El menemismo nos dejó riqueza, desigualdad y tongo. El kirchnerismo se patinaría la riqueza sin modificar la desigualdad y llevó el tongo a récords nunca vistos.

Por DANIEL NIETO

Desde diciembre de 2001, cuando implosionó el sistema monetario conocido como “la convertibilidad”, la reflexión sobre los ’90 ha sido el tema elegido por cientos de tesistas de ciencias sociales. El balance en la academia ha sido casi siempre negativo. Sin embargo, la muerte de Carlos Menem parece haber renovado la curiosidad sobre la cuestión en relación con la figura de Menem, en tanto líder máximo del experimento económico liberal por excelencia en la historia política argentina desde la década del ’80 del siglo XIX. En este sentido, Menem es más que Cavallo, quien fue quien dirigió los detalles técnicos del programa de reformas. Por lo tanto, en estas líneas se propone debatir sobre “menemismo”, la conjunción de una agenda amplia de reformas económicas desarrolladas en la mayor parte de América Latina, más o menos en los mismos años, con las prácticas políticas (construcción de poder) del Partido Justicialista asociado con las organizaciones liberales y conservadoras clásicas. La reflexión sobre el menemismo que se intenta es retrospectiva: qué quedó de aquel proceso en la actualidad y (ya se verá) por qué quedó tan poco. Y también, si lo que quedó de aquello es un recurso o un lastre para los que actualmente rechazan el antiliberalismo explícito que domina al Partido Justicialista manejado por la familia Kirchner.

El menemismo fue el gran articulador del consenso reformador de la economía argentina. La economía argentina basada en el mercado interno de importaciones parcialmente sustituidas había caído herida de muerte a mediados de los ’70. Sin embargo, ni la dictadura militar ni el gobierno de Raúl Alfonsín pudieron construir una agenda de reformas para superar la crisis. Para ser sinceros, hay que reconocer que el radicalismo formuló desde 1985 un intento de construir un consenso modernizante de la economía del país. El famoso discurso de Parque Norte y la agenda de reforma estatal formulada por Rodolfo Terragno postularon un horizonte de cambio económico, integración a la globalización en curso y de modernización del complejo industrial. El peronismo de entonces no fue un buen socio para ese plan. Más allá del acuerdo entre ambos partidos para rechazar cualquier alteración del orden constitucional, el PJ se encargaría de bloquear “por izquierda” cualquier atisbo de cambio económico promercado.

En la campaña presidencial de 1989, el radical Angeloz sería el candidato de la modernización y el del PJ, Menem, el candidato de la resistencia popular al ajuste.

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Origen: Los regalitos de Menem | Seúl