Con el teniente coronel Hugo Chávez, en la presidencia de Venezuela en 1999, comenzó el apogeo del Foro de São Paulo. En ese tiempo había un conjunto de dirigentes marxistas que –pese a su vileza– contaban con ciertas cualidades o carisma para ejercer liderazgo.

Con el teniente coronel Hugo Chávez, en la presidencia de Venezuela en 1999, comenzó el apogeo del Foro de São Paulo.  En ese tiempo había un conjunto de dirigentes marxistas que –pese a su vileza– contaban con ciertas cualidades o carisma para ejercer liderazgo. Fue la “década dorada” de la izquierda, cuando gobernaban simultáneamente Fidel Castro, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Michelle Bachelet, Evo Morales, Rafael Correa, Tabaré Vásquez, Fernando Lugo, Mel Zelaya, y el propio Chávez. Luego, durante la década del 2010 al 2020, todos ellos fueron perdiendo el poder.

Tal como hemos documentado en artículos anteriores, actualmente el Foro de São Paulo pretende lanzar una nueva ofensiva por el poder regional; de hecho, se siente optimista luego de los triunfos de Andrés Manuel López Obrador en México, Alberto Fernández en Argentina y de recuperar el poder en Bolivia, así como de alcanzar el primer lugar en Ecuador (aunque aún falta la segunda vuelta).

Sin embargo, el Foro de São Paulo –y su flamante Cancillería ejercida por el Grupo de Puebla– enfrenta un gran escollo, porque los líderes emergentes de la izquierda no cuentan con el mismo carisma ni la misma labia. Es evidente que López Obrador, Nicolás Maduro, Alberto Fernández, Luis Arce y Andrés Arauz, no tienen el atractivo de sus predecesores.

Luis Arce, por ejemplo, es visto como una marioneta de Evo Morales. Nicolás Maduro es rechazado hasta por los llamados “chavistas originarios”, quienes lo acusan de destruir el proyecto bolivariano. Andrés Arauz es considerado más un tecnócrata que un político. Y Alberto Fernández pierde cada vez más popularidad por su mala gestión, profundizada ahora por el escándalo de la vacunación VIP.

La ineficiente gestión administrativa y la falta de liderazgo de esta nueva camada de dirigentes marxistas –que siguen instrucciones de sus jefes Raúl Castro y Lula de Silva, señalados de crímenes de lesa humanidad y corrupción – son obstáculos para el proyecto de expansión trazados por la organización. Los pueblos exigen soluciones que ellos no son capaces de dar.

Un ejemplo concreto: Argentina

El pasado lunes 22 de febrero, el Ministerio de Salud argentino tuvo que dar a conocer un listado conformado por 70 personas que fueron inmunizadas con la vacuna rusa Sputnik V, luego de que el reconocido periodista Horacio Verbitsky, contara en la radio que “por su amistad con el exministro de Salud Ginés González García había sido vacunado” en el propio ministerio. Esto desató molestia en la ciudadanía y comentarios en los grandes medios de comunicación del país. Se prendió el alboroto.

En su defensa, el mandatario ha declarado desde México que los vacunados son personas estratégicas.  Es decir, son claves los políticos peronistas, sus esposas e hijos, exmandatarios y sus familias empresarios y amigos del gobierno, así como, funcionarios de segunda y tercera línea de distintos ministerios, antes que médicos, personal de salud en general y ancianos.   

Además, Fernández no tuvo mejor idea que justificarse atacando al sistema de justicia, a los medios de comunicación y a los líderes opositores; luego de lo cual el bloque de diputados del PRO expresó: “Alberto Fernández es un presidente desbocado y sin rumbo que extorsiona a la Justicia y defiende lo indefendible”.

A las “Vacunas VIP”, se le agrega la crisis de la carne. La agencia de noticias alemana Deutsche Welle, informó en su cuenta de Twitter los primeros días de febrero, que “el consumo de carne bovina per cápita en Argentina cayó en 2020 al nivel más bajo de los últimos cien años. La razón es un encarecimiento de los precios que el gobierno argentino atribuye a mayores exportaciones a China”.

No en balde en las redes sociales se burlan del Socialismo del Siglo XXI, alegando que consiguió lo imposible: Argentina sin carne, Venezuela sin petróleo y Cuba sin azúcar. ¡Increíble!

Por otra parte, el tema de la inseguridad comienza aparecer, en los sondeos de opinión, como uno de los principales problemas que sufren los argentinos. Una encuesta realizada por la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires en diciembre pasado, reveló que el 88 por ciento de los encuestados, considera “muy probable” o “bastante probable” sufrir un hecho de delincuencia. Además, casi 7 de cada 10 aseguraron haber reforzado sus casas con rejas.

Así las cosas, el interés del gobierno de Fernández no es la salud ni la seguridad de su pueblo, o reactivar la economía, sino impulsar el marxismo cultural, con proyectos como la recién aprobada “Ley No. 27.610”, del 30 de diciembre de 2020, la cual establece que el aborto inducido es legal y que además debe ser gratuito.

Quiero hacer un aparte en esta entrega, para destacar el importante papel del periodismo investigativo en Argentina y en particular el trabajo de Jorge Lanata, quien reveló en el 2013 todo un entramado de corrupción del periodo kirchnerista y las operaciones que habría realizado el empresario Lázaro Báez –señalado como testaferro de Néstor y Cristina– para sacar del país millonarias sumas de dinero cobrados por obras públicas, con destino a paraísos fiscales. La denuncia de Lanata le costó insultos, amenazas y persecusiones. Pero le acompañó durante 12 años la verdad.

Este miercoles 24 de febrero, Báez fue condenado a 12 años de cárcel por la maniobra de lavado de dinero de casi 55 millones de dólares que se conoce como “la ruta del dinero K”. La decisión podria ser un anuncio inquietante para la expresidente y actual vicepresidente, Cristina Kirchner, quien está siendo juzgada en la llamada Causa Vialidad, donde fueron favorecidas empresas de Báez en los 12 años de gestión su gestión y la de su marido.  Y es que estos comunistas, sí cumplen la promesa de redistribuir la riqueza, pero entre ellos.

Origen:  La Gaceta de la Iberosfera