El sistema de pensiones argentino no es capaz de garantizar las jubilaciones futuras ni de sostenerse por sí mismo. Un estudio determinó que nuestro sistema no cumple las condiciones deseadas en integridad, sostenibilidad y adecuación.

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La estatización del sistema privado AFJP y el retorno al dirigismo estatal sobre los haberes jubilatorios generó una suerte de financiamiento para el gobierno kirchnerista de aquel entonces, pero supuso un gran costo futuro para el país.

La pésima calidad en las regulaciones laborales y su contracara en el trabajo informal, así como la administración ineficiente de los recursos y el envejecimiento progresivo de la población, son factores que condenan al fracaso a cualquier sistema de reparto en el largo plazo.

El caso argentino resulta paradigmático, pues si bien no tenemos una población con el grado de envejecimiento que la eurozona y otros países desarrollados, nuestro sistema de reparto permanece en la quiebra absoluta, y debe ser rescatado sistemáticamente con recursos adicionales.

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Origen: derechadiario.com.ar