para el médico de librito, prescribir antibióticos para bacterias tradicionales; lo que no han logrado aún ellos es comprender que el chavismo conjuga tal cantidad de problemas y elementos criminales al mismo tiempo que es virtualmente imposible atenazarlos con una receta de la farmacopea tradicional. Así cualquiera da consejos…

Pero el desparpajo no tiene límites. En CNN en Español (cuya señal televisiva fue sacada del aire en Venezuela por el chavismo hace algunos años) le han dado tribuna al periodista argentino Pedro Brieger, quien discurre en una columna haciendo un análisis a posteriori de números y porcentajes de participación de lo ocurrido el 6 de diciembre, como si realmente en Venezuela existese un juego político normal con elecciones de verdad.

Corona sus argumentaciones el señor Brieger señalando que, amén de todo:

“Desde que Hugo Chávez ganó la presidencia en 1998 sus detractores han intentado derrocar al chavismo por la fuerza, por las urnas, boicoteando la institucionalidad e incluso nombrando un presidente encargado reconocido por numerosos países. Pero lo que no pueden aceptar es que el chavismo es un nuevo fenómeno político en la historia de Venezuela que tiene arraigo popular”.

Intuyo que para Brieger el chavismo es una pobre liebre asediada por un conglomerado de despiadados cazadores. Ha de ser tan bueno que expulsó del país a por lo menos 5 millones de venezolanos en los últimos años, condenando además al hambre y la miseria a la mayoría de quienes se quedan dentro de Venezuela. De allí su profundo “arraigo popular”.  

La tragedia termina en la BBC, que esta semana nos muestra en su portal una entrevista al indeciso profesional que es Henrique Capriles Radonski. En la conversación con Capriles lo que sale a flote es –además de su aversión a lo que encarnan Guaidó y su gobierno interino– la insistencia de que en Venezuela hay que procurar condiciones para que la gente vaya a votar, y que esto solo se logrará creando un “acuerdo” por esas condiciones con sectores del chavismo.

El afán de Capriles por proponer resolver todo a través de una elección en un país en el que no hay democracia es un viejo problema, al parecer incurable. Sin embargo, el otrora doble candidato presidencial venezolano no tiene empachos en sacar su libreta y prescribir medicamentos electorales y negociados. ¿Ignora acaso que al menos desde 2004 (cuando se intentó sacar a Chávez del poder a través de un Referendo Revocatorio) se han intentado infinitas rondas de negociación con un chavismo que, por definición, jamás dará su brazo a torcer en un escenario de estos? Un genio.

En suma, el cuadro es dantesco: varios medios de comunicación que en teoría son aliados de la “lucha” por la libertad y la democracia de Venezuela han terminado prestando sus páginas al servicio de la infamia. Retratan a una Venezuela en la que el chavismo no ha caído porque los opositores no votan, o porque se entusiasmaron con las salidas aventureras que les metió Trump en la cabeza, ignorando lo elemental: que lo del chavismo ha pasado a un plano extra-político, cuando no franca y abiertamente criminal.

Obvian el detalle de que Venezuela hace rato que dejó de obedecer a las lógicas políticas tradicionales que se dan, fundamentalmente, en las democracias en las que coexisten quienes gobiernan con quienes les adversan. Pasan por alto que este país no admite soluciones de manual ni recetas de médico de primer año para tratar resfriados.

Caen en la lógica infantil de que el chavismo lleva 22 años gobernando porque la oposición ha sido torpe en la aplicación de tal estrategia “x” o “y”. Como si aquí la cosa es meramente técnica y va de encuestas, marketing, comunicación política y otras menudencias que solo tienen alguna repercusión –si es que la tienen- en países democráticos.  Que lo que procede es acumular fuerza electoral, negociar cuando sea necesario y reconocer que el chavismo tiene ascendente popular y hay que “respetarle” su participación en la Venezuela futura.

¡Por Dios! Para quienes tienen sentido común creo que ya es más que obvio que la salida del chavismo será completa o, simplemente, no será. Para ficciones ya tenemos los cuentos de hadas. Así de crudo.

@neoadolfo

Origen: La Gaceta de la Iberosfera