MAJESTAD.JPEG

El flamante ministro se presentó ante los medios expresándose de manera contundente: “My name is Soria, James Soria”.


Alejandro Borensztein


En momentos de confusión como los que estamos viviendo, no debemos perder el foco sobre lo realmente importante. Por suerte, para mejorar la situación del pueblo, llegó lo que todos estábamos esperando. No me refiero a las famosas vacunas con las que tanto molestan los medios concentrados, sino a algo mucho más trascendente: un ministro de justicia como Dios manda. Gran noticia.

El flamante ministro se presentó ante los medios expresándose de manera contundente: “My name is Soria, James Soria (en realidad el tipo se llama Martín pero le vamos a decir James para que tenga más punch).

Si bien el ministro no posee ningún pergamino ni jurídico ni académico ni nada, tiene eso que lo transforma en un jugador diferente. Un distinto. Era lo que se necesitaba.

La nueva designación completa un combo de lujo. El Ministro Soria, una persona de la que todo el mundo habla maravillas, es hijo de quien fuera jefe de los servicios de inteligencia de Duhalde. Su hermano es un funcionario de los servicios de inteligencia, su viceministro (Juan Martín Mena) fue vicejefe de los servicios de inteligencia, y él mismo trabaja en coordinación con el diputado Tailhade (ex funcionario de los servicios inteligencia de Cristina) y el senador Parrilli (ex jefe de los servicios de inteligencia, también de Cristina). Todos buenos muchachos. Basta verles la cara para darse cuenta.

La misión encomendada a este titán del delito (hablamos de combatirlo, obviamente) es salvar a su Majestad Cristina y terminar con esos jueces y esos periodistas del lawfare. Seguro que lo van a lograr. Tanta inteligencia junta no puede fallar.

A propósito, cada vez que el ministro Soria habla de lawfare pronuncia “loufer”. Caramba. Alguien de confianza debería explicarle que no se dice “loufer” sino “lofer”. Si vamos a jugar a ser Bruce Willis en Duro de Matar, hagámoslo bien. Si no, en un mes más esto termina siendo Tiburón, Delfín y Mojarrita.

Yo no me quiero meter en las estrategias políticas de la emancipación bolivariana cristinista, pero entre el “bad informeiyon”, el “loufer” y la designación de Felipe Solá en la Cancillería, ya sería hora de que el kirchnerismo se inscriba en un cursito de inglés.

Por supuesto, en esta pelea entre buenos y malos, esta página siempre va estar del lado de los buenos: “Soria and his friends” (no se por qué pero en inglés todo esto se entiende mucho mejor). Con sus brazos en jarra o cruzados sobre el pecho, Soria se hizo respetar de entrada con un mensaje fortísimo: “My name is Soria, the Justice is a shit and Cristina is innocent”. Chupala Berni.

Este nuevo gesto del gobierno emana tanta confianza y tranquilidad que, a esta altura, ya no se entiende qué más necesitan los inversores del mundo para poner guita de una buena vez en la Argentina. Damos pues la bienvenida a este nuevo crack de la familia kirchnerista. Good luck champ.

Dicho todo esto, no debemos pasar por alto otros episodios importantes de la semana vinculados con lo anterior. Para poder entenderlos mejor, pongamos todo en contexto. Sinteticemos la historia.

Hemos vivido 12 años de un autoritarismo tan divertido como inútil que tuvo dos elementos fundamentales: el inolvidable hit “vamos por todo” y la incansable ineptitud para administrar cualquier cosa, incluido el choreo. Por eso tienen el quilombo legal que tienen. Si hubieran afanado con más profesionalismo hoy no estarían haciendo los malabares que hacen con la justicia y mucho menos andarían molestando a gente tan importante como James Soria 007 & his boys.

Pasada la década genial, en 2015 elegimos a un presidente para encausar el país hacia un formato un poquito más occidental. El tipo tenía dos opciones:

Opción 1. Explicar la gravedad de la situación y convocar a un gran acuerdo nacional que incluyera a todos para poder encarar las grandes reformas necesarias que había prometido.

Opción 2. Hacerse el sota y salir al balcón de la Casa Rosada bailando al ritmo de Gilda (no me arrepiento de este amor, aunque me cueste el corazón, lara, lara, la la la).

Las razones por las que eligieron el plan Gilda se supone que están explicadas en el libro que el Gato presentó el jueves pasado. El que tenga paciencia lo puede ir hojeando para ver si dice algo al respecto. Y si no, habrá que esperar que hagan la película, que seguramente va a ser más entretenida.

En cualquier caso, se ve que el plan Gilda no era el más indicado porque todo terminó con Cristina otra vez en la Casa Rosada, manejando el país en una versión remixada del “vamos por todo”.

Si bien esta nueva versión incorporó la novedad de un gerenciador a cargo bajo el título de “presidente”, en esencia el kirchnerismo mantiene intactas sus dos mejores virtudes: el autoritarismo y la ineptitud. De ahí se desprende todo lo que nos pasa, desde la embestida contra la Corte Suprema hasta la falta de vacunas. Ese es todo el secreto. No hay más.

En este contexto, el jueves vivimos un par de episodios que, pese a que ocurrieron casi en simultáneo, no deberían confundirnos. No sea cosa que la sarta de genialidades que dijo el “presidente” por cadena nacional a las 21:00 horas nos opaque la sarta de genialidades que había dicho el Gato a las 19:00.

Primero Macri repitió el verso del cambio frente a un auditorio que terminó aplaudiendo al grito de “si se puede” mientras afuera en la calle sonaba el tema de Gilda. Hermoso el revival.

Después el “presidente” habló por cadena nacional para hacer un anuncio muy importante: vamos a tener muchas vacunas, pero no por ahora. Luego agregó que cada argentino conoce a otro que ya se vacunó. El hecho de que posiblemente todos conocemos a uno y él conoce a miles porque son sus amigos, sus funcionarios y sus militantes, es un detalle que se olvidó de comentar.

En realidad, comparado con la gloriosa llegada de Soria, todo esto son pavadas. Pero de todos modos vale la pena recordar un dato.

El 27 de diciembre pasado, el “presidente” declaró que el gobierno uruguayo le había pedido ayuda para conseguir vacunas y que él estaba dispuesto a dar una mano. También a Bolivia. Dijo textualmente: “Me limité a ellos (Uruguay y Bolivia) porque fueron los dos que me lo pidieron, pero todo lo que podamos hacer para ayudar a los que lo necesiten lo haremos”. Al día siguiente, los uruguayos le contestaron que nadie le pidió nada, que muchas gracias, que no se meta y que ellos se las iban a arreglar solitos.

Tres meses después, nosotros no tenemos vacunas y los charrúas ya recibieron suficientes dosis como para aplicarle una al 60% de la población o dos al 30%. Vacunaron con la Pfizer al personal de salud, al de seguridad y a los mayores de 80. El martes pasado recibieron 1.500.000 Sinovac con las que están vacunando a todos lo que tienen entre 50 y 70 años, el 29 de marzo empiezan a vacunar de 18 a 50 años, en abril llegan las vacunas que faltan y a fin de mayo terminan con el problema. Los uruguayos tienen suerte. Si Alberto los hubiera ayudado estarían tan en bolas como nosotros.

Idea: podríamos contratar a algún presidente de cualquier otro lado, aunque sea part time, para que se ocupe de las vacunas y otros asuntos menores mientras Tío Alberto se dedica a las cosas importantes como el lawfare, defender a su Majestad Cristina en sus causas penales o ayudar a Maduro en su lucha contra el capitalismo.

Estimado Lacalle Pou: ¿Qué tienes tú que hacer los fines de semana?

Origen:CLARIN