Por Rubén Lasagno

– “No necesitamos que nos digan a los argentinos, mucho menos a nuestro espacio político que tiene siempre una especial sensibilidad en el respeto de los derechos humanos”, dijo públicamente el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, saliendo al cruce de las críticas que le llovieron al gobierno nacional por la parodia realizada por Pietragalla en la Formosa de Insfrán, donde se vulneran  hasta los más elementales derechos de las personas.

Mucho menos lo necesitamos en nuestro espacio, que tiene una especial sensibilidad con estos temas. Somos hijos de Madres y Abuelas [de Plaza de Mayo]“, concluyó el funcionario nacional sobre el mismo tema, intentando dar una cátedra pública sobre la honestidad intelectual del peronismo/kirchnerismo, a la hora de levantar la bandera que ellos mismos pisotearon en tantas oportunidades y recurriendo a lo que ayer mismo escribí referido al tema de la repetición de las falacias: la posverdad K.

Indudablemente Santiago Cafiero cree que Argentina nació con ellos, el pasado político del país no existe y el partido al cual pertenece es un dechado de virtudes, ejemplo de construcción democrática y un garantista de los derechos humanos en esta parte del mundo. Error. El Ministro no solo desconoce la historia reciente o hace una elipsis adrede en el pasado, sino que omite decir que su abuelo fue parte importante del movimiento político y el gobierno que mandó a aniquilar a la subversión, es decir, aquellos que se levantaban en armas contra el país en los años ´70, muchos de los cuales andan con el cartel de políticos, haciendo gala de su pasado “revolucionario”, después de haber puesto bombas, matado gente inocente y peleado una guerra inadmisible para la Argentina, favoreciendo, claramente, la aparición de los dictadores que asolaron la nación, con la excusa de combatirlos a ellos para evitar lo mismo que los dictadores hacían.

Ese gobierno peronista de entonces, luego de la muerte de Juan Domingo Perón quedó en manos de su esposa Isabel Martínez. El 13 de septiembre de 1975 la presidente Isabel Perón inició un período de licencia de poco más de un mes. En compañía de las esposas de los comandantes de las tres armas, Videla, Massera y Fautario, se refugió en la localidad de Ascochinga, provincia de Córdoba. Y el gobierno quedó en manos de Italo Lúder.

En ejercicio de sus funciones el gobierno confeccionó el Decreto 2770/75 el 6 de octubre de 1975 y con el fin de “reglar la intervención de las FFAA”, dice en su argumento principal “visto la necesidad de enfrentar la actividad de elementos subversivos que con su accionar vienen alterando la paz y la tranquilidad del país, cuya salvaguardia es responsabilidad del gobierno y de todos los sectores de la Nación”, ordenó “aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país”, dice textualmente el documento, tras el cual la Argentina se tiñó de rojo.

Abajo a la izquierda del recordado documento, firma Antonio Cafiero, abuelo de Santiago, tan defensor de los DDHH de un partido que no tiene buena memoria, como no la tiene el funcionario nacional, que desconoce la dinastía de la cual proviene y la cual fue fundadora, de la mano de Antonio, del mayor genocidio que vivió la Argentina y de la cual Santiago parece no tener la menor idea. Origen: opisantacruz.com.ar