Tras el voto afirmativo en la Cámara de Diputados, el Senado argentino comenzará a debatir este martes si aprueba la legalización y despenalización del aborto en una votación que se prevé ajustada y cuyo resultado final no está claro.

En 2018, el Senado estuvo en una situación idéntica y votó en contra de la legalización de la interrupción del embarazo. Sin embargo, los cambios en la composición de la Cámara y que esta vez el proyecto de ley haya sido enviado por el Gobierno podrían suponer que la balanza se incline a favor de la legalización y la despenalización en esta ocasión.

Las ‘verdes’ —por el color del pañuelo que llevan las mujeres a favor de la legalización— y ‘celestes’ —que identifica a las que están en contra— han vuelto a ser convocadas para ocupar las calles durante la votación y presionar así a los pocos senadores que permanecen indecisos.

Según los cálculos de medios como el diario local ‘Clarín’, 33 senadores votarán a favor del aborto legal y 32 en contra, mientras que cinco permanecen indecisos y dos estarán ausentes.

El proyecto

En Argentina, son legales las interrupciones del embarazo en casos de violación o que pongan en peligro la salud de la mujer. Fuera de esta lista de causales, el resto de abortos son un delito penado con la cárcel, algo con lo que este nuevo texto legislativo busca terminar.

Con el nuevo proyecto, las mujeres argentinas de más de 16 años podrán abortar de manera legal durante las 14 primeras semanas de gestación tras firmar un consentimiento informado por escrito.

Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, una ONG que se precia de proteger la vida humana y que es una de las organizaciones que apoya el proyecto, ha manifestado que este proyecto de ley que, de hecho, servirá para matar a miles de inocentes es “muy bueno” y “superador” con respecto a otros proyectos aprobados en Hispanoamérica.

Despreciando por completo la posible objeción de conciencia de algunos médicos, el proyecto de ley obliga a todos los hospitales a tener un facultativo que esté dispuesto a practicar un aborto y a practicarlo en un plazo de diez días tras la solicitud.

Es más, la politóloga Florencia Messore ha señalado que este tipo de requisitos se incluyen en texto para evitar que algunos sectores “tanto judiciales como médicos” utilicen ciertos procedimientos para evitar práctica el aborto, una situación que se da en las provincias del norte de Argentina.

Junto al proyecto, también se vota el conocido como ‘Plan de los 1.000 días‘, un paquete de medidas económicas que busca dotar de mayor seguridad a las mujeres que tengan hijos en un contexto de aguda crisis social en el país.

El Senado y la controversia

Las provincias del norte que se encuentran representadas en mayor proporción en el Senado fueron las que en el proyecto de 2018 decantaron la balanza y consiguieron que la ley fuera rechazada.

Pese a que Argentina es una sociedad fuertemente polarizada, la grieta entre el Gobierno y la oposición no explica completamente las distintas intenciones de votos entre los senadores, ha subrayado la politóloga, que señala que la oposición al aborto legal, los llamados ‘celestes’, es un movimiento transversal con representantes de izquierda y derecha.

Tanto dentro del peronismo, la coalición gobernante, como en la oposición habrá senadores que defiendan el ‘sí’ y el ‘no’, lo que da muestras de la división que existe respecto a la interrupción voluntaria del embarazo en la sociedad argentina.

En regiones del norte del país o que comparten frontera con Chile, la Iglesia Católica tiene mucha influencia, lo que según Messore supone que estas provincias y los senadores sean más conservadores y estén en contra del proyecto de ley.

La Iglesia presiona para que se vote en contra de la legalización —incluso realizó una misa en la catedral de Buenos Aires mientras se votaba— y ahora varios senadores han reconocido haber recibido llamadas del obispado. Además, la Conferencia Episcopal no ha solicitado mantener un encuentro de fin de año con el presidente del país, como es tradición.

La votación se anticipa tan ajustada, que no se descarta que termine en empate y sea la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien con su voto de calidad como presidenta del Senado lo rompa.

La ex presidenta corrupta Fernández estuvo gran parte de su carrera política en contra de la legalización, pero en 2018 votó a favor y se espera que haga lo mismo en caso de que se necesite para aprobar el proyecto.

La implementación

En caso de que este martes el Senado apruebe el proyecto, Amnistía Internacional espera un largo camino hasta que se implante de manera regular en todas las provincias de Argentina.

Sin embargo, la aplicación no se disputará solo en los tribunales, ya que la directora ejecutiva de Amnistía Internacional cree que, al residir las competencias de sanidad en las provincias, las más conservadoras pondrán problemas en la implementación o buscarán desarrollar reglamentos “menos garantistas que el proyecto regional”.

Belski espera que la legalización del aborto en Argentina sea un comienzo de una expansión de esta aberración por Latinoamérica en base a la acción diplomática del país y los ejemplos extraídos del movimiento de mujeres que ha impulsado desde las calles el debate.

No obstante, para que eso ocurra, deberá haber más votos positivos que negativos en el Senado este martes en una jornada que marcará el final de un año complicado para los argentinos.

 

Origen: La Gaceta de la Iberosfera