Por Rubén Lasagno

Existen dos gobiernos con el menor índice de credibilidad; el argentino y el ruso. Uno por la falsedad de sus gobernantes y el otro por el secretismo gubernamental y el uso de la mentira para manipular la opinión pública en su país. Entre ambos nació un negocio inexpugnable para cualquier investigador: la vacuna Sputnik V.

Esta vacuna es la única de la cual no han trascendido ni sus componentes ni los ensayos. De hecho, en la propia Rusia se ha reconocido el faltante de la Fase 3, una etapa indispensable para saber si hay algún grupo etario o de riesgo que pueda reaccionar negativamente a su aplicación. Sacando Rusia y Belorusia (territorio sometido por Putín) la Sputnik V solo será aplicada en Argentina; ningún otro país la compró.

Sin embargo y a pesar de todas las contradicciones y falta de ensayos, el convenio con los rusos siguió adelante contra viento y marea. El gobierno de la Argentina no respondió a las críticas ni a las evidencias que la ponen en duda. Putín dijo públicamente que la Sputnik V él no se la ponía, porque no estaba indicada para mayores de 60 años. El revuelo en el mundo no fue tan grande como en nuestro país. Obvio, Alberto Fernández, el mismo que dijo que ya tenía la vacuna pero “no se la ponía por respeto a la gente”, no sabía como detener la andanada de críticas de los propios médicos, quienes exponían sus serias dudas sobre la valoración de la vacuna rusa.

El negocio con Rusia ya estaba cerrado, cuando Putín abrió la boca y su lengua le ganó a la discrecionalidad necesaria para no aventar más fantasmas sobre las dudas persistentes en el mundo sobre una vacuna cuyo secretismo llegó a no revelar nunca detalles de sus componentes e investigación, como exige la Food and Drug Administration (FDA) norteamericana, o la European Medicines Agency (EMA) de Europa.

Es magia 

Con el negocio cerrado y la vacuna en viaje, prácticamente, pero con la enorme carga negativa de las palabras de Putín y la falta de confianza pública, incrementado con la confirmación en el mundo de que la vacuna no tiene terminada la Fase 3 y la incontrastable verdad de que ninguno de los organismos internacionales mencionados le dio el OK a la Sputnik porque Rusia nunca cedió la información, más la inédita aprobación de la ANMAC de la vacuna Pfizer, que Argentina no compró, el gobierno argentino debió apresurar los tiempos y para ello necesitó forzar la realidad (una vez más) y apareció la magia: de pronto desde Rusia hicieron el primer pase mágico y el Centro Gamaleya en horas, anunció que se podían vacunar mayores de 60 años, pero sin duda a Putín no lo pudieron convencer todavía.

En la Argentina la magia fue estrictamente política; el Ministerio de Salud sin más, “aprobó” la vacuna rusa y obligó a la ANMAT a sacar un informe sui géneris donde el organismo técnico de control administrado políticamente por el FPV dijo “la información disponible en el corte preliminar muestra seguridad y una eficacia en un rango mayor al aceptable, así como también indica que no se han presentados eventos adversos graves, ni falta o menor efectividad en los diferentes grupos etarios para los cuales está indicada actualmente.”

Nótese que el organismo técnico no es contundente ni preciso en las consideraciones y esto tiene una explicación: la ANMAT nunca tuvo a su cargo la información necesaria para hacer una evaluación empírica, como sucedió con la Pfizer que sí envió toda la documentación pertinente  y tradicionalmente éste organismo nacional considera imprescindible que cualquier medicamento de uso público, sea aprobado previamente tanto por la FDA y la EMA, hecho que en la vacuna Spitnik V, no existe. Por eso y no por otra cosa, la ANMAT aprobó la Pfizer y no la Sputnik V, con el agravante que la primera nunca estuvo en los planes de compra del gobierno nacional.

Coronavirus en la Argentina: el Ministerio de Salud aprobó el uso en el país de la vacuna rusa Sputnik V

En medio de esta realidad aumentada, tanto por Putín como por Alberto y Cristina, sin mencionar la “payasada épica” del avión despegando y llegando con escasas 300 mil dosis que se aplicarán en escasos 150 mil personas a costos siderales de más de medio millón de dólares por viaje y varios funcionarios viaticando en dólares a costa del país, el ciudadano medio recibe con luces y sombras la opción de vacunarse o no. Sin embargo, también esto es mentira. Ni hablar de la promesa de vacunar antes de fin de año, después en el mes de enero y ahora a partir de abril…

No existe capacidad operativa ni vacunas para cubrir la demanda, pero el gobierno nacional espera hacer de este anuncio la sepultura de las noticias de corrupción, negociados, ebullición política partidaria interna, inutilidad de funcionarios y básicamente, intenta esconder detrás de tanto bullicio mediático, la agenda de la vicepresidente que tiene muy claro dónde quiere llegar y qué propósito persigue: lograr la impunidad propia y de toda su banda.

Solo la sociedad y los medios libres, podrán hacer que el gobierno no logre el objetivo de distraer a la sociedad, entre tanta mentira y objetivos aviesos, ocultos detrás de tanta maniobra sucia y oscura con la vacuna rusa y con la impunidad de sus impulsores

Origen:  OPI Santa Cruz

El kirchnerismo elige el imperialismo ruso y chino para hacer negocios ruines , luego se arrodilla con el imperialismo estadounidense ,para que le dé la venia con el FMI