Máximo Kirchner presentó un polémico proyecto que restringe el uso de las tierras afectadas por los incendios

Por: Walter Schmidt

La crónica de aquéllas horas previas al retorno al poder del 10 de diciembre de 2019 reflejan a una Cristina Kirchner tajante ante Alberto Fernández sobre qué temas serían de su interés personal en la gestión que se iniciaba. Nadie dudaba que entre esos cinco puntos estaría su situación judicial pero uno que llamó la atención, por su antelación, fue “Máximo 2023”.

¿Máximo Kirchner Presidente o gobernador? Faltaba mucho para dilucidar la intención de la vice respecto de su hijo, más allá del legado.

Si en algo coinciden todos es que la situación judicial de Cristina no ha mejorado sustancialmente. Los juicios que tiene siguen su curso, quizás con más lentitud, y no prosperaron jugadas de su defensa como la inconstitucionalidad de los arrepentidos en la causa cuadernos. El rol del Comité Beraldi buscando modificar la Corte no avanzó; sufrió un duro fallo del Alto Tribunal ratificando la condena contra Amado Boudou; lo mismo hizo Casación con Julio de Vido; y fracasó el intento de sacar de la cancha a los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castillo.

“Cristina tiene 67 años y quiere limpiar su prontuario judicial con Alberto. Sabía que no iba a ser fácil y quizás con cuatro años no alcanza. Por eso prepara el terreno para que Máximo sea Presidente y termine el trabajo. Ella va a tener 71 o 72 años nada más”, razona un avezado dirigente K.

Pero un gobernador peronista ya se animó públicamente a plantear que Alberto Fernández “debería ser el candidato del Frente de Todos en 2023”. El mandatario de Entre Ríos, Gustavo Bordet, argumentó que para que un ciclo presidencial sea exitoso es necesario ocho años. Son varios los gobernadores que piensan lo mismo pero que no lo dicen.

“Alberto no está en los planes de Cristina para 2023. De los otros dos que ella tiene en la cabeza, Axel Kicillof y Máximo Kirchner, me parece que la de Kicillof está complicada porque no ha demostrado en este primer año astucia para construirse el consenso suficiente y tiene muchos déficit de gestión. Y va a quedar sólo en la gatera Máximo, por lo visto casi la única garantía de Cristina de que tengan alguna solución sus problemas judiciales”, sostiene el analista político Carlos Fara.

Disconforme con la gestión del Gobierno, Cristina activa el plan B, cuyo primer paso es Máximo presidente del PJ bonaerense. Necesita que su hijo rápidamente adquiera poder dentro de la estructura política del peronismo, no sólo para manejar las listas de candidatos en las próximas elecciones legislativas.

Sólo Alberto Fernández podía frenar la ofensiva camporista. Pero en su permanente cuidado de no enojar a Cristina, se abrazó a la idea de equilibrio. Si él preside el PJ nacional, el PJ bonaerense debe quedar para Cristina, a través de Máximo Kirchner.

Los movimientos de Alberto F. van sepultando los deseos que alguna vez albergó el albertismo, que el mandatario asumiera la conducción del PJ nacional para peronizar el Frente de Todos por sobre el cristinismo.

“Alberto te dice que sí y te banca un round pero la pelea es a 14 asaltos. Entonces así es muy complicado construir algo” resume un intendente peronista.

Cristina no para de sumar poder. Maneja el Senado; la Cámara de Diputados dónde Máximo Kirchner tiene un mayor protagonismo a expensas de Sergio Massa que, como los intendentes albertistas, espera el respaldo presidencial que nunca llega. El Consejo de la Magistratura; la Procuración del Tesoro; varios ministros del gabinete nacional y muchos funcionarios de segunda línea en puestos clave. Y ahora el PJ bonaerense.

En el peronismo siempre hubo un solo sillón de conducción, sin lugar para dos. Bien lo sabe Eduardo Duhalde que le ofreció ser candidato a Néstor Kirchner en el 2003. Pero cuando el santacruceño asumió debilitado porque Carlos Menem le había negado el ballotage y observó que Duhalde conservaba el poder del PJ bonaerense, fue por él. Rompió, le ganó las elecciones legislativas y se quedó con el trono del peronismo y con el poder. Cristina no necesita subsumir a Alberto, porque él abandonó desde el principio la construcción de poder.

Para Fara, “Alberto no tiene el poder y probablemente nunca lo tenga de acá a diciembre del 2023, salvo que la Argentina entre en una situación de crecimiento económico y se olviden las cuestiones políticas. El peronismo se reconoce en liderazgos y el liderazgo mayor es de Cristina. En este caso no están juntos la lapicera y el poder real”.

El Presidente sabe que, como en el fútbol, no sólo le entregó al equipo rival el manejo de la pelota sino que también decidió no contraatacar. Por ahora resiste a dejarse hacer goles porque sería su final. De allí el enojo que mostró en los últimos días frente al aleccionador discurso de Cristina pidiendo que “los ministros que tienen miedo que se busquen otro laburo”. “El gabinete lo manejo yo, y lo que diga el resto me importa un bledo”, le escuchó decir un funcionario cercano.

Un esquema de poder como el que existe entre Alberto y Cristina sólo podría funcionar bien en un sistema parlamentario como el de Italia. Donde el Parlamento pone a un gobierno que no tiene poder para que haga el ajuste, por ejemplo, y el parlamento refrenda. Lo que de alguna manera ocurre ahora cuando la Casa Rosada decide pero después el Congreso manejado por Cristina, avala o corrige. Así pasó con la fórmula jubilatoria o con el aumento de tarifas a partir de enero, ambos vetados por la vice. Lo mismo que con la movida de los gobernadores para suspender las PASO, que tuvo el guiño del Presidente pero a la que Máximo le bajó el pulgar.

Es que La Cámpora sigue siendo un fenómeno del AMBA que necesita crecer en todo el país. Y para ello las PASO son vitales porque les permite competir contra la lista del gobernador de turno y obtener más lugares que si tuviera que negociarlos. Otra vez, la construcción permanente de poder de Cristina.

Nadie en el albertismo reclama una ruptura ni mucho menos con el cristinismo. Pero sí que el Presidente haga valer ese porcentaje que aporta, probablemente menor de poder, pero sin el cual el Frente de Todos no podría mantenerse en el Gobierno.

Durante siete años en Alemania, entre 1998 y 2005, el dirigente Joshka Fischer ocupó el relevante cargo de ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller, equivalente aquí a la vicepresidencia. Llegó hasta ahí no por ser un dirigente sólido sino fundamentalmente porque su partido Verde tenía los 7 puntos de los votos que el socialdemócrata Gerhard Schröeder necesitaba para ser jefe de gobierno. Por eso ambos conformaron una alianza electoral que gobernó esos siete años.

En el caso argentino es a la inversa. Quizás Alberto Fernández sea el que aportó el 7% para ganar una elección en la que Cristina contribuyó con la mayoría. Pero si no hay acuerdo en el Gobierno, no hay Gobierno. Y los más perjudicados serían Cristina Kirchner y La Cámpora. Es que al final de juego, el peón y la Reina van a parar a la misma caja.

Origen:Clarín