Jorge Riopedre

JORGE DUANY: El éxodo del Mariel, 35 años después | El Nuevo Herald

40 años del exodo del Mariel ,Cuba

Si yo no fuera cubano tal vez habría simpatizado con la política socialista de Barack Obama, incluso con su apertura a Cuba, arropada por un juego de pelota junto a Raúl Castro, reminiscencia de la diplomacia del pin-pong de Richard Nixon, que abrió las relaciones con China; bellaca política que seguramente seguirá su alter ego, Joe Biden. Larga cadena de gestos del Partido Demócrata indiferente a la tragedia de Cuba, rechazado en las urnas por los cubanos del Sur de la Florida en la última consulta presidencial. ¿Cómo puede reaccionar de otra manera un cubano que conoce de primera mano lo que ocurrió en Cuba?

Si yo no fuera cubano tal vez reconocería la gestión presuntamente humanitaria del Senador demócrata Patrick Leahy en 2013, para que el espía cubano de la Red Avispa, Gerardo Hernández, presunto responsable por la muerte de cuatro miembros de la organización Hermanos al Rescate, se masturbara tranquilamente en su celda y depositará el semen en un recipiente trasladado a La Habana para inseminar a su esposa Adriana. ¿Cómo explicar semejante infamia?

Si yo no fuera cubano interpretaría las relaciones de los principales miembros del Partido Demócrata con Cuba, Venezuela, Nicaragua, como una política exterior acertada. Después de todo, ¿qué pueden hacer ellos? Esa gente no sabe lo que quiere, lo mejor es negociar y dejar que se las arreglen como puedan. Absurda política destinada a perpetuar la represión del régimen cubano contra su propio pueblo y los pueblos de Venezuela y Nicaragua ahora que la extrema izquierda se encuentra en su apogeo.

La cuenta es larga. Podría agregar profundas heridas de todas clases y colores a lo largo de más de medio siglo, en particular Bahía de Cochinos, y la negociación de John F. Kennedy con Nikita Khrushchev que selló definitivamente la suerte de Cuba, cuando quizá tuvo la oportunidad de poner condiciones más favorables. No es menos cierto que el Partido Republicano no ha hecho nada decisivo por liberar a Cuba ni parece dispuesto realmente a desestabilizar al régimen cubano. Al parecer obedece a una política de Estado definida hace muchos años por el entonces Secretario de Estado, Colin Powell, “We want a soft landing in Cuba”. Despierta, cubano; más claro ni el agua.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? La diferencia consiste en que los republicanos, incluido el Senador demócrata Bob Menéndez, se han abstenido de echar sal en la herida de la diáspora. No somos tontos, Cuba seguirá ahí, meciéndose al compás de las olas, habitada por una cultura miserable ajena a la Cuba nuestra, la Cuba que muchos de nosotros jamás volveremos a ver.

Pero ni el Partido Demócrata ni el Partido Republicano tienen la culpa de que nosotros, el pueblo que gritó, “esta es tu casa Fidel”, dejáramos entrar en las Américas, por la puerta del fondo, al comunismo internacional. Creo estar en lo cierto, bastante he visto en tres cuartos de siglo de constante análisis en torno a una sociedad con instinto suicida (tendencia explorada por Guillermo Cabrera Infante), interpretado por mi como un trastorno bipolar en el libro, Cuba, la lucha por su identidad. 

¿Qué otro diagnóstico puede ser plausible? Los cambios emocionales e inconexos con la realidad de este pueblo es similar a la algarabía que se forma cuando el circo llega a un pueblo; entonces la gente da rienda suelta a sus emociones al paso de los elefantes y el rugido de los leones mientras los payasos hacen reír con sus trucos y bromas. Pero la fascinación llega a su cenit cuando el maestro de ceremonia grita: ¡Paredón! ¡Paredón! ¡Paredón! Entonces no hay cómo escapar de la locura colectiva, el individualismo cede su paso al rebaño mientras el temperamento de cada cual se debilita arrastrado por el peso de las masas.

El castrismo lo ha borrado todo. Los remanentes de aquellos agitadores enfermizos convocados por el Partido Comunista a los actos de repudio malamente envejecen en Cuba o cobran sin la menor vergüenza el seguro social en Estados Unidos. ¡Qué gran pueblo! ¡Qué gran ejemplo! La última página de esta masacre cultural se irá con mi generación, nadie tendrá idea de los fusilamientos y el desfalco de la sociedad cubana, todo olvidado, todo enjuagado; borrón y cuenta nueva. ¡Qué bien!

Lamento no haber publicado lo que escribí hace años en tiempos de Obama. “¿Se repetirá en Estados Unidos lo sucedido en Cuba? Yo creo que sí, pero no será una réplica exacta de lo sucedido en la isla. Esa coreografía no consistirá en el espectáculo de una pandilla de pistoleros y aventureros bajando de las Montañas Rocosas o las Montañas Apalaches rumbo a Washington, con el mismo desenfado que los castristas se apoderaron de La Habana. No, será algo mucho más sutil, casi imperceptible, a largo plazo. No obstante, compartirá con el castrismo las características de un espíritu vengativo entre los sectores en pugna provocado (como tantas veces), por la desigualdad económica y la densidad poblacional. Pero no hay que alarmarse, la descomposición de la cultura norteamericana como resultado de factores demográficos y migratorios evolucionará lentamente; la mayoría de las personas que lean estas líneas no vivirán para verlo. Los que vivan dentro de cien años serán los encargados de confirmar o desmentir estas predicciones.”

Exilio cubano se moviliza contra la sucesión del poder de Castro -  Venezuela al dia