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El estadio de fútbol opulento en Santiago está rodeado de la miseria: pan y circo.


Miguel Wiñazki

La Argentina en el Espejo: Cristina Fernandez grita. Rebelión y horrible represión en Formosa. Un gran estadio demagógico en Santiago del Estero, vacunas robadas y médicos muertos. No se estaría percibiendo bien desde el poder la ola de indignados que se incuba y que empieza a brotar.

Gildo Insfrán aumentó los salarios de todos los empleados públicos en un 42 por ciento.

Se habrá de diluir el aumento embebido en la inflación, pero las ataduras sociales hacia el líder impiadoso se volverían más esclavizantes, según la lógica antigua.

Sin embargo algo profundo está emergiendo. Primero los jóvenes de Clorinda se manifestaron a viva voz contra el sistema de enclaustramiento tiránico y ahora tras el retroceso a la Fase 1 de la cuarentena, los formoseños salieron a las calles de la capital desobedeciendo al inclemente gobernador. La tensión se volvió atroz entre balas de goma, cachiporras, palos y gases lacrimógenos.

Arremetieron contra hombres y contra mujeres. Hirieron, golpearon y encarcelaron.

¿Cómo hará el oficialismo nacional para seguir sosteniendo al tirano perpetuo?

El senador José Mayans es un explícito ladero de Cristina Fernández en la Cámara alta. Es un alto aliado.

Pero Insfrán no es el único tirano.

El estadio de fútbol opulento en Santiago del Estero se yergue rodeado de la miseria y de la subordinación al caudillo Gerardo Zamora que antepone el circo al pan. El halo de la agonía y muerte de Abigail abrazan invisibles pero tangibles a ese monumento oprobioso.

Claudia Ledesma Abdala de Zamora, la esposa del gobernador de Santiago, es otra alta espada de Cristina Fernández, y la sigue inmediatamente en el orden de la sucesión presidencial.

El Primer Magistrado inauguró el elefante blanco y elogió y justificó al nuevo Coliseo feudal. “Los santiagueños deben tener orgullo del estadio que voy a inaugurar ahora. ¿Quién ha dicho que en el interior del país no puede haber un estadio de esa naturaleza? ¿Dónde está escrito? ¿Quién lo ha dicho? ¿Por qué de eso podemos disfrutar los porteños y no puede disfrutar un santiagueño? ¿Quién ha dicho eso?” No hay agua, no hay un sistema de salud sólido, falta todo en Santiago.

¿Dónde está escrito que los Santiagueños deben sufrir la miseria y tener a cambio una cancha magnificente?

La vicepresidenta vocifera sobre sí misma durante 48 minutos y 26 segundos. Lanza admoniciones gritoneadas, lapida a la Justicia, omite toda referencia a los muertos argentinos por la pandemia y al escándalo de la vacunación de privilegio y disciplina al Gobierno tras sus gritos. Ahora, inclinados tras ella, desfilan los funcionarios obedientes y replicándola con tal de satisfacerla mientras horadan a la democracia misma intrusando a la Justicia. El sistema vertical de Insfrán en algún punto tiembla y Cristina Fernández también luce estremecida y por eso grita, y el Estadio no generó aplausos unánimes. Sembró críticas y en un sentido produce conciencia sobre la disparatada demagogia que pretende encubrir la pobreza con los velos de la carísima fiesta del deporte instrumentado como velo de la verdad.

La doctora María Rosa Fullone, que trabajaba en la guardia del Hospital Fernández, murió víctima del Covid. La vacuna que le correspondía fue robada por un amigo del poder. El doctor Carlos Emilio Sereday era jefe de la Unidad de Cirugía Plástica del Hospital de Quemados. Trabajó durante toda la pandemia. Se contagió de coronavirus y murió. Su vacuna fue aprovechada por otro amigo del poder.

El Diablo del feudalismo alecciona, produce discípulos e incuba indignados.

Desde Santa Cruz hasta Santiago, desde Formosa hasta San Luis, y desde allí hacia el país entero. El intendente de la localidad bonaerense de Roque Pérez se aplicó la vacuna y propagandizó el momento retratándose mientras le inyectaban la Sputnik V junto a un gran fotografía de Vladimir Putin.

Le agradece el antídoto a Alberto Fernández, a Cristina Fernández a Axel Kicillof y a ¡Putin!

Los justificó con una alabanza equívoca: “Traje la foto porque estoy orgulloso de él. Todos decían que nos iba a envenenar y nos está salvando la vida”. No coincide, ciertamente, Juan Carlos Gasparini, el intendente, con la visión y las vivencias del opositor a Putin, Alexei Navalny, primero envenenado y ahora encarcelado en una subhumana cárcel rusa tan distante de Roque Pérez como Gasparini del conocimiento de la política internacional.

Desde la cúpula del poder hasta las numerosas intendencias, el sistema de subordinación y obsecuencia se extienden esclerosados.

Oímos los gritos, observamos las manos aceleradas, los labios raudos, las advertencias y las inconsistencias vicepresidenciales. Observamos la represión de Insfrán y la oferta de soportar la miseria a cambio de un estadio de fútbol. Presenciamos el robo elitista de las vacunas. Los médicos muertos son testigos, Abigail es testigo. Y todos las víctimas de Formosa lo saben.

La mentira y la muerte testimonian la locura.
Fuente:CLARIN