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No tengo ganas de que haya un títere en la Rosada, dijo Fernández el 11 de mayo de 2019.

Antes que nada, vaya una disculpa para el presidente uruguayo Lacalle Pou a quien nuestro Master of Diplomacy Tío Alberto le dijo en el Zoom de mandatarios del Mercosur que “si no le gusta que se bajen del barco, ok?”. No quiero ni pensar lo que debe haber sentido Don Julio María Sanguinetti y, si lo vio desde el cielo, adonde lo habrá mandado Don Raúl Alfonsín.

Por favor queridos hermanos charrúas, compréndanlo. Este muchacho no está pasando por su mejor momento. Anda un poco nervioso y no es para menos. Lo putea Cristina, lo putea Macri, lo putea Hebe de Bonafini, lo putea la izquierda, lo putea la derecha, lo putea la Justicia, lo putea el campo, lo putean los empresarios, lo putean los sindicalistas, lo putea Grabois, lo putea Moreno, lo putea De Vido, lo putea Human Rights Watch, lo putea su socia Losardo, lo putea Berni, lo putea el Instituto Patria, lo putean los medios, lo putea Boudou, lo putea López Obrador, lo putea el presidente de Ecuador, lo putea Bolsonaro, lo putea Piñera, ya prontito lo va a putear Joe Biden, todavía no lo putea Kamala porque no tiene ni idea de quien corno es pero lo putea el FMI, lo putea Diosdado Cabello y lo putea, por ahora en voz baja, la empresa Máximo/Massa Sociedad Anónima. En otras palabras, menos Insfrán y Moyano, lo putean todos.

Para colmo, prometió 40 millones de vacunas para febrero, le mandaron 4 o 5 cajitas para entretenerlo y como eran pocas se las dieron a sus amigos. Dijo que venía a unir a los argentinos y estamos al borde de una guerra de secesión, dijo que le iba devolver el asado al pueblo y no salimos de la polenta, dijo que en cuanto asumiera iba aumentarle a los jubilados y su primer medida fue empeorar la fórmula de movilidad jubilatoria y, desde que arrancó la pandemia, no se privó de destratar a cuanto país mencionó, de Chile a Brasil y de España a Suecia.

En fin, estas son las cosas que pasan cuando sentás en el sillón de Rivadavia a un tipo que estaba sentado en el sillón de La Peluquería de Don Mateo.

Más allá de la ofensa a Lacalle Pou y al pueblo uruguayo, ahora que ya nos fuimos de Occidente y estamos liquidando el Mercosur, vale la pena recordar cuatro frases clave pronunciadas oportunamente por el “presidente” que nos permiten entender mejor la realidad:

1. “No tengo ganas de que haya un títere en la Rosada” (11/05/2019) frase que explica su coraje e independencia.

2. “Cristina y yo somos lo mismo” (18/10/2019) frase que explica sus profundas diferencias.

3. “El gobierno ha vuelto a manos de los argentinos” (30/10/2019) frase que explica su política interior y su visión de la mitad del país que no lo votó.

4. “Ya no lo tengo a Chávez, estoy solo, snif snif…” (27/6/2020) frase que explica su política exterior y donde vamos pidiendo pista.

Son grandes frases que, entre tantas otras genialidades que ha dicho, a veces se pierden. Pero analizadas en profundidad explican casi todo lo que hoy vivimos.

Para aquellos decepcionados por la pérdida de autoridad del “presidente”, no vale el reclamo. Desde el momento en que aceptó compartir la fórmula con la persona que él mismo definió como “organizadora de un plan de encubrimiento presidencial para los criminales de la AMIA”, es porque todas esas cosas que había dicho hasta entonces las consideró archivadas (por enésima vez, ver nota “Hasta que el silencio aturda a la presidenta”, febrero 2015).

De todos modos, digamos las cosas como son: no podemos dejar que maltraten al “presidente” de esta manera. Si lo votamos, ahora hay que bancarlo. Lo lamento, tanto por Cristina que se quiere masticar el Rolex de brillantes por haberlo elegido, como por todos los que se tragaron el cuento de que Alberto era otra cosa. Era esto.

En ese sentido, no estuvo mal la idea de levantarle el ánimo y darle un poco de manija nombrándolo esta semana como presidente del Partido Nacional Justicialista. O sea del peronismo. Acá vale la pena recordar un dato interesante.

El 24 de mayo de 2012, el actual “presidente” fundó su propio partido llamado ParTE (Partido del Trabajo y la Equidad). El presidente del partido era un tal Ferreño, la vice una tal Gil Lozano y el líder político del espacio era el mismísimo Alberto Fernández. En el año 2015, ParTE integró la alianza UNA (Unidos por la Nueva Alternativa) en la que Sergio Massa llevaba la voz cantante con su candidatura presidencial y Alberto llevaba los instrumentos.

Más allá de la orfandad en la que quedó ParTE, es asombroso que un tipo se autoproclame jefe de un partido y dos minutos después termine siendo presidente de otro. Se dirá que son las extravagancias de la política argentina moderna pero es probable que si los viera el General los correría a patadas.

Obviamente, ParTE no arrastraba multitudes pero mínimamente seis o siete afiliados tendría. Y sin dudas, a alguien le mordieron la billetera porque sin guita no hay partido político que pase de una mesa de café. Vaya desde aquí toda nuestra solidaridad con los pobres damnificados del proyecto nacional y popular de ParTE que se quedaron sin su líder y con los que pusieron la mosca que todavía deben estar esperándolo en el bar.

Recomendación: viendo como está la situación del país y la manera en la que Cristina lo trata, si yo fuera el “presidente” no cerraría el ParTE. Nunca se sabe. Siempre es bueno tener un partido de repuesto, por las dudas.

En el medio de todo esto, hay una luz de esperanza. La historia demuestra que la gente cambia y que, con el tiempo, puede mejorar. De hecho, ya que hablamos del “presidente”, él mismo es un buen ejemplo de ello.

Alberto era funcionario del gobierno que en 1990 indultó a Videla, Massera y a todos los genocidas. Sin embargo, cuando los liberaron, él se quedó atornillado a su puesto sin ningún problema. O no leía los diarios y nunca se enteró o se enteró y mucho no le importó. Después fue legislador por el partido de Cavallo en el año 2000 y compañero de lista de Elena Cruz, recordada como una gran comediante pero sobre todo por ser la más famosa reivindicadora de Videla y del proceso militar.

Pasaron los años y ahora da gusto ver como cada 24 de marzo se emociona hasta las lágrimas recordando la lucha por los DDHH. En realidad “recordando” es una manera de decir porque recordar, él no recuerda nada. Se lo contaron. Pero de todos modos, esto demuestra que en la vida se puede mejorar. Igual que Cristina y Parrilli cuando dicen “volvimos mejores”. Es verdad, ya no son aquellos compañeros de indultos y privatizaciones. Son otra cosa. Evolucionaron. Baruj Ashem (nos sumamos así a los festejos de las Pascuas judías).

En los versículos sagrados del dogma kirchnerista, está escrito que Máximo se acercó al lecho de Alberto y le dijo “soy el hijo de Dios”.

Y Alberto abrió los ojos creyendo que su Dios Néstor le enviaba una Cindor con dos bolas de fraile y media docena de medialunas para remojar, pero no. Era su hijo Máximo.

Y Máximo tomó sus manos y lo invitó a levantarse “todavía te quedan dos años y medio, mové querido”.

Y Alberto lo miró y le dijo “tengo los huevos llenos, mi Señor”.

Y Máximo juntó sus manos y mirando hacia arriba pidió “Padre Néstor que estás en los cielos, dale fuerzas a este muchacho, tu humilde servidor”.

Y acariciando las cabezas del fiel Cafiero, del fiel Guzmán, del fiel Dylan y de los otros apóstoles del Cuarto Reinado, Máximo les dijo con voz suave: “vamos a hacer lo que dice Mamu, ¿dale?” Vamos Alberto, levántate y anda. Tu puedes. Si se puede.

Baruj ashem, Jag Sameaj.

Amén.

Alejandro Borensztein

Orige:CLARIN