Cristina Kirchner puede verse en una situación incómoda si debe desempatar la votación en el próximo debate en el Senado.

Marcelo Duclos

Cristina Kirchner puede verse en una situación incómoda si debe desempatar la votación por la ley de la despenalización del aborto (Archivo)

En medio del debate eterno sobre la legalización y despenalización del aborto, pocos legisladores argentinos nombran la palabra tabú. Unos dicen que están “a favor de la vida” o de “las dos vidas”. Los otros, que defienden la “libertad de elección” o la “interrupción” del embarazo. La mención a la palabra “aborto” solamente surge cuando el sector verde hace referencia a los “abortos clandestinos”.

Del bando de los que defienden “la vida”, estuvo siempre Cristina Fernández de Kirchner. Como todo dirigente político de primera línea, más allá de las convicciones, siempre está presente la relación con la Iglesia. No hace falta recordar que el Vaticano es absolutamente intransigente con esta cuestión. Pero el espacio político de CFK se tornó mayoritariamente en favor de la legalización del aborto, a contramano de la posición histórica de la máxima referente. Las corrientes feministas, que llevan la voz cantante en estos asuntos, son en su amplia mayoría izquierdistas o kirchneristas.

Presionada por la tropa propia, y según Cristina, por su propia hija, la actual vicepresidente cambió de opinión al respecto y en 2018, como una senadora más, votó la propuesta “verde”. Desde entonces, allegados a la exmandataria y fuentes del más alto nivel, aseguran que Kirchner no está feliz con esta posición. Ya sea por sus principios o por su relación con el papa Francisco -que era pésima cuando Bergoglio era cardenal- votar por el sí parece haber sido un dolor de cabeza para Cristina. Igualmente, nadie del sector celeste le pasó demasiada factura. Hace dos años, el “no” finalmente se impuso por 7 votos, con 38 negativos contra 31 positivos. A lo sumo, los partidarios de uno y otro bando manifestaron algún malestar y desilusión con respecto a ciertos legisladores, pero nada más. Que Cristina desempate y defina para uno u otro lado sería una cosa muy distinta.

El voto “no positivo” de Julio Cobos, cuando éste era vicepresidente de CFK, enterró el proyecto oficial de retenciones móviles. Fue histórico: el país se pasó una noche en vela aguardando por la votación y un resultado que hasta último momento, resultaba incierto. Si hay algo que no quiere Kirchner es pasar a la historia de la mano del voto más incómodo de su vida.

Es por esto que la exmandataria incrementó la presión sobre los legisladores para que, sea como sea, la votación arroje un resultado definitivo. Para un lado o para el otro. Cristina no quiere desempatar bajo ningún punto de vista.

Su problema es que, como ocurrió con el conflicto del campo, la votación viene absolutamente reñida y un escenario de empate no sería para nada imposible. En el próximo debate en el Senado, la lupa y el foco estarán encima de los 72 senadores. Seguramente, todo tenga un precio y todo sea discutible en la negociación, incluso ausencias y abstenciones.

Si la pizarra arroja paridad, Kirchner tomará aire, hará un discurso para su platea (seguramente mencionando y recordando su posición previa como muestra de apertura y evolución) y votará a favor. Para sus militantes, ella pasará a hacer historia. Pero, por primera vez, Kirchner prefiere evitarlo a toda costa.

Origen:panampost.com