En realidad aquí son más grandes las interrogantes, tras más de sesenta larguísimos años de lo mismo con lo mismo, que cualquier respuesta que intentemos dar, sin que podamos aclarar realmente por qué padecemos tanta miseria, qué hicimos para sufrir tanto retroceso físico y espiritual, y dónde fue que nos equivocamos al aplaudir, como imbéciles a lo pin, pon, fuera…, la mediocridad y la mala fe de una revolución de calamidades y de un socialismo de tempestades.
A mí este tema me causa mucho dolor, mucha angustia y mucha tristeza porque sé, con conocimiento de causa, de qué estoy hablando.
Contar la cotidianidad de Cuba, de los cubanos de infantería, hablar de las vicisitudes, de la escasez, de la “falta de aire”, de los zapatos “incómodos”, de la subsistencia y de las penurias de la vida diaria, sólo uno de nosotros puede hacerlo porque, en la vida real, nadie como quien lo sufre en carne propia, para saber qué se siente al contemplar a nuestros hijos masticar un mísero pan vacío, atragantado en medio del pecho, bajo un calor absurdo, asfixiante y mirando la Luna para ver si esta les dibuja, en medio de tantas restricciones, frustraciones y tristezas, sus “muñequitos preferidos”.

Aquí nada tienen que ver las crisis mundiales, ni el absurdo “igualitarismo”, ni el país no tiene “divisas”, ni la mentira de una revolución victoriosa, aquí sólo caben la rabia, la frustración y un dolor inmenso, de ese que nos aprieta el alma, provocando que sea muy difícil entender por qué los cubanos hemos soportado tantas “mariconadas sociales” y por tanto tiempo.
Porque, e insisto en este punto, no hay justificación alguna, es decir, ni el embargo económico, ni la gusanera de Miami, ni los que tienen “un problema cultural” con los apagones, ni la moneda nacional a 24 y uno quema’o, ¿quién lo quemó…?, “el perrito goloso”, ni el cuc que voló como Matías Pérez, ni los enemigos de la patria, de la revolución, del socialismo y ni quienes justifican el atropello contra el pueblo cubano, para que un sólo niño, escúchenme bien, un sólo niño cubano, se acueste con hambre, juegue descalzo, añore algo tan básico como un juguete, una confitura, “pasear en coche” o sólo tome leche hasta los siete años.

La dictadura castrista, la nefasta tiranía totalitaria, criminal e ilegal que campea por su respeto en nuestra Patria desde el 1 de Enero de 1959, ha tenido suficiente tiempo para solucionar todos esos problemas, más de sesenta larguísimos años, un tiempo enorme, descomunal e impensado hasta para las más estúpidas e ineptas administraciones, pero: ¿Por qué no lo ha hecho? ¿Por qué mantiene la misma política probadamente ineficaz, retrograda e improductiva? ¿Por qué es tan indolente ante los horrores que vive el pueblo día tras día? ¿Por qué se empeña en que los seres cubanos pasemos tanto trabajo? ¿Cuál es el objetivo de mantener a Cuba como uno de los países más miserables del mundo?
La manipulación del cuento de la isla “bloqueada” por parte de la potencia bla, bla, bla, le ha servido a la tiranía castrista para justificar su inoperancia, su bochornoso fracaso, su improductividad y, sobre todas las cosas, el robo, el enriquecimiento ilícito, las cuantiosas fortunas de una dinastía familiar y la de sus más fieles sirvientes y “migajeros” oportunistas.
Pero todos estos mal nacidos tienen que pagar por lo que nos han hecho, no nos valdrá entonces el cuento de que la culpa es del enemigo de afuera.
Yo estoy convencido que la mayor parte de los cubanos no quisimos, ni pedimos, tamaña desdicha revolucionaria, no apoyamos su socialismo de tempestades, ni sus “planes de reordenamiento”, ni sus disparates aprobados por unanimidad pues, antes que tanta palabrería que no se come, ni conduce o nos lleva a algún lugar decente, preferimos que nuestros hijos se alimenten bien, se vistan y jueguen con decoro, con alegría y no se maten en las calles absorbidos por la violencia estatal o la del “barrio”.
Les ruego perdonen mi rabia y mis exabruptos pero no puedo contenerme, les juro que me duele profundamente ver a tantos cubanos padeciendo, innecesariamente, la situación en la que nos han obligado a vivir, sin merecerlo, porque somos un pueblo noble, trabajador, sacrificado y emprendedor, somos, en definitiva, un pueblo lindo y grande que siempre soñó, y aun lo hace, con un país próspero y de muchas oportunidades para todos, para todosssss.
¡Maldita dictadura castro-comunista!

Ricardo Santiago.

Origen:  Por Eso Me Fui De Cuba