Alberto Fernández cumple su primer año como presidente de los argentinos.  Los primeros 365 en la Jefatura de Estado estuvieron signados por una pandemia que aún no se va, más allá que en nuestro país la sensación es otra. El primero de los cuatro años en el poder, serán evaluados básicamente en cómo se administró la expansión del virus. De aquella frase es salud o economía, el presente encuentra que, en ambos puntos, las falencias han sido muy notorias. Los muertos superaron los 40 mil, cifra que supera, por cada millón de personas, a países que Fernández utilizó para compararse en la gestión. Y en economía ni hablar. Será una de las mayores caídas de la historia con más de 12 puntos. En medio de ello, lo encuentra a Presidente en la discusión por la ley de despenalización del aborto que él envío al parlamento. Y ahora sumaron la idea de suspender las elecciones primarias, una nueva prueba para auscultar en qué estado se encuentra la relación Casa Rosada-Instituto Patria.

Las PASO ahora buscan ser suspendidas. Por única vez. Como todo lo que se dice que es por tan sólo una ocasión en la Argentina y termina siendo
permanente. Los impuestos son un clara muestra de ello. En su primer año de gobierno, Fernández creó, aumentó o modificó 15 tributos nacionales.
Pero volviendo a las elecciones primarias, es justo decir que la idea de no realizarlas en el 2021 era anterior a la pandemia. El virus aparece
como la excusa perfecta, como lo fue la economía a principios del 2019 cuando un nutrido grupo de alcaldes de Juntos por el Cambio pedían lo
mismo. El problema no es el instrumento. Lo grave es la manipulación de las reglas depende quien gobierne y sus conveniencias. Nada nuevo bajo el sol.

De hecho, la creación de las Primarias en este formato, único en el mundo, se dio tras las elecciones de medio tiempo en 2009 cuando Francisco De Narváez le ganó a Néstor Kirchner. De haberlas habido en aquel entonces, los puntos que obtuvo la lista de Martín Sabatella por afuera del Frente para la Victoria se hubieran volcado a Kirchner en la general y quizá la historia hubiera sido otra. Con ese ejemplo en mano, se produjo el cambio de reglas. Que rige hasta hoy y que, en el último ejemplo para un oficialismo, fueron inconvenientes. Definió la elección presidencial en agosto del 2019 con las consecuencias que eso conllevó.

El análisis no requiere de mucha profundidad. Cuando un gobierno advierte que puede tener problemas electorales, trata de modificar las
reglas. Es claro que, para agosto, nadie podría garantizar que una incipiente recuperación económica y la salida de la pandemia este en su momento más alto. Con el adicional de complicarle la organización a la principal fuerza de la oposición para mantenerse unida. A eso hay que sumarle que los partidos más pequeños que reciben votos en las primarias, corren el riesgo de verse disminuidos en la general por el corrimiento de las preferencias en función de una sociedad que continua polarizada. Al margen de ser elecciones de medio tiempo, se juegan como si fueran por el poder ejecutivo. Sin embargo, al otro día, el presidente sigue siendo el mismo, cualquiera fuera el resultado.

En la provincia de Buenos Aires también se discute su suspensión. Son muchas las aristas que están ahora en la mesa de negociaciones con el gobierno de Axel Kicillof. El presupuesto es una de ellas, que podría desembocar en un abanico de temas. Los cargos que corresponden a la oposición, la modificación de la ley que impide la reelección de los jefes comunales y ahora lo de las PASO. Sabido es que Juntos por el Cambio aún mantiene mayoría en el senado bonaerense, clave para avanzar
o frenar cualquiera de las iniciativas.

Ahora bien, ¿Qué pasa con los intendentes y las primarias? Para la mayoría de los jefes comunales, al ser oficialismo en sus distritos, siempre hicieron lo posible para que no tengan que enfrentar listas que los desgasten meses antes y les hagan, sobre todo, gastar plata. En los casos donde se dieron es porque había una intención de esferas superiores de su propio partido para esmerilar o correr al jefe comunal de turno. Un último ejemplo fue en Moreno donde Máximo Kirchner no quería saber nada con el ex intendente Walter Festa y le armó una primaria con cinco listas. Es un caso excepcional de mal manejo de la política y la gestión local, porque con tanta competencia con sólo conducir con eficacia el aparato municipal nunca podría haber perdido. Distinto es cuando en la primaria compiten sólo dos candidatos.

Ahora se suma un elemento de discusión permanente en las mesas bonaerenses y es la idea expansionista de La Cámpora en los distritos. Por eso atribuyen la negativa de avanzar en el proyecto al diputado Kirchner. En realidad, para una elección intermedia, los candidatos locales que quieran discutir el liderazgo del intendente en el mismo espacio, cuentan con desventajas enormes. Salvo que una estructura nacional y provincial los avale. De suceder ello en el Frente de Todos sería una señal muy clara de quienes son los alcaldes anotados en la lista negra del Cristinismo, si es que los hubiera. De lo contrario, lo más probable es que se termine acordando en listas de unidad. En tiempo
de la pelea central es más adelante.

Mucho más ahora, en momentos donde aquellas ilusiones de crear un albertismo cuando los números en las encuestas lo proyectaban la
presidente a niveles altísimos, quedaron suspendidas. Nadie se anima a alentar, en lo más mínimo, un camino diferente y alejado de Cristina 
Kirchner, quien mantiene su sustento electoral con claridad en el Gran Buenos Aires. Quedará para otros momentos aquellas elucubraciones. Es momento de pensar en algo más terrenal. Paso a Paso. En Argentina nadie tiene la última palabra nunca. Mucho menos la bola de cristal.

Origen: laprensa.com.ar